<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Platón &#8211; KontraInfo</title>
	<atom:link href="https://kontrainfo.com/tag/platon/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://kontrainfo.com</link>
	<description>Portal de contrainformación y geopolítica</description>
	<lastBuildDate>Sun, 02 Apr 2023 05:28:01 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=7.1.4</generator>

<image>
	<url>https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2018/01/FaviconKontraInfo2018-70x70.png</url>
	<title>Platón &#8211; KontraInfo</title>
	<link>https://kontrainfo.com</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Pienso, luego… critico. Parte II &#8211; Por Ricardo Vicente López</title>
		<link>https://kontrainfo.com/pienso-luego-critico-parte-ii-por-ricardo-vicente-lopez/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[KontraInfo / RVL]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 02 Apr 2023 05:28:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna de Ricardo V. López]]></category>
		<category><![CDATA[Aristóteles]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía popular]]></category>
		<category><![CDATA[Platón]]></category>
		<category><![CDATA[Sócrates]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://kontrainfo.com/?p=30750</guid>

					<description><![CDATA[Por Ricardo Vicente López Parte II Reflexiones sobre las formas del conocimiento como verdades dogmáticas, y de la necesidad de un pensamiento crítico III &#8211; La necesidad de asombrarse Curiosidad&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-30759" src="https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2023/03/platon-aristoteles-1.jpg" alt="" width="748" height="421" srcset="https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2023/03/platon-aristoteles-1.jpg 748w, https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2023/03/platon-aristoteles-1-640x360.jpg 640w" sizes="(max-width: 748px) 100vw, 748px" /></p>
<p><em><strong>Por Ricardo Vicente López</strong></em></p>
<p><strong>Parte II</strong><br />
<em><br />
Reflexiones sobre las formas del conocimiento como verdades dogmáticas, y de la necesidad de un pensamiento crítico</em></p>
<p><em>III &#8211; La necesidad de asombrarse</em></p>
<p style="text-align: right;">Curiosidad coqueteó con el apuesto y enigmático caballero don Asombro. Se habían conocido tiempo atrás; Cupido los flechó y se enamoraron perdidamente. No pudieron contener el pulso de su amor y al cabo de un tiempo, nacía una hermosa niña llamada <em>Filosofía</em>.<br />
-José Manuel Silvero (1975) [<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>]</p>
<p>Dije antes que la filosofía había nacido en la Grecia Clásica y que sus primeros filósofos habían descubierto que el buen pensamiento se ejerce a partir de preguntas bien formuladas, que ellas aparecen cuando el alma está en un <em>estado predispuesto al asombro</em> [<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>]. Se podría afirmar, entonces, que <em>el asombro es el resultado del reconocimiento de nuestra ignorancia</em>, de lo cual se desprende el despertar a la necesidad del saber. Precisamente fueron Platón y Aristóteles [<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>] los que definieron que «<em>el origen de la filosofía es el asombro</em>». Por ello debemos reparar en una condición opuesta, muy en boga en el <em>ciudadano de a pie </em>de estos tiempos, y no por su culpa. Se caracteriza por encontrar todo (o casi todo «normal» – “siempre fue así”). Su respuesta se sintetiza en considerar que gran parte de esas cosas, sean cuales fueren, <em>son obvias</em> [<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>]: esta palabra sintetiza las respuestas ante gran parte del acontecer diario. Lo caracteriza la actitud de aceptar todo ello <em>como lo ya sabido,</em> o como que <em>no está tan mal</em>, o que <em>nada ha cambiado</em>. Esta <em>condición mental crea una dura barrera para el pensamiento crítico</em>.</p>
<p>Quienes así transiten por la vida nunca se sentirán atraídos por <em>la aventura del saber</em>, dicho de otro modo, <em>nunca llegarán a ser filósofos</em>. Lo ya afirmado puede ser rechazado por Ud. amigo lector desprevenido, que podría reprocharme: “<em>yo no pretendo ser filósofo</em>”. Le contesto que, <em>de un modo potencial, filósofos somos todos</em>, aun sin saberlo, puesto que la mayor cantidad de dificultades que nos presenta la vida son problemas de orden filosófico. Por ello no debemos repetir la famosa experiencia del personaje de <em>El burgués gentilhombre</em> de Moliere [<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>] (1622-1673) quien “<em>un día descubrió que hablaba en prosa</em>”. Enrique Dussel [<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>] describe la actitud de esas <em>personas que pasan por la vida, no la viven la sobrevuelan la vida:</em></p>
<p>«Es siempre así, y ha sido siempre así, lo más habitual, lo que “llevamos puesto”, por ser cotidiano y vulgar, no llega nunca a ser objeto de nuestra preocupación, de nuestra ocupación. Es todo aquello que por aceptarlo todos pareciera no existir; a tal grado es evidente que por ello mismo se oculta».</p>
<p>Pero, siglos de dominio de ese modo de pensar, como consecuencia de los que se encerraron en sus cúpulas de cristal, convencieron al resto que <em>la filosofía era un tema difícil</em>: con el propósito claro, aunque en algunos inconscientes, de excluirlos de esa ocupación y atribuirse a sí mismos esa especialidad.</p>
<p>Sin embargo sabemos que Sócrates, quien nunca escribió nada, sostenía que la enseñanza se incorpora presencialmente, en una relación <em>cara a cara:</em> en esta relación la pregunta adquiere un valor superior dentro del diálogo. Él <em>no enseñaba filosofía, enseñaba a filosofar</em>, es decir a pensar ordenada y sistemáticamente: preguntando y repreguntando, buscando la raíz de cada palabra para ser utilizada con precisión, favoreciendo una circulación de ideas sólidas y fundamentales. Y esta tarea la desarrollaba en las calles de Atenas, en las plazas públicas, ante quienes quisieran escucharlo. Para ello desarrolló una metodología para transmitir esta cosmovisión a los demás.</p>
<p>Todo lo que sabemos de él es por lo que alguno de sus discípulos nos ha dejado escrito, especialmente Platón. A pesar de ello, Sócrates ha influido y sigue influyendo en el devenir filosófico de la humanidad, en la cosmovisión y en el fundamento de todas las artes y ciencias contemporáneas.</p>
<p>IV.- <em>Sencillo pero no obvio</em></p>
<p style="text-align: right;">«Las ovejas pasan su vida temiendo al lobo, pero acaban siendo devoradas por el pastor».<br />
-Proverbio popular</p>
<p>Retomemos esta frase: «Sócrates <em>no enseñaba filosofía, enseñaba a filosofar»</em>, es decir a pensar ordenada y sistemáticamente; buscando la raíz de cada palabra para ser utilizada con precisión, favoreciendo una circulación de ideas sólidas y fundamentales. Es decir, la filosofía, de este modo,<em> podía estar al alcance del más simple de los humanos si se disponían a escuchar y aprender; y no dejar de preguntar por lo que no había comprendido</em>.</p>
<p>Nuestro filósofo de barrio: Discepolín [<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>] (1901-1951), un discípulo popular, a la distancia, de aquel ateniense. Por ello puede decir, con la <em>irreverencia socrática del sabio</em>: «En tu mezcla milagrosa de sabiondos y suicidas yo aprendí filosofía, dados, timba y la poesía cruel, de no pensar más en mí».</p>
<p>Entonces, <em>la filosofía de la vida</em> se puede aprender también, y tal vez, fundamentalmente, como comenta nuestro filósofo de barrio, <em>en un café de Buenos Aires</em>  donde: «como una escuela de todas las cosas, ya de muchacho me diste, <em>entre asombros</em>, la fe en mis sueños y <em>una esperanza de amor</em>». Si nos dejamos llevar por la metáfora advertimos que <em>El café es el de los “angelitos”</em> [<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>], puede llegar a funcionar como una reconstrucción popular de la <em>Polis ateniense</em>, en la cual se pueden encontrar esos seres celestiales que habitan un espacio que está más allá de la cruda realidad terrena. Y aquí nos encontramos con la etimología de una palabra que acuñó Aristóteles: la <em>metafísica</em> (meta=más allá; physis=naturaleza), es decir lo que está más allá de la realidad natural, inmediata, pero que puede ser pensada, de todos modos, a partir de <em>arrojar sobre ella nuestras preguntas</em>.</p>
<p>Este espacio que está más allá (una más allá que es también un más acá) nos remite a otro modo de pensar, que no parte exclusivamente de la realidad física (physis); que se eleva, con una mirada más amplia y más profunda. Este es el tema que trata Aristóteles en el libro de la <em>Metafísica</em>, palabra que se ha hecho universal. Es ese saber de un más allá, que por ser tal nos llena de <em>asombro</em>, y que, al mismo tiempo, nos ilumina este más acá con la reflexión que lo incorpora en la filosofía. Desde ese <em>más allá</em> el <em>más acá</em> se torna más comprensible, aunque requiera algo de ese esfuerzo que es el <em>ejercicio del preguntar</em>.</p>
<p>A partir de ello, <em>pensar es un tomar distancia de la inmediatez</em>  que, tantas veces, nos ciega. El viejo refrán español advertía: “<em>Que el árbol no te impida ver el bosque</em>”. Nos habla de la necesidad de colocarnos en la perspectiva necesaria para que lo mirado pueda mostrarnos todo lo que contiene, sin confundirnos entre las apariencias. Por ello, ese reclamo de la metafísica de mirar desde <em>ese más allá</em>, <em>no debe ser interpretado como una región de pura idealidades inalcanzables</em>.</p>
<p><em>Es la posibilidad de acceder a la mayor amplitud del abanico que nos abre la capacidad de preguntar</em>, gracias a la cual estamos en mejores condiciones de comenzar la elaboración de respuestas sobre los fenómenos que se nos presentan. Estos fenómenos pueden tener una explicación posible y una respuesta a las innumerables preguntas que, habitualmente, circulan por nuestra mente. Es, entonces, cuando iniciamos <em>la liberación de la mayor cantidad de los pre-juicios</em> (los juicios previos que nos impone el modo del saber chato e inmediatista, típico de nuestra cultura global).</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Columnista de filosofía y educación de Ciencia del Sur. Es filósofo y catedrático de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Está doctorado en filosofía por la Universidad de Oviedo, España, y tiene estancias posdoctorales en la Universidad de Lisboa (Portugal).</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> La palabra asombro tiene el significado de «admiración o sorpresa» y viene del verbo asombrar y este de sombra. Emoción de sorpresa, maravilla o admiración ante algo fuera de lo común.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Platón (428– 347 a. C.) fue un filósofo griego, alumno de Sócrates (470-399) y, a su vez, maestro de Aristóteles (384-322 a. C.)</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Que se encuentra o está delante de los ojos; muy claro o que no presenta dificultad alguna para su  comprensión. Evita, rehúye, aparta y quita de en medio todo obstáculos o inconvenientes.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Dramaturgo, actor y poeta francés, ampliamente considerado como uno de los mejores escritores de la lengua francesa y la literatura universal.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Enrique Dussel, académico, filósofo, historiador y teólogo argentino.</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Enrique Santos Discépolo fue un compositor, músico, dramaturgo y cineasta argentino. También era conocido como Discepolín. Puede consultarse en la página <a href="http://www.ricardovicentelopez.com.ar">www.ricardovicentelopez.com.ar</a> – Sección Biblioteca – mi trabajo <em>Un filósofo de barrio.</em></p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> El Café de los Angelitos es un café de tango histórico de la Ciudad de Buenos Aires, ubicado en la esquina de la Avenida Rivadavia y Rincón, en el barrio de Balvanera.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Los dichos de un tal Sócrates. Parte II &#8211; Por Ricardo Vicente López</title>
		<link>https://kontrainfo.com/los-dichos-de-un-tal-socrates-parte-ii-por-ricardo-vicente-lopez/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[KontraInfo / RVL]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 18 Dec 2022 05:35:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna de Ricardo V. López]]></category>
		<category><![CDATA[Platón]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo Vicente López]]></category>
		<category><![CDATA[Sócrates]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://kontrainfo.com/?p=30037</guid>

					<description><![CDATA[Por Ricardo Vicente López Revisemos el relato propuesto por Platón, en su libro República, y hagamos el ejercicio de ponerlo en paralelo con el mundo de hoy, en un juego&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-30057" src="https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2022/12/socrates2.jpg" alt="" width="748" height="421" srcset="https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2022/12/socrates2.jpg 748w, https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2022/12/socrates2-640x360.jpg 640w" sizes="(max-width: 748px) 100vw, 748px" /></p>
<p><em><strong>Por Ricardo Vicente López</strong></em></p>
<p>Revisemos el relato propuesto por Platón, en su libro <em>República</em>, y hagamos el ejercicio de ponerlo en paralelo con el mundo de hoy, en un juego de espejos que se enfrentan. La reflexión sobre la que avanza el presentador de este relato: Sócrates (en la ficción puesto que ya había sido ejecutado, en un tiempo anterior a este escrito). El relator aparece como alguien que ilumina todo con su sabiduría. Creo que nos abrirá una puerta para iniciar un camino de comprensión respecto del fenómeno social analizado en sus complejidades: un mecanismo oculto que se fue alojando en <em>el subsuelo de la vida histórica</em>. Se fue entretejiendo un mundo de versiones sobre cómo entender la vida social, y el papel del ciudadano en él. Esto se interpuso entre la simple percepción de lo cotidiano y los modos de dar sentido a esas experiencias. La propuesta es atrevernos a captar, con mayor profundidad, aquello que ya había comenzado a manifestarse en la Grecia clásica, pero que solo pudo ser detectado entonces por la aguda inteligencia de Platón. El ciudadano ateniense de entonces – en nuestro caso paralelo nuestro <em>ciudadano de a pie</em>− puede entender con cierta claridad cómo es el funcionamiento del entramado de las relaciones sociales como para evitar que se interpongan en su intento de conocer la realidad tal cual es. Para Platón, esto es posible solo para un reducidísimo número de  personas: <em>los filósofos</em>: (son los únicos capacitados para ejercer cargos públicos).</p>
<p><em>Aclaremos esto</em>. Una actitud común de la mayor parte de nosotros, en nuestro mundo de hoy, muchísimo más complejo que la vida en una ciudad como Atenas (llegaba a los 250 mil habitantes, de los cuales 40 mil <em>eran ciudadanos con todos los derechos</em>, unos 70 mil eran extranjeros y casi 140 mil eran esclavos). De aquí se deduce que, para nuestra mirada actual, deberíamos contar con esos ciudadanos con derechos. Equivale a una ciudad media de nuestro interior. No muchas pero suficientes como para vivir la transparencia de las pequeñas poblaciones, en las que la mayoría se conocen entre sí.</p>
<p>La complejidad que presentaba nos recuerda la descripción del poeta español Ramón de Campoamor (1817-1901) cuando escribió: «Y es que en el mundo traidor&#8230; nada hay de verdad ni de mentira: todo es según el color del cristal con que se mira».</p>
<p>Han pasado muchos siglos desde aquella Atenas, que ya había comenzado a mostrar el resquebrajamiento de sus normas y de sus instituciones: de <em>decadencia</em>. Por todo ello aquellas personas, sin saber por qué, también se iban sumergiendo en un espeso pesimismo. Lo cual supone una manera de expresar, y admitir, que: “nada vale… que ningún valor es inmutable…, y que inevitablemente, debido al desgaste de la política, impera el subjetivismo, la arbitrariedad, y el relativismo, en todas las facetas, aunque en diferentes medidas de ellos con nuestro mundo”. Entre nosotros hoy, desde que décadas atrás se comenzó a hablar del fenómeno de la <em>Posmodernidad</em> como una aceptación callada de los vencidos; se estaba dando a entender que los valores de la <em>Modernidad</em>, aquellos que habían configurado nuestras vidas, se estaban derrumbando.</p>
<p>Este entramado, que es social, ideológico y político, con una palabra más abarcadora e incluyente, podríamos decir: <em>cultural</em>, entendiendo por ello el modo mediante el cual cada pueblo organiza su vida y asume su tabla de valores, o los desprecia por no vigentes. Ese mundo, que comenzaba a mostrar sus rajaduras, se derrumbaba en las primeras décadas del siglo pasado. Era detectado y expresado por la fina percepción de nuestro <em>filósofo de barrio</em>, Enrique S. Discépolo (1901-1981) [<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>] tiene ribetes similares (siempre que se tenga en consideración el tiempo y la distancia), definía nuestro mundo como un <em>Cambalache</em> [<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>], sentenciaba en uno de sus versos: «¡Todo es igual, nada es mejor! Lo mismo un burro que un gran profesor». Tanto el ateniense, como nuestro porteño [<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>] molestaban por su denuncia y por una crítica social, en un mundo decadente en el cual <em>la hipocresía había desplazado a la Verdad,</em> pero que no perdona la sustitución y el desprecio de los valores humanos: «¡Qué falta de respeto qué atropello a la razón! cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón!»</p>
<blockquote><p>«Los griegos clásicos tenían un concepto para esto: <em>ethos</em>. Esta palabra significa «costumbre» y, a partir de ahí, «conducta, carácter, personalidad» entendidas como modos comunitarios del ser. Es la raíz de Ética. El Diccionario de la Academia incorporó la palabra «etos» (sin «h» intermedia), definiéndola como: “Conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad”».</p></blockquote>
<p>Debemos tratar de pensar ese fenómeno, aparentemente sencillo, aunque presenta sus serias dificultades y no permiten que sea tan fácil de captar. El lenguaje del que disponemos es ambiguo, escurridizo; no está provisto de vocablos específicos para designar con claridad eso que se oculta. Hoy la ciencia moderna ha generado un lenguaje propio para sí, con <em>vocablos técnicos</em>, <em>lineales</em>; concibe palabras, y eso nos lleva a pensar que todo es claro y de sencilla descripción. Lo que se podría describir como <em>una cultura técnica</em> ha convocado a la conciencia colectiva a definirla como un saber superior, con palabras precisas. Hasta la poesía ha caído hoy en una cierta devaluación, pareciera que no tiene lugar en estas últimas décadas de imposturas.</p>
<p><em>La verdad ha perdido el señorío de otras épocas</em>; si bien la hipocresía es una conducta que ha acompañado a todos los tiempos, hoy aparece acompañada por la desvergüenza, la osadía y la desfachatez, <em>no falta mucho para que sea considerada una virtud</em>. Sin embargo, como una luz que despeja las tinieblas, su recuerdo nos ayudará a no fallecer.</p>
<p>Por tal razón, volvamos al Sócrates errabundo. Allí, en la plaza pública, o donde encontraba personas debatiendo, se ofrecía para mostrar un modo de ir penetrando los recovecos del lenguaje; el fruto de todo lo que había reflexionado lo volcaba en sus diálogos callejeros, con su público, mayoritariamente juvenil. Interrumpía los diálogos preguntando: ¿No dirías tú que…?&#8230; Veamos un pasaje de sus reflexiones en una reunión con sus discípulos:</p>
<blockquote><p>«- Ocupémonos sin pérdida de tiempo de las cosas de que las que hace poco hablábamos y con cuya verdadera existencia hemos estado siempre conformes en nuestras preguntas y respuestas. ¿Estas cosas son siempre las mismas o cambian alguna vez? ¿Admiten o experimentan algún cambio por pequeño que sea: la igualdad, la belleza, la bondad y toda existencia esencial, o cada una de ellas por ser pura y simple permanece así, siempre la misma en sí, sin sufrir nunca la menor alteración ni el menor cambio?</p>
<p>&#8211; Es absolutamente necesario que permanezcan siempre las mismas, sin cambiar nunca, dijo uno de los discípulos.</p>
<p>&#8211; Y todas estas otras cosas, siguió diciendo Sócrates: hombres, caballos, vestidos, muebles y tantas otras de la misma naturaleza, ¿permanecen siempre las mismas o son enteramente opuestas a las primeras en el sentido de que jamás permanecen en el mismo estado ni con relación a ellas mismas ni tampoco con relación a las otras?</p>
<p>&#8211; Nunca permanecen las mismas, respondió otro discípulo.</p>
<p>&#8211; Entonces son cosas que puedes ver, tocar y percibir por cualquier sentido; en cambio las primeras, l<em>as que siempre son las mismas</em>, no pueden ser percibidas más que por el pensamiento, porque son inmateriales y nunca se las ve».</p></blockquote>
<p>Ud. amigo lector, puede tener serias dificultades para aceptar que estos contenidos de esos debates pudieran contener algún valor subversivo. Sin embargo, <em>la mayoría de los ciudadanos que no reflexionaban nunca, se sentían impactados por preguntas que no se sentían en condiciones de comprender ni de responder</em>. Eso era un argumento suficiente para sospechar de las intenciones de Sócrates; y más humillados aún, cuando veían a esos jóvenes salir de esos debates sonrientes y satisfechos con sus nuevos aprendizajes.</p>
<p>Pues bien: Sócrates fue juzgado ante un jurado formado por 501 ciudadanos y fue condenado a muerte por una mayoría de sólo sesenta votos. Es probable que muy pocos de los jurados esperaran que la sentencia se cumpliera. Le quedaba al reo el recurso legal de apelar en demanda de una pena más suave y exigir una nueva votación al respecto. Si hubiera hecho una apelación y defensa humildes, con lamentos e imploraciones, como era costumbre en casos semejantes, los jurados habrían sin duda, cambiado el sentido de su voto. Pero él se obstinó en <em>adoptar una postura exclusivamente racional</em>.</p>
<p>En sus últimos días, ya en prisión, en una reunión de despedida dictó, tal vez su última clase</p>
<blockquote><p>«-Una de las cosas en que yo creo es <em>el imperio de la ley</em>, dijo a sus discípulos. Uno de ellos <em>le recomendó que huyera</em>.</p>
<p>&#8211; El buen ciudadano, como os he predicado tantas veces, es <em>el que obedece las leyes de la ciudad</em>. <em>Las leyes de Atenas me han condenado a muerte</em>, de lo que se deduce lógicamente que, «como buen ciudadano, <em>debo morir</em>». La conclusión de Sócrates se les hacía muy difícil de aceptar:</p>
<p>-¿No es llevar la lógica demasiado lejos?, se decían. Pero Sócrates se mantuvo firme en su idea.</p></blockquote>
<p>Platón en su diálogo <em>Fedón</em> ha descrito la última noche de Sócrates en la tierra.</p>
<blockquote><p>«El Maestro pasó aquella noche, como había pasado tantas otras, discutiendo sobre filosofía con sus jóvenes amigos. El tema que se discutió versaba sobre ¿existe otra vida después de la muerte? Sócrates se inclinaba por una respuesta afirmativa, pero siempre estaba dispuesto a considerar cualquier opinión contraria; escuchaba con mucha atención las objeciones de algunos de sus discípulos que discrepaban con su punto de vista. <em>Hasta el fin, Sócrates conservó su serenidad y no dejó que la emoción influyera en su razonamiento</em>. Aunque sabía que iba a morir al cabo de algunas horas, continuó discutiendo desapasionadamente y con toda lucidez sobre la posibilidad de una vida futura. Al aproximarse a la hora fatal, los discípulos se congregaron alrededor del amado maestro y prepararon sus corazones para el horror de verle beber la copa del veneno. Sócrates había mandado que se la trajeran antes de que el sol se pusiera tras las montañas occidentales. Cuando el sirviente trajo la copa, Sócrates le dijo, en un tono tranquilo y práctico:</p>
<p>– Tú que estás al tanto de todos los detalles de este asunto, dime lo que tengo que hacer.</p>
<p>– Bebe la cicuta; a continuación te levantas y das unas vueltas por la habitación hasta que sientas que las piernas se te entumecen. Entonces te acuestas y el sopor te invadirá hasta llegar al corazón.</p></blockquote>
<p>Sócrates, deliberada y fríamente, procedió como se le había dicho; tan sólo se detenía en sus paseos para reprocharles los sollozos y lloriqueos a sus amigos, a los que reprendía diciendo que no había razón para sus lamentos, pues siempre habría obrado de forma correcta y razonable. Su último pensamiento fue para una pequeña deuda que había olvidado. Se quitó el paño con que había cubierto su cabeza y dijo: &#8211;<em>Critón, le debo un gallo a Esculapio. Cuídate de que se pague la deuda</em>. En su morada final, consideraba la muerte como una cura definitiva a todos los males de la humanidad. Entonces, darle un gallo a Esculapio era una forma de agradecer por adelantado «la curación». Luego cerró los ojos, volvió a cubrirse con el paño, y cuando le preguntaron si tenía otra cosa que mandarle, ya no obtuvo respuesta.</p>
<p>Este fue el fin -dice Platón, que ha descrito aquella escena con palabras inmortales para  «nuestro amigo, <em>el hombre más bueno, más justo y más sabio de todos cuantos hemos conocido»</em>.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Enrique S. Discépolo fue un compositor, músico, dramaturgo y cineasta argentino. También era conocido como Discepolín. Sugiero la lectura de mi trabajo <em>Un filósofo de barrio</em> en la página <a href="http://www.ricardovicenteLopez.com.ar">www.ricardovicenteLopez.com.ar</a> – Sección Biblioteca.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Cambalache se refiere a un intercambio (de cualquier tipo de cosas), un lugar de trueque de todo por cualquier otra cosa; un lugar de compraventa de cosas usadas; es un lugar o situación en los que predomina el desorden y el ruido.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Se dice de loa habitantes de la ciudad de Buenos Aires.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Los dichos de un tal Sócrates. Parte I &#8211; Por Ricardo Vicente López</title>
		<link>https://kontrainfo.com/los-dichos-de-un-tal-socrates-parte-i-por-ricardo-vicente-lopez/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[KontraInfo / RVL]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 11 Dec 2022 06:22:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna de Ricardo V. López]]></category>
		<category><![CDATA[Alegoría de la Caverna]]></category>
		<category><![CDATA[Platón]]></category>
		<category><![CDATA[Sócrates]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://kontrainfo.com/?p=29984</guid>

					<description><![CDATA[Por Ricardo Vicente López Parte I Amigo lector, lo voy a invitar a una aventura del pensamiento, reflexionar sobre algunas ideas que hemos heredado de alguien que demostraba con su&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-29994" src="https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2022/12/Socrates002.jpeg" alt="" width="748" height="421" srcset="https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2022/12/Socrates002.jpeg 748w, https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2022/12/Socrates002-640x360.jpeg 640w" sizes="(max-width: 748px) 100vw, 748px" /></p>
<p><em><strong>Por Ricardo Vicente López</strong></em></p>
<p>Parte I</p>
<p>Amigo lector, lo voy a invitar a una aventura del pensamiento, reflexionar sobre algunas ideas que hemos heredado de alguien que demostraba con su conducta lo que afirmaba en sus prédicas: un tal Sócrates (470 -399 a. C.)​​​​. Fue un filósofo clásico griego considerado como uno de los más grandes, tanto de la filosofía occidental como de la universal. Fue maestro de Platón, quien, a su vez, tuvo a Aristóteles como discípulo, siendo estos tres <em>los representantes fundamentales de la filosofía de la Antigua Grecia</em>. En un pasaje del libro la <em>República</em> conocido como <em>La alegoría de la caverna</em>  su autor, el filósofo griego Platón (427-347 a. C) mediante una metáfora,  propone exponer sobre la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento, entendido este en su sentido más amplio:</p>
<blockquote><p>«Conocer implica adquirir nuevas referencias y significados sobre nuestra realidad en el mundo. Asociamos a menudo el conocer con aprender, comprender o saber algo. La palabra «conocimiento» deriva del griego “gnosis” que significa «conocer». La gnoseología o teoría del conocimiento es la disciplina de la filosofía que estudia la posibilidad del conocimiento».</p></blockquote>
<p>Platón sostenía que la realidad se presentaba como una dualidad, por lo cual el conocimiento, desdobla este objeto: lo que hoy llamamos <em>realidad</em> lo denomina <em>Mundo Sensible</em> (la Naturaleza) que es un mundo de apariencias, siempre mutables y, por ello imperfectas, del cual sólo podemos obtener opiniones (dóxa). Se le contrapone un <em>Mundo Inteligible</em> (el de las Ideas) en el cual podemos lograr el verdadero conocimiento (epistéme). Esta dualidad tiene un fundamento que parte de <em>una concepción idealista que sobrevalora la realidad inmutable, como condición de lo realmente verdadero</em>.</p>
<p>Platón desarrolla su teoría acerca de cómo se puede captar la existencia de esos dos mundos en los que se desenvuelve la vida humana: el mundo sensible (conocido a través de los sentidos) en el cual las cosas son cambiantes y el mundo inteligible (que es materia del conocimiento puro, sin intervención de los sentidos, Aristóteles denominó esto como la Metafísica: meta=más allá, física= Physis es la palabra griega que se traduce por naturaleza). Sin embargo, para sorpresa nuestra, ese debate que aparece en la Alegoría, tenía por finalidad <em>definir cuáles son las condiciones exigibles a quienes deben ocupar un cargo político</em>. Es decir: ¿qué tipo de hombres [<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>] había que elegir para que se hicieran cargo de los asuntos del Estado? Amigo lector no se asombre, este tema es muy antiguo, muy anterior a la democracia del siglo XIX. En esos debates, entonces, se acordó que hay dos clases de hombres: los que viven entre las sombras (las mayorías ignorantes) y aquellos otros, (muy pocos), que han tenido la posibilidad de acceder a la verdad que ilumina la luz del sol (traducido a un lenguaje actual: la realidad exterior tal cual debe ser vista desde los valores ideales de la perfección).</p>
<p>Llegados a este punto, amigo lector, ud. me preguntará: ¿había tantos hombres perfectos en Atenas? Por lo menos había algunos que se lo creían. La respuesta es evidente: no. Un pasaje de los debates expresados en La República de Platón, en los cuales Sócrates siempre ocupaba el papel central, se narra una anécdota muy interesante, al respecto:</p>
<blockquote><p>«Cierta vez, uno de los discípulos de Sócrates, que quería tener certeza respecto de las palabras del Maestro le preguntó al Oráculo de Delfos [<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>] ¿quién era el hombre más sabio de Atenas? Para asombro de muchos, la sacerdotisa dio el nombre de Sócrates. Cuando el discípulo relató, en la reunión siguiente, lo que le había dicho, Sócrates rechazó esa afirmación y se tomó un tiempo para contestar. Recorrió las plazas y lugares de reunión en Atenas de la época, preguntando a aquellos que ostentaban ese título, quiénes eran sabios y todos aquellos que dicen serlo me contestaron que sí, ellos eran sabios. Cuando volvió a reunirse con sus discípulos les dijo: “El oráculo me ha escogido a mí como el más sabio entre todos los atenienses, porque yo soy el único que sabe que no sabe“».</p></blockquote>
<p>No sólo el Maestro rechazó la calificación del Templo sino que dejó asentado que uno de los principios de la sabiduría era la humildad. Lo cual dejó definido como un principio del camino del saber es saber todo lo que se ignora. Dice de él la página www.algundiaenalgunaparte.com:</p>
<blockquote><p>«Sócrates fue una especie de <em>evangelista del razonamiento riguroso</em>, iba por las calles de Atenas <em>predicando lógica</em>, como Jesucristo iría cuatro siglos después por las villas de Palestina <em>predicando amor</em>. Y lo mismo que Jesús, sin haber escrito en su vida una sola palabra, ejerció en el pensamiento humano una influencia que millares de libros no han podido superar. Sócrates conocía la virtud del valor por propia experiencia. Él nos enseñó que la buena conducta está siempre sometida a la razón, que todas las virtudes, en el fondo, consisten en la primacía de la inteligencia sobre la emoción. Solía decir: «Antes de que comencemos a discutir, <em>decidamos cuál es el tema exacto de la discusión</em>».</p></blockquote>
<p>Tal vez las enseñanzas de Sócrates no hubieran dejado una huella tan honda en la humanidad si este predicador no hubiera muerto como mártir de sus ideas. Parece absurdo condenar a muerte a un hombre por el mero hecho de enseñar a los jóvenes “a pensar y argumentar con cierto rigor”. Sin olvidar los dos cargos que fueron formulados contra Sócrates: el de <em>no creer en los dioses venerados por la ciudad</em>  y el de ser “<em>un corruptor de la juventud”</em>. Los sectores dominantes temían que los jóvenes <em>aprendieran doctrinas subversivas</em>. Desde entonces los ricos temen a las ideas emancipadoras, otro tanto le sucedió a Jesús de Nazaret.</p>
<p>El verdadero conocimiento nos lo ofrece la vía de la razón, al estar basada en el ser y rechazar, por lo tanto, toda contradicción en los argumentos. Por lo demás, <em>el ser es inmutable, por lo que el verdadero conocimiento ha de ser también inmutable</em>. La verdad imperante no puede estar sometida a la relatividad de lo sensible. Quien predique el cambio social y político debe aprender de estos casos.</p>
<p>He aquí lo que yo creo entender de Platón: el mundo sensible [el mundo real exterior, lo que hoy denominamos realidad] es una apreciación de lo inmediato, pero para el filósofo ateniense eso no es la realidad real, lo último que se percibe, con la dedicación necesaria, es la idea del bien [el sol]; pero, una vez percibida, hay que deducir que ella es la causa de todo lo recto y lo bello que hay en todas las cosas. Mientras que en el mundo visible rige la luz… en el mundo inteligible es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento. Entonces, siendo esto así: <em>los que van a ejercer cargos públicos son quienes deben saber todo ello para proceder sabiamente en la vida privada o pública</em>. A Platón no se le escapaba que esta exigencia rige también para el elector. Ahora se puede comprender por qué Platón exigía para ocupar cargos públicos ser filósofo.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Hoy es necesario aclarar, para no ser acusado de “machista”, que las mujeres no participaban de la vida política.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> El oráculo de Delfos era un lugar sagrado donde se acudía para consultar a los dioses. Estos emitían un mensaje o respuesta que las pitonisas y/o sacerdotes daban en nombre de los dioses a las consultas y peticiones que los fieles les formulaban.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La sociedad de masas. El control de la opinión pública. Parte V</title>
		<link>https://kontrainfo.com/la-sociedad-de-masas-el-control-de-la-opinion-publica-parte-v/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[KontraInfo / RVL]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 Oct 2021 16:04:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna de Ricardo V. López]]></category>
		<category><![CDATA[Alegoría de la Caverna]]></category>
		<category><![CDATA[manipulación mediática]]></category>
		<category><![CDATA[Platón]]></category>
		<category><![CDATA[Sócrates]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://kontrainfo.com/?p=26264</guid>

					<description><![CDATA[Por Ricardo Vicente López Parte V (Puede leer la parte IV, acá) Estoy convencido de que las preguntas más profundas que debemos hacer, y hacernos, son para poner bajo la&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-26277" src="https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2021/10/AlegoriadelaCavernaPlaton2.jpg" alt="" width="748" height="421" srcset="https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2021/10/AlegoriadelaCavernaPlaton2.jpg 748w, https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2021/10/AlegoriadelaCavernaPlaton2-640x360.jpg 640w" sizes="auto, (max-width: 748px) 100vw, 748px" /></p>
<p><em>Por Ricardo Vicente López</em></p>
<p><em>Parte V<br />
(Puede leer la parte IV, <a href="https://kontrainfo.com/la-sociedad-de-masas-el-control-de-la-opinion-publica-parte-iv-la-alegoria-de-la-caverna/">acá</a>)</em></p>
<p>Estoy convencido de que las preguntas más profundas que debemos hacer, y hacernos, son para poner bajo la lupa crítica el sistema de la sociedad global. Esta tarea exige una gimnasia intelectual que a una mayoría importante de sus habitantes actuales les fue negada. Que esto haya sido una consecuencia de un sistema escolar esclerotizado o que haya sido el resultado de un plan estratégico para la manipulación, no cambia la situación actual que exhibe. En nuestro caso de argentinos, extensivo a nuestros hermanos hispanoamericanos, la institución educativa basada en la práctica del memorismo, impide toda posibilidad de desarrollo del pensamiento crítico. Este es uno de los resultados. Es evidente que la pregunta, en tanto tal, no tiene cabida en el aula, salvo excepciones, a partir de la vocación de un docente original. Ello me permite afirmar que, explícita o implícitamente, la <em>pregunta crítica</em> estuvo y está prohibida.</p>
<p>La enseñanza superior encorsetada por el especialismo, tampoco la ofrece, Se da un juego perverso entre “<em>los que saben</em>”, que están dentro del círculo académico, aún los que de ellos tengan la mejor voluntad, no pueden dejar de lado su lenguaje. Y no alcanza su voluntad individual para enfrentar la posibilidad de incitar una renovación. Por esa razón para esas grandes mayorías que, aún así, profesan una admiración excesiva por esas instituciones, se justifican  a sí mismas diciendo que no están en condiciones de acceder a las altas Casas de Estudio <a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>.</p>
<p>“<em>Ellos, los que saben</em>, pero no educan”, con actitud sustentada por los aires de superioridad y menosprecio que tienen para con “<em>Esos Otros”, a los que algunos llamamos, cariñosamente, los ciudadanos de a pie</em>. Estos quedan desplazados, tantas veces imposibilitados, de comprender la filosofía, sin la cual no puede haber un verdadero pensamiento crítico. Entiéndase bien: me refiero a la filosofía de los “cultos”. Sin embargo hay mucha más filosofía, que podría ser calificada como popular, uno de sus primeros cultores fue Sócrates (470-399 a. C.), el Maestro de Platón, que reunía a los jóvenes en las plazas de Atenas y les enseñaba a pensar correctamente: les proponía un juego de preguntas y de repreguntas en la búsqueda de una respuesta fundada. Su audacia la pagó con su vida. Me pregunto si ese ejemplo congeló cualquier intento posterior de desarrollar una filosofía que liberara a las personas; volvamos a la Caverna:</p>
<blockquote><p>«Sócrates dice que tiene que rechazar dos tipos de acusaciones diferentes: su «mala fama», la opinión esparcida por sus rivales de que es un criminal: un curioso que pregunta hasta al cielo y la tierra; y los más recientes cargos legales de <em>corromper a los jóvenes y de creer en cosas sobrenaturales de su propia invención,</em> en vez de los dioses de la polis. El acusado descalifica estos «cargos informales» dándoles una apariencia legal diciendo: «<em>Sócrates comete delito al investigar los fenómenos celestes y subterráneos, debido a que, según ellos, convierte el argumento más débil en el más fuerte, instruyendo esto a otros</em>, y sin creer en los dioses, es decir, es ateo». Ateo a los dioses que justificaban la injusticia»</p></blockquote>
<p>Queda claro que el filósofo ateniense era un personaje molesto para el orden establecido en aquella Atenas, era éste su mayor delito, a lo que se le agregaba su prédica a los jóvenes para que aprendieran a pensar y superar el dominio de la ideología imperante:</p>
<blockquote><p>«Sócrates dice que estas preguntas indiscriminadas le ganaron la reputación de entrometido, pero a partir de ahí él interpreta su misión en la vida como la prueba de que la verdadera sabiduría no pertenece exclusivamente a los dioses: que la sabiduría humana debe servir para la formación de ciudadanos justos».</p></blockquote>
<p>Mucha historia ha corroborado cuál es <em>el destino de los rebeldes</em>. Muchos otros también han sido juzgados y condenados por haber denunciado la injusticia de este mundo. Todo esto llevó a que <em>las personas consideradas sabias por la sociedad se volvieran enemigas de Sócrates</em>, ya que él los dejaba en ridículo y con ello amenazaba su autoridad. Recordemos que, unos cuatrocientos años después, otro predicador, Jesús de Nazaret, con palabras de un contenido similar, fue acusado y condenado «por delitos relacionados con desórdenes públicos y el cuestionamiento a la autoridad».</p>
<p>Amigo lector, Ud. se estará preguntando dónde quedó la Caverna. Lo que he querido hacer es mostrar una marco histórico que permite comprender mucho mejor lo que Platón dice por boca de Sócrates. Antes de comenzar con ello, quiero contarle una experiencia personal. En los comienzos de los sesenta yo cursaba en la facultad de Filosofía y Letras (UBA) la carrera de Filosofía. Fue entonces que entré en contacto con los textos de Platón y a ese joven que yo era lo maravilló la <em>Alegoría de la Caverna</em>, aunque me costó mucho comprenderla. Quiero comentarle un pequeño pasaje tal como me lo enseñaron. Y digo, además, que las veces que después leí comentarios sobre ese pasaje todas coincidieron en lo siguiente: el prisionero que se liberó y descubrió la verdad y quiso contárselo a sus compañeros “no fue comprendido y no le creyeron”.</p>
<p>Necesito recordarle que estamos rondando el tema de esta serie de notas: <em>la relación de las masas y el poder</em>.  Además ya recordé que cuando Platón estaba escribiendo <em>República</em> unos treinta años antes Sócrates había sido ejecutado. Es decir una muerte tan injusta de su Maestro, querido y admirado, no podía haber sido olvidada. Esto dio lugar a algunas interpretaciones que suponen que el prisionero incomprendido podía ser Sócrates. Esta tesis que le propongo ahora se me presentó muchos años después, cuando el que era, para mí, <em>el prisionero incomprendido</em>, <em>la figura de un liberador</em>, deja de serlo para pasar a ser una pobre víctima más. Lecturas posteriores me permitieron comprender que <em>el prisionero no se había liberado</em>, lo habían obligado a levantarse y subir el duro camino hacia la luz, y padecer el enceguecimiento que le impuso el sol. Además, y esto me parece el pasaje más crudo del relato: dice Sócrates que el resto de los prisioneros no sólo no le creyeron sino que, <em>de haber estado sin las cadenas habrían intentado matarlo</em>. Las palabras del texto original dicen:</p>
<blockquote><p>«<em>Liberamos  </em>a uno de estos prisioneros. Le <em>obligamos a levantarse</em>…  ahora lo arrancamos de su caverna a viva fuerza y lo llevamos por el sendero áspero y escarpado hasta la claridad del sol&#8230; Imagina Glaucón ahora que este hombre vuelve a la caverna y se sienta en su antiguo lugar… <em>Y si alguien intentase desatar a sus compañeros y llevarlos allí, ¿no lo matarían, si pudiesen agarrarlo</em>?»</p></blockquote>
<p>Amigo lector, he abundado en esta descripción y he reproducido sus palabras para que podamos ahora avanzar en una interpretación que le propongo. Yo no puedo evitar el ser un argentino, ya maduro, del siglo XXI, que leo y pienso desde mi situacionalidad, lo cual teñirá mi interpretación con ese condicionamiento. Platón vivió en una sociedad esclavista y fue un rico terrateniente con esclavos que trabajaban en sus plantaciones. Él también estaba condicionado por su situacionalidad. Digo esto para dejar en claro que yo no sé qué pensaba Platón cuando escribió estas páginas, lo que voy a ofrecerle es qué me parece a mí y qué me dejó la lectura de ese libro.</p>
<p>Si Ud. puede recordar lo que escribí en páginas anteriores, siguiendo a investigadores como Gustave Le Bon o Gabriel Tarde, entre otros, respecto de la dualidad entre la masa y los gobernantes: aparece una preocupación respecto de un conflicto latente. Platón trata en su famoso libro el problema que él advierte entre el conjunto mayoritario de los miembros de la polis (minoritario respecto de la totalidad de pobladores de la Atenas de entonces), a los que califica como <em>los hombres de las sombras</em> (recordar la Alegoría), y <em>los pocos hombres de la luz </em>(los filósofos), los que serían llamados a gobernar.</p>
<p>Se ha escrito mucho sobre este libro fundamental, dentro de su importante producción filosófica, sin embargo, el menosprecio de Platón respecto de los miembros de la masa (hombres de la sombra), comprensible en un miembro de las clases superiores, es muy poco mencionado. Como tampoco se dice nada de que era un terrateniente esclavista. Quiero aclarar que esto que digo no es una denuncia sobre el gran ateniense, sino que señalo los prejuicios de la gran mayoría de los filósofos académicos que ocultan todo esto, que es para ellos impensable en el <em>Divino Platón.</em> Los que han escrito, conscientemente los menos e inconscientes la mayoría, han sido formados por la tradición de “<em>las personas que saben”</em>  de la Academia. A todos aquellos que plantean utilizar esta información de la Historia, totalmente despreciable para <em>estos filósofos</em>: “La filosofía no debe ser <em>manchada con la política”</em>. Sobre este tema volveré más adelante.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Un estudio histórico-político de esta institución: <em>La universidad y el proyecto popular</em> está disponible en la página  www.ricardovicentelopez.com.ar.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La sociedad de masas. El control de la opinión pública. Parte IV &#8211; La Alegoría de la Caverna</title>
		<link>https://kontrainfo.com/la-sociedad-de-masas-el-control-de-la-opinion-publica-parte-iv-la-alegoria-de-la-caverna/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[KontraInfo / RVL]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 Oct 2021 19:05:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna de Ricardo V. López]]></category>
		<category><![CDATA[Alegoría de la Caverna]]></category>
		<category><![CDATA[manipulación mediática]]></category>
		<category><![CDATA[Platón]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://kontrainfo.com/?p=26167</guid>

					<description><![CDATA[Por Ricardo Vicente López Parte IV (Puede leer la parte III, acà) Hay textos que impactan mucho la mentalidad de los pensadores da cada época, al verse enfrentados a las&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-26173" src="https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2021/10/AlegoriadelaCavernaPlaton.jpg" alt="" width="748" height="421" srcset="https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2021/10/AlegoriadelaCavernaPlaton.jpg 748w, https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2021/10/AlegoriadelaCavernaPlaton-640x360.jpg 640w" sizes="auto, (max-width: 748px) 100vw, 748px" /></p>
<p><em>Por Ricardo Vicente López</em></p>
<p><em>Parte IV<br />
(Puede leer la parte III, <a href="https://kontrainfo.com/la-sociedad-de-masas-el-control-de-la-opinion-publica-parte-iii/">acà</a>)</em></p>
<p>Hay textos que impactan mucho la mentalidad de los pensadores da cada época, al verse enfrentados a las diversas interpretaciones a las que han dado origen. Uno de ellos, por la profundidad de las posibles y diversas lecturas que se fueron realizando podría hacernos pensar que el tema ya está agotado. Yo no he podido sustraerme a ese embrujo que el gran Platón (428-347 a. C.) generó en su posterioridad. Yo ya le he propuesto, amigo lector, en algunas notas anteriores, una lectura de su tesis. Ahora quiero que me acompañe con una mirada más analítica sobre la riqueza que encierran las palabras de este famoso texto: <em>La alegoría de la caverna</em>. Pero, lo haré con una mirada un tanto plebeya, teniendo en cuenta las varias que circulan con tono académico. Por ello debo advertirlo, respecto de que lo que sigue, es mi interpretación, que no tiene más valor que eso.</p>
<p>Para ello recurriré a un trabajo mío, escrito hace ya un largo tiempo, que fue escrito con un lenguaje más sencillo y que pretende ser una versión más accesible y, a su vez, un poco más rebelde, y es muy probable que sea muy antojadiza. Lo escribí pensando en un personaje, admitido simbólicamente como la expresión de una síntesis dentro de los públicos masificados. Es una parte de esos públicos que necesitan y demandan una formación más sólida, sostenida por una filosofía que, por regla general, no está a su alcance: <em>el ciudadano de a pie</em>. No es cualquier ciudadano, es, en mi opinión, la expresión de los que tienen <em>hambre de saber</em> y no encuentran cómo y donde satisfacerla.</p>
<p>El trabajo al que me referí  <a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> fue una propuesta para plantear un paralelo entre la antigua Atenas y nuestro mundo globalizado, rescatando similitudes y contradicciones. Fue un texto pensado para trabajarlo en clase con una lectura comentada y analizada a través de preguntas, respuestas, con comentarios colectivos. Teniendo en cuenta la mucha sabiduría que queda encerrada en el ámbito de las Academias, a la que no pueden acceder muchas personas que no manejan ese lenguaje técnico. Ese lenguaje que se ha convertido en una jerga “para unos pocos elegidos” como decía Les Luthiers. El lenguaje, con el cual se expresan, es una barrera que impide al <em>ciudadano de a pie</em> acceder a los grandes de la Filosofía. Esa es la razón por la cual intenté hacer una <em>traducción</em> al habla cotidiana de las personas, dispersas, que forman parte de la multitud: los <em>ciudadanos de a pie</em>.</p>
<p><em>Un poco de historia del pensamiento </em></p>
<p>Escribí en las páginas citadas, algunas reflexiones que, creo, pueden sernos útiles ahora. Teniendo presente que la mención de su título: <em>De la caverna platónica a la globalización mediatizada, </em>un atrevimiento, una interpretación cuyo valor es muy limitado, pero útil:</p>
<blockquote><p>«Tal vez resulte fuera de lugar, para el lector desprevenido, el salto en el tiempo que propongo: unos veinticinco siglos. Sin embargo, creo que puede sernos altamente revelador respecto de cómo algunas expresiones originarias, incipientes, del fenómeno de masas —dentro del marco de una sociedad mucho más sencilla y trasparente— anunciaban algunas revelaciones que sólo el ojo agudo, certero y crítico de un filósofo de esa calidad pudo detectar, este es el caso de Platón (428-347 a. C.). Este gran pensador evidenció, en sus trabajos, méritos intelectuales de excepción. Ellos han obligado, a pesar del tiempo que nos separa, que debamos seguir leyendo y estudiando su obra. Platón fue un filósofo griego discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles. En 387 fundó la Academia, institución que continuaría su marcha a lo largo de más de novecientos años. A ella fue Aristóteles en 367, desde Estagira [<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>], para estudiar filosofía, compartiendo, de este modo, unos veinte años de amistad y trabajo con su maestro. Platón participó activamente en la enseñanza de la Academia y escribió, siempre en forma de diálogo, sobre los más diversos temas».</p></blockquote>
<p>De este autor seleccioné algunos pasajes de uno de sus trabajos de la madurez: la <em>República</em>. De ella podemos leer esta síntesis:</p>
<blockquote><p>«República −en griego, Politeia, de polis, que significa <em>ciudad-estado</em> esta traducción sería más adecuada que el título original &#8212; es la más conocida e influyente obra de Platón, y es el compendio de las ideas que conforman su filosofía. Se trata de un diálogo entre Sócrates y otros personajes, como los discípulos o parientes del propio Sócrates».</p></blockquote>
<p>El modo de la narración choca con nuestra forma actual de contar una historia. No debemos olvidar que para el pensamiento antiguo, cercano a sus fuentes orientales