Páginas sueltas para pensar Humana-mente – Por Ricardo Vicente López

1.- Páginas sueltas para pensar Humana-mente

Por Ricardo Vicente López

Soy hombre y nada de lo humano me es ajeno
Publio Terencio – siglo II a. C.

Parte primera

I.-Para ir acercándonos al problema humano le voy a proponer, amigo lector, un comentario introductorio. En nuestro camino, que se dirige a profundizar y otorgarle al concepto de lo humano un contenido más sólido y sustentable, así como más claro y abarcador. Para ello debemos prepararnos para revisar los contenidos con los cuales ha sido equipada, sepámoslo o no, nuestra conciencia durante nuestra vida en una sociedad. Por ello se hace imperioso zarandearla para alivianarla, para hacerla más ágil y manejable; sin olvidar la cantidad de pre-juicios que nunca hemos revisado. Todo ello se fue acumulando a lo largo de la historia de vida de cada uno de nosotros dada nuestra naturaleza esencial de ser persona. Dedicados a esa tarea vamos a sorprendernos de tanta hojarasca que “nuestra educación” y “los medios de información concentrados” han acumulado en ella.

Esta depuración es un paso imprescindible para abrir espacios en los que podamos incorporar conscientemente la vieja sabiduría de dos herencias fundantes: la hebrea-cristiana y la greco-latina – esto sólo para los que pertenecemos a la cultura occidental— que está transitando hoy la etapa final en plena descomposición.

Es probable que a usted le llame la atención este requisito, no porque no conozca la existencia de todo ello, sino porque ha quedado colocado como condición del cimiento del edificio de la Modernidad. Tema que voy a abordar después de la tarea de limpieza que le propongo. La cultura occidental es hoy, para la mayoría de nosotros, una droga que ha invadido gran parte de la vida cultural y ha impregnado nuestra personalidad saturándola con valores enunciados e incumplidos: lo cual supone una hipocresía colectiva que algunos practican y otros, la gran mayoría, padecemos.

Es un óxido que cubre con una capa casi impenetrable los depósitos en los que se fueron acumulando los viejos pergaminos en los que hemos leído y a los que les debemos gran parte de lo que somos. Podemos encontrar allí las viejas promesas del despertar de los siglos XVI al XVIII que encendieron el alma de la vieja Europa al ver flamear en las banderas con el anuncio de una etapa naciente que prometía la libertad, la igualdad y la fraternidad, gran parte de ello nunca cumplido:

«”Libertad, Igualdad, Fraternidad» es el lema de la República Francesa, que resume ideales de la Ilustración de esa Revolución: la Libertad (derechos civiles y políticos), la Igualdad (ante la ley y en derechos sociales) y la Fraternidad (solidaridad y deber moral de ayudarnos mutuamente como hermanos): contenía todo ello promesas de una sociedad justa donde todos serían libres, iguales en derechos y unidos por lazos de hermandad. Todo ello influyó en la Declaración Universal de los Derechos Humanos».

Amigo lector, después de leer esta definición de la Modernidad, le y me, pregunto: ¿Ud. recuerda o conoce algún período de la historia en el cual estos valores se los puedan detectar; por lo menos, solo en parte. A esto debemos adicionarles las transformaciones que las Revoluciones Industriales en el periodo 1820-1914, para aquella vieja Europa se presentó sólo para una parte mínima de la población y ofreciendo un cuadro de miserias extremas, para el resto –sin contar toda la periferia-. Se puede sintetizar con dos frases las consecuencias sociales: La burguesía se consolidó como la clase dominante al poseer el capital y los medios de producción (fábricas y máquinas); el proletariado fue una nueva clase formada por una masa urbana de trabajadores empobrecidos que vendía su fuerza de trabajo a cambio de un salario miserable:

«Las consecuencias sociales del capitalismo incluyen desigualdad económica (brecha rico-pobre), competencia excesiva que debilita la solidaridad, consumismo, alienación laboral y problemas de salud mental por la presión constante, además de generar marginación y pobreza para los grupos vulnerables y crisis cíclicas de desempleo, impactando la cohesión social y fomentando conflictos y demandas de cambio de sistema».

II.- Este cuadro social, para mantener la gobernalidad, como se dijo entonces, requería de nuevas técnicas de control y manipulación de la opinión pública [1]. El instrumental que la investigación aportó para el logro de esos objetivos, entre otros, fue la prensa concentrada en manos de las multinacionales. El estilo informativo de ese mal periodismo, al que nos han tenido acostumbrado esos medios, encubre propósitos inconfesables. Como una guía de ayuda le sugiero leer en mi página [2].

