
Cientos de miles de personas desafiaron la intensa lluvia de este miércoles para reclamar que el presidente Javier Milei cumpla con la Ley de Financiamiento Universitario y pague lo adeudado a las casas de altos estudios. La respuesta del Gobierno no fue el diálogo ni el acatamiento a la norma, sino una fuerte represión con gases lacrimógenos y carros hidrantes que generó corridas, asfixia y un clima de violencia innecesario.
La protesta, que también sumó a jubilados y a personas con discapacidad —sectores duramente golpeados por el ajuste—, buscó visibilizar el incumplimiento sistemático del Ejecutivo. Antes incluso de que comenzara el acto central, las fuerzas de seguridad ya habían desplegado una dura represión. Mientras periodistas afines al oficialismo viralizaban imágenes de personas rompiendo un banco de cemento con una masa, los manifestantes denunciaban que se trataba de infiltrados destinados a ensuciar una movilización pacífica y multitudinaria. Al final de la jornada, las corridas volvieron a repetirse.
Entre la multitud, las historias personales expusieron el costo real de las políticas de ajuste. Natalia, de 49 años y con 37 en la industria del calzado, llegó con una bandera argentina que rezaba “La industria agoniza”. Su fábrica, Calzados Gambitas, está parada desde hace 15 días y asegura que el 90% del sector atraviesa la misma crisis, agravada por las importaciones y un contrabando que convierte a las fronteras en “un colador”. “Decidimos venir a apoyar la universidad porque los chicos son el futuro. Y nuestros trabajadores son los padres y madres de estos pibes”, explicó en un testimonio recogido por el medio local LaPolíticaOnline.
Cristina, que trabaja con personas con discapacidad, viajó desde Don Torcuato junto a su hijo Bauti de 11 años. “Los chicos están para atrás”, resumió sobre el recorte de prestaciones. El niño sostenía un cartel que decía “El país no se usa ni se vende”, mientras ella mostraba otro con un dibujo de Mafalda: “De tanto ahorrar en Educación nos hemos vuelto millonarios en la ignorancia”.
Nicolás, estudiante de Comunicación Social en la UNQUI y locutor, fue más directo: “¿Y si usan la guita del operativo para pagarle a los docentes y jubilados?”. Un grupo de jóvenes cantaba mientras se alejaba de la Plaza: “Qué feo debe ser / pegarle a un jubilado / para poder comer”.
Los carteles también reflejaron la bronca acumulada: “Gatito mimoso del poder económico” (con una imagen de Trump acariciando a un Milei felino), “Eso de que los pobres no llegan a la universidad no es un diagnóstico, es un plan del gobierno” y “Que haya universidad para el pueblo y que no haya paz para el gobierno”.
La Justicia ya le ordenó al Ejecutivo pagar “de inmediato” a las universidades, pero el Gobierno anunció que apelará el fallo. Mientras tanto, prefiere gastar recursos en operativos represivos antes que cumplir con una ley que garantiza el financiamiento educativo.
