La izquierda caniche ahora llama “transfóbicas” a las feministas que ya no le sirven – Por Juan Manuel de Prada

Por Juan Manuel de Prada

Un conocido prohombre o prehombre de la izquierda caniche ha llamado «basura tránsfoba» a las feministas que se manifestaron el otro día contra las leyes aberrantes promovidas por el sedicente Ministerio de Igualdad. En su desaforado empeño por atender las consignas plutocráticas que postulan la disolución antropológica para lograr la desactivación de cualquier resistencia política, estos prehombres de la izquierda caniche no tienen empacho en estigmatizar a las mujeres que hasta ayer mismo les confiaron su voto. Están tan desesperados que han decidido morir matando; y mientras obedecen las consignas plutocráticas azuzan contra las feministas el odio irracional de la peor chusma, para que las amenacen y acosen en las calles y en las redes, para que las vilipendien y agredan. Aunque son lacayos de la plutocracia (o tal vez por ello), estos prehombres de la izquierda caniche siguen empleando las más repugnantes técnicas chequistas de señalamiento y demonización del disidente.

Hasta ayer mismo, estas feministas hoy calumniadas fueron halagadas por los prehombres de la izquierda caniche, que pensaron que podían utilizarlas para crear la división en los pueblos que la plutocracia requiere para ejecutar su agenda. Y seguirían siendo halagadas si se hubiesen conformado con disfrutar de las subvenciones y bicocas varias que se reparten desde el poder (como hacen, por cierto, otras feministas aprovechateguis). Pero esas mujeres decidieron renunciar al aplauso sistémico, rechazaron las golosinas con que la izquierda caniche pretendía engatusarlas, arrostraron el desprestigio y las acusaciones más delirantes (pienso en viejas luchadoras como Lidia Falcón, pero también en jóvenes como Paula Fraga, que han cambiado heroicamente un camino de rosas por un camino de abrojos) porque no estaban dispuestas a comulgar con dislates como la llamada «autodeterminación de género», porque no estaban dispuestas a negar la realidad biológica ni a humillar su racionalidad.

Con estas mujeres podemos mantener, desde luego, muchas discrepancias. Pero quienes son capaces de renunciar a las bendiciones sistémicas y afrontar sus anatemas y difamaciones, por mantenerse fieles a un puñado de elementales verdades antropológicas que hoy se han convertido en un tabú, merecen nuestro reconocimiento. Mientras la izquierda caniche defiende el transgenerismo y llama «trabajadoras sexuales» a las víctimas de los proxenetas, mientras favorece la pornografía o la explotación reproductiva de las mujeres, mientras aplaude la corrupción de menores y su sometimiento a terapias dañinas, mientras normaliza las parafilias masculinas más abyectas y misóginas mediante la coartada del ‘genero fluido’, estas mujeres están manteniendo encendida la llama de la cordura y la dignidad humana. Nos están recordando que ser mujer no es un ‘sentimiento’, ni siquiera una ‘identidad’, sino una realidad biológica. No son ‘basura tránsfoba’, sino una heroica llama de luz que exorciza las tinieblas.