Francisco pidió “cuidar y amar la vida desde la concepción hasta su fin natural” contra la legalización del aborto y la eutanasia

El papa Francisco pidió hoy cuidar y amar la vida “desde la concepción hasta su fin natural”, ratificando la postura contra la “cultura del descarte” de seres humanos que promueve el liberalismo en sus formas de derecha e izquierda y el rechazo a las legalizaciones del aborto y la eutanasia.

“El amor por los otros no puede ser reservado a momentos excepcionales, sino que debe volverse la constante de nuestra existencia”, subrayó durante la oración del Regina Coeli de este domingo en Plaza San Pedro.

“Los niños por nacer son bienvenidos. La vida siempre debe cuidarse y ser amada desde el momento de la concepción hasta el ocaso natural”, sostuvo Francisco.

En contra de la postura liberal que promueve la eutanasia en el mundo (un nuevo supuesto “derecho” dentro de la cultura del descarte que promueve el liberalismo disfrazado con ropajes de izquierda), Francisco destacó que “a los enfermos, también en su última etapa, debemos darles toda la asistencia posible. Por eso es que estamos llamados, por ejemplo, a custodiar a los ancianos como un tesoro precioso y con amor, incluso si crean problemas económicos y complicaciones”, apuntó desde la ventana del palacio apostólico del Vaticano.

En el prefacio de un nuevo libro que recopila ensayos del anterior papa, Francisco aseguró que las ideologías que buscan desdibujar los géneros tradicionales de hombre y mujer como base de la familia reproductiva y apoyan el aborto son una amenaza para la humanidad: “Todos esos aparentes ‘derechos’ humanos están orientados a la autodestrucción del hombre”.

“Aceptar este reto (…) significa defender la familia”, añade el papa, criticando la “producción planificada y racional de seres humanos” que promueve el capitalismo en esta nueva etapa.

Francisco ya se había expresado sobre este tema en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium de noviembre de 2013:

(213) Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno. La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana, pero si además la miramos desde la fe, «toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre».

También en ese texto pidió ser comprensivo con las mujeres que hayan tenido que padecer esta situación, con una autocrítica hacia posturas de condena fácil del otro:

(214) Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?

Pero remarcó la firme postura sobre la cuestión ética de fondo:

(214) Precisamente porque es una cuestión que hace a la coherencia interna de nuestro mensaje sobre el valor de la persona humana, no debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. Quiero ser completamente honesto al respecto. Éste no es un asunto sujeto a supuestas reformas o «modernizaciones». No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana.

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