Le propongo ahora una descripción que desarrollaré más adelante. Información significa que ese modelo, una voz casi única con pequeñas variaciones, solo nos dice: “sucedió tal cosa, en tal lugar…”, descripción efímera cuyo valor esencial es la primicia, es decir publicar antes que otros algo que el poco tiempo disponible ha impedido verificarlo debidamente, por lo cual no contiene nada de valor que informe con seriedad. Por lo cual su valor dura el poco tiempo que media hasta que la próxima lo refute. Esto no exige ningún esfuerzo de pensamiento; por el contrario, acostumbra a su público a consumir un periodismo denigrado por el chisme y la mentira o la falsedad, que les otorga de vida corta.

Las “supuestas verdades” duran veinticuatro horas, a veces poco más, hasta que otras las reemplacen. Estos modos de informar adoctrina al ciudadano de a pie a pensar superficialmente, a satisfacer su curiosidad con una información superficial.

Sus contenidos, por regla general, es simple, lineal, vano y no aporta ninguna reflexión; es más, ni siquiera la necesita, por lo general la rechaza, porque su contenido es muy pobre, porque su misión es entretener. Lo más importante a detectar es que esto no es una carencia, sino un propósito de no dar lugar a la posibilidad de un pensamiento crítico. El pensamiento lineal que supone ese modelo es el más obstinado enemigo de lo humano.

Por esta razón lo que le propongo, amigo lector, es pensar lo qué nos dicen, o leemos: ¿Para qué nos lo dicen, a qué responde esa información, etc.… es una tarea que consiste en descorrer el telón que oculta todo lo que distorsiona, no está dicho u oculta con la simple descripción o con lo que ella deforma.

El concepto de lo humano está enterrado bajo toneladas de palabras que sólo sirven para enturbiar nuestra mirada, para ocultar la verdad. Por ello Ud. puede sorprenderse con esta propuesta, y preguntarse ¿A dónde nos lleva todo esto? Le responderé: quiero ayudar a construir, en cada uno de nosotros, un ciudadano crítico, comprometido en la construcción de una sociedad equitativa, sin exclusiones, para todos y todas y, como dice nuestra Constitución Nacional: «para todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar en el suelo argentino».

Agregaré algunas palabras más, para dar una breve explicación del título de estas páginas, un tema que desarrollaré también más adelante. Responderé qué intento proponer una referencia a la situación de la condición humana en un mundo en el que se vive sometido a la globalización financiera que implementa un salvaje desprecio por todo lo relacionado con lo humano.

Debo agregar un comentario sobre una expresión que utilizo habitualmente“: el ciudadano de a pie” [3], en reemplazo del concepto “gente” – impuesto por los medios para referirse a un conjunto mediatizado, masificado, anónimo e indefinido —que deshumaniza, despersonaliza al conjunto de personas al que hace referencia. El problema habitual es cómo se habla o se escribe, a veces, “en lenguaje presuntuoso” para parecer más cultos.

Quiero definir con claridad aquello que la información pública descuida, oculta, o encubre, que es una situación que debería ser escandalosa e inaceptable, sin embargo, no se a publica o se la disfraza, en el mejor de los casos, sólo como una noticia más: así se presenta la miseria en la que viven millones de personas, como un simple accidente en la sociedad. Esto muestra la otra cara de lo que intento pensar con el modo “humana mente”. Propongo, para ello, leer una síntesis del último informe publicado por Oxfam Internacional- 21 enero 2019, que es el que tengo a mano, información que rara vez aparece en los medios salvo en algunos que son marginales al sistema.

Creo necesario dar alguna descripción sobre una importante institución, ausente, o desconocida, no casualmente, en las páginas de los grandes medios:

«Oxfam es una confederación internacional formada por 17 organizaciones nacionales no-gubernamentales que realizan labores humanitarias en 90 países. Su lema es «trabajar con otros para combatir la pobreza y el sufrimiento«. Fue fundada, originariamente en Oxford (Inglaterra) en 1942 durante la II Guerra Mundial, para luchar contra el hambre atroz que se vivía en esos momentos, de ahí su nombre: «Comité de Oxford para ayudar a la hambruna» por un grupo de activistas sociales, y de académicos de la Universidad de Oxford. La institución sostiene que la pobreza y la impotencia son evitables y pueden ser eliminados por la acción humana y la voluntad política. Elabora un informe anual muy esperado y respetado. (Continuará)

1 Se puede consultar mi nota Capitalismo salvaje y la opinión pública en www.ricardovicentelopez.com.ar.

2 En la misma página se puede leer El control de la opinión pública.

3 Se refiere a la persona común, normal y corriente, que no tiene privilegios, fama ni una posición social elevada; es el ciudadano medio, el «hombre de la calle» que vive el día a día sin lujos, con problemas cotidianos y que no pertenece a la élite política o económica.

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