Sobre las consecuencias del capitalismo voraz – Parte I – Por Ricardo V. López

Por Ricardo Vicente López

Parte I

El sistema capitalista, pensado solo como un modo de producción de bienes para un mercado ha mostrado, a lo largo de los últimos doscientos años, serios inconvenientes en la satisfacción de las necesidades de todos. No está en discusión su enorme capacidad de producción, lo ha hecho en cantidades como el hombre jamás había conocido. Ha demostrado poder producir en cantidades mayores aún. En este sentido puede afirmarse, sin lugar a dudas, que su capacidad, estrictamente técnica, ha quedado palmariamente establecida. Sin embargo no sólo no ha sabido –no ha podido o no ha querido—distribuir y producir con la misma sabiduría, poniendo como objetivo secundario el lucro, y respetando el cuidado del consumidor. Puede parecer una ingenuidad, pero no debe dejarse de lado.

Para graficar la magnitud del problema podemos leer al Doctor Lester Thurow [1] (1938-2016) escribió, con un cierto aire de profecía, en su libro El futuro del capitalismo (1997):

«Si bien existe una gran incertidumbre acerca del futuro crecimiento demográfico del mundo, hay una total seguridad acerca de los desplazamientos masivos de población que ahora están comenzando a tener lugar desde el Tercer Mundo hacia las naciones del mundo desarrollado. En los años ochenta, ingresaron legalmente a los Estados unidos 7.900.000 personas y otras 7.300.000 en el resto del primer Mundo. En 1992 se calcularon 3.400.000 extranjeros ilegales… viviendo en los Estados Unidos. En la década presente la inmigración se aceleró y, hacia 1995, el 9% de todos los norteamericanos había nacido en  el extranjero… Dentro del Tercer Mundo, millones de personas se están desplazando de países algo más pobres a naciones algo más ricas. Además hay 23.000.000 de refugiados en el mundo. En conjunto, 100 millones de personas viven fuera del país donde nacieron».

Veamos ahora cómo este economista y sociólogo estadounidense percibe este fenómeno, con lo cual demuestra ser capaz de levantar la mirada por encima de los simples “factores de mercado”. Subrayo esto porque no es común entre las personas, miembros del establishment académico, que cultivan esa disciplina en su país, lleguen a estas conclusiones; otro tanto debe ser dicho para nuestro país. Avanza en su análisis:

«Pero lo más importante es que por primera vez en la historia de la humanidad los medios electrónicos han creado un mundo donde, incluso aquellos que viven en las aldeas más primitivas, ven regularmente en la televisión los niveles de vida de los que habitan en las regiones más ricas del globo. El estilo y los niveles de vida de las familias reflejadas en la televisión están muy por encima de los de la familia estadounidense promedio, pero la gente que las observa en la televisión cree que lo que ve existe para el término medio de  los norteamericanos».

Quiero subrayar algo de lo que está diciendo, porque lo hace con mucha honestidad. Tiene un modo muy sutil de denunciar el papel que juega la televisión de su país, a lo que debemos agregar Hollywood, como propaganda política y cultural de las supuestas maravillas de la vida paradisíaca de su país: “los niveles de vida de las familias reflejadas en la televisión están muy por encima de los de la familia estadounidense promedio”. Debo agregar que, al mismo tiempo, ocultan cómo viven los habitantes de los sectores más pobres de su país, las clases medias y medias bajas, que no son mostrados, salvo en producciones del cine under [2].

Sigamos leyendo lo que escribió Thurow a fines de los noventa:

«Nadie puede saber exactamente qué sucederá en nuestra sociedad si la desigualdad  continúa en aumento y una gran mayoría de nuestras familias experimentan una caída de los salarios reales. Pero justo es suponer que si el capitalismo no ofrece salarios reales crecientes para una mayoría de sus participantes, en un período en que la economía se está expandiendo, no mantendrá durante largo tiempo la adhesión de la mayor parte de la población. Del mismo modo, si el proceso político democrático no puede remediar lo que está generando esta realidad capitalista, con el tiempo también se habrá desacreditado. Un gran grupo de votantes con una hostilidad cambiante, que no obtiene beneficio del sistema económico y no cree que el gobierno se preocupe, no es una receta para el éxito político ni económico».

Tal vez, a esta altura de la lectura, convendría volver a decir que Thurow habla de los Estados Unidos, pero sus palabras calzan a la perfección en gran parte del mundo noratlántico. Si utilicé antes el concepto de profecía  creo que ahora, al comparar lo que escribió hace un cuarto de siglo y leer los diarios o ver la televisión de hoy, sabiendo que es mucho lo que no muestran, quedan corroboradas sus palabras. Las diferencias de ingresos que en su país se estaban profundizando, que hoy son ya exponenciales, comparadas con las de los noventa. Se puede comprender con mucha mayor claridad que este capitalismo nació incapacitado para resolver los conflictos sociales que iba a ir creando. La preocupación de Thurow es tan extrema que lo lleva a decir respecto a los acontecimientos e entonces:

«Si bien es de esperar que las emociones que se liberan sean diferentes a las de la ex Yugoslavia, las acusaciones que se hacen actualmente son un eco de las de Yugoslavia. Para ser una “verdadera nación”, los serbios tienen que limpiar sus tierras de croatas, bosnios musulmanes, albaneses y macedonios. Ellos protegen el mundo cristiano de la penetración musulmán pero luchan con el mismo encarnizamiento contra sus condiscípulos cristianos: los croatas».

La comparación no tiene nada de ingenua, anticipa, muy discretamente, el capitalismo del siglo XXI:

«Del mismo modo, los Estados Unidos van a ser limpiados de los pobres, de las madres solteras, los inmigrantes y aquellos que no pueden mantenerse sin la ayuda de la acción afirmativa para convertir a los Estados Unidos en lo que míticamente solía serA nadie debería sorprender que, a medida que la amenaza del socialismo se desvanece, el nivel de desempleo tolerado para combatir la inflación va a aumentar; las desigualdades en el ingreso y la riqueza se amplían rápidamente, y crece el abandono del lumpenproletariado por parte del sistema económico. Estos fueron los problemas del capitalismo cuando nació. Son parte inherente al sistema».

Le pido, amigo lector, que lea con atención lo que dijo este importante académico, de una de las universidades más calificadas de los EEUU: el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), considerada por numerosos rankings como una de las mejores y más prestigiosas universidades a nivel mundial, que ha mantenido durante diez años consecutivos el título de la mejor universidad del mundo según la clasificación mundial de universidades. Si he citado largamente a este investigador es para mostrar que los conflictos del mundo capitalista actual ya se percibían en las investigaciones que realizaban entonces. Es decir que los crujidos de la estructura del sistema ya se estaban detectando, sus denuncias eran advertencias respecto de que ese camino terminaba en el abismo. El establishment estadounidense hizo oídos sordos a todo esto. Y en esa actitud fueron acompañados por las elites mundiales, que se fueron refugiando en los paraísos fiscales. Leamos con atención sus análisis:

«Una economía global crea una desconexión fundamental entre las instituciones políticas nacionales y sus estrategias para controlar los hechos y las fuerzas económicas internacionales que tienen que ser controladas. En lugar de un mundo donde las políticas nacionales orientan a las fuerzas económicas, la economía global crea un mundo en el cual las fuerzas económicas extra-nacionales dictan las políticas económicas nacionales. Con la internacionalización, los gobiernos nacionales pierden muchos de sus recursos tradicionales de control económico».

Es muy interesante y esclarecedor que un investigador de ese nivel haya llegado a estas conclusiones y las haya publicado hace casi un cuarto de siglo. Me pregunto y le pregunto, amigo lector: ¿cómo es posible que, a esta altura de los acontecimientos internacionales, tanto tiempo después de haberse publicado lo que hemos leído, tengamos que oír, leer o mirar, en los medios concentrados, la defensa de doctrinas que ya eran viejas y superadas entonces? Tal vez, la respuesta, un tanto atrevida, puede ser: “los que afirman las cosas que se publican hoy no leen libros de investigadores de reconocimiento internacional. Ud. debe haber recibido afirmaciones que comienzan con: “En ningún país del mundo sucede lo que se pretende hacer aquí”. ¿Es mera ignorancia? Puede ser. Pero yo no descartaría algo de perversión.

[1] Recibió un Ph. D. en Economía de la Universidad de Harvard; fue Profesor y Decano de la Sloan School of Management del MIT.

[2] El cine underground o cine subterráneo hace referencia a las películas que son producidas lejos de la cultura de la corriente principal. Producciones de denuncia política e la otra cara de los EEUU.