La transformación de la persona convertida en mercancía. Parte II – Por Ricardo V. López

La transformación de la persona convertida en mercancía. Parte II

Por Ricardo Vicente López

La importancia de la presencia de la televisión

Continúo con el análisis de la nota anterior, de la entrevista realizada por Julia Goldenberg al profesor François Jost [1], de la Sorbonne Nouvelle-Paris III

La síntesis que se había comentado, puede ser expresada, parafraseando el proverbio chino: «una imagen vale más que mil palabras» [2]… por «un testimonio “televisivo” vale más que mil razonamientos posibles». La televisión ha logrado una revolución epistemológica [3]  quiero decir que ha derrumbado los criterios que fundamentaban la verdad: hoy se construye y se fundamenta en el set televisivo:

«Lo cierto es que desde los años ‘90 el régimen de creencia y de verdad ha cambiado la historia, la sociología, la psicología. Nos habían advertido que hay que desconfiar de los testimonios. La televisión hizo el procedimiento contrario, puso en primer plano al individuo como criterio de verdad. Es decir, un testimonio no puede ser cuestionado y resulta muchas veces más verdadero que cualquier ley. Es decir, los testimonios individuales tienen un carácter único y auténtico. Esto produjo un gran desplazamiento del paradigma de la realidad hacia la verdad de la imagen, porque durante mucho tiempo la verdad se conoció por las estadísticas y procedimientos generales, mientras que ahora el testimonio de un individuo puede tener más peso que cualquier encuesta».

Apareciendo lentamente desde los comienzos del siglo XX, el mundo de la imagen fue replanteándose a sí mismo en un proceso indetenible que encontró en la televisión una meta necesaria para proponer lo nuevo: la verdad está en la pantalla de la televisión:

«Cuando una cadena televisiva afirma que un testimonio es auténtico se apela a cualquier persona para que brinde su testimonio. Se toman casos particulares para dar testimonio sobre temas de interés general, por ejemplo, del desempleo. Por lo tanto, en el fondo tampoco importa el individuo en particular, sino que su palabra representa en mejor medida al común de las personas que las estadísticas. Entonces se producen aberraciones tales como “el desempleo es brutal en nuestro país” solamente porque se trasmite en la televisión el testimonio de una persona diciendo que no tiene trabajo. Supongo que en Argentina también tienen esos testimonios que consisten en interpelar a cualquiera en la calle para saber “qué piensa la gente” sobre lo que dijo tal o cual ministro. Estos testimonios proceden de una forma directa buscando cierta identificación inmediata en el espectador porque apelan a lo sentimental».

La investigación desarrollada por el profesor François Jost muestra las transformaciones de la sociedad del espectáculo y el papel central de la televisión en las modificaciones que va padeciendo la conciencia colectiva de este tipo de sociedad:

«Lo cierto es que desde hace veinte años aproximadamente la televisión, gracias al reality-show, pretende tener un lugar que ya no es de mediador sino de actor. Había muchas emisiones, en especial en los años ’90, donde una persona que había desaparecido era buscada por los medios televisivos. Lo que se sobreentiende es que la policía y el gobierno fueron incapaces de hacer su trabajo, entonces la televisión va a hacerlo. Tuvimos un programa llamado “Testigo número 1” que pretendía darles voz a las personas que habían quedado disconformes frente a determinados fallos judiciales. Estas personas consideraban que el procedimiento había sido injusto, entonces la televisión, desde un lugar “comprensivo”, otorgaba la palabra a estos testimonios. La televisión entonces tiene un discurso que señala que los políticos son incapaces de hacer correctamente su trabajo, de modo que la televisión es el recurso directo para la expresión ciudadana. Este procedimiento es absolutamente populista, porque sostiene la idea de que la política no sirve para nada».

Si se han entendido los pasos propuestos para pensar el oficio del señor Durán Barba, podemos sacar algunas conclusiones. Este minúsculo investigador usufructúa, con alguna habilidad, el marco cultural que se ha ido estructurando a lo largo de las últimas décadas. Es un alumno medio de los postulados básicos del marketing político: convertir la política en mercancía y venderla con las mismas técnicas con las cuales se vende todo. Si todo es mercancía, todo es vendible mediante técnicas de valor universal, desde un chupetín hasta la imagen de un candidato (Recordemos el “Alika-alikate, votame-votate” y tendremos una muestra de lo efímero de esas técnicas, pero no menos eficaces en un momento preciso).

Intentando dar el señor Durán Barba “una definición de sus sesudos análisis”, escribió una nota en el diario Perfil (16-11-2013), en la cual habla de sus investigaciones:

«En La personalidad Autoritaria, Theodor Adorno [4] (1903-1969) trató de encontrar explicaciones a por qué los alemanes eligieron y apoyaron masivamente a Hitler. Cuando lo leí, estaba estudiando en la Fundación Bariloche, se imponía un modelo autoritario en Argentina y los 27 de febrero compartía el nerviosismo de quienes pertenecíamos a una institución vinculada a la comunidad, cuando los nazis de la ciudad celebraban el aniversario de la toma del Bundestag. De allí nació mi pasión por estudiar el autoritarismo, y mi admiración por Primo Levi, Hannah Arendt y una sección con más de dos centenares de libros en mi biblioteca».

Concluye, como justificación y exhibición de su capacidad erudita de investigador y de su interés sólo científico en el proceso nazi:

«Nada apoyó la disparatada idea del origen común de la tal raza aria. Inspirados en estas supersticiones, los nazis asesinaron a millones de judíos, gitanos y miembros de otras razas a las que consideraban inferiores. Un gobierno que surgió de las urnas, con el apoyo masivo de su pueblo fue, al mismo tiempo, uno de los más sangrientos y demenciales de la historia.

El doctor Alejandro Horowicz [5] (1949), profesor titular de Los Cambios en el Sistema Político Mundial, en la Facultad de Sociología (UBA) ha salido al cruce de tanto ruido mediático, de tanta charlatanería, respecto de los dichos de “este señor”, con un artículo (Info News, 18-11-13) en el que señala la hipocresía por tanto comentario. Dado que el pensamiento de este publicista ha dicho, escrito y publicado todo lo que piensa sin pudor alguno, ¿por qué, entonces, tanto revuelo, qué hay de novedoso? Es que para muchos periodistas el señor Durán Barba es una mercancía fácilmente vendible. El Profesor Horowicz dice:

«Los expertos en comunicación se lo explican pedagógicamente a sus eventuales “clientes“: “no se trata de lo que se piensa, se trata de lo que se dice o lo que se debe callar para ganar”. Los gestos vacuos ocupan toda la escena, los otros quedan para los suicidios discursivos, cuando la fobia impide entender qué “conviene”, o para los que creen que están más allá de esta sencilla pero estricta regla. Esto no lo ignora casi nadie en el mundillo de la comunicación política, y todos actúan en consecuencia. La pregunta es otra: ¿qué vale ese rechazo? Durán Barba destacó en sus artículos del diario Perfil, en su libro, y en un reportaje a la revista Noticias, la importancia de Hitler. Recordó que ganó democráticamente las elecciones de 1933, y esto ya no lo dice Durán pero conviene retenerlo: la compacta mayoría lo respaldó hasta las últimas horas del ’45 en el búnker berlinés».

Como prueba de las formas hipócritas de las declaraciones de “este señor”, y para volver sobre hechos que muchos de los indignados olvidan, dentro de un marco que está signado por una consigna que gran parte respalda “de eso no se habla”. Por tal razón, Horowicz dice que hay que recordar este capítulo de la historia:

«El 13 de mayo de 1939, el transatlántico alemán St. Louis partió desde Hamburgo (Alemania) hacia La Habana (Cuba). A bordo viajaban 937 pasajeros, mayoritariamente judíos alemanes que huían del Tercer Reich. Habían solicitado visados para los Estados Unidos y tenían planeado permanecer transitoriamente en Cuba. Desde la Kristallnacht (la noche de los cristales rotos – 9 y 10 de noviembre de 1938), los nazis habían intensificado el ritmo de la emigración forzada de judíos. Joseph Goebbels esperaba, junto al resto de la jerarquía nazi, que la negativa de otros países a admitirlos contribuyera a la realización de los objetivos antisemitas del régimen».

La conveniencia de hablar o callar, hablar a media voz como para ser de la partida pero no tanto, es parte de lo que el investigador Durán Barba enseña a sus clientes, aconseja a sus candidatos, y cuando debe combatir en la arena política, no conoce armas despreciables ni métodos rechazables, como comenta en sus libros.

Horowicz cierra con esta afirmación, reivindicadora da la Política (con mayúscula):

«Es mucho más grave haber convertido la ciencia de la polis (política) como un ejercicio del bien común —que proponían Platón, Aristóteles, santo Tomás de Aquino, entre otros, y que recoge toda la tradición judeocristiana— en un ejercicio de técnicas de marketing para la colocación de un nuevo producto en el mercado político: un candidato. Bastardear ese legado de la cultura occidental, vaciarlo de contenido ético, reducirlo a una mera competencia, a mercancía, en la que se premia al que llega a la meta con más votos, sin importar cómo se los recolecte, es, aunque parezca exagerado un delito de lesa humanidad».

[1] Semiólogo francés, profesor emérito de ciencias de la información y la comunicación en la Universidad Sorbonne-Nouvelle; dirigió el laboratorio de Comunicación de Información de Medios.

[2] La metáfora tiene en su origen chino un sentido que se nos escapa, porque el idioma chino no utiliza palabras, intenta decir que una sola imagen puede transmitir ideas complejas, un significado, o la esencia de algo de manera más efectiva que una mera descripción verbal o textual.

[3] Epistemología es la rama de la filosofía que estudia el conocimiento científico, su naturaleza, posibilidad, alcance y fundamentos.

[4] Fue un filósofo alemán que escribió sobre sociología, comunicología y psicología. Se le considera uno de los máximos representantes de la Escuela de Fráncfort y de la teoría crítica de inspiración marxista.

[5] Es un ensayista, periodista, doctor en ciencias sociales y profesor universitario argentino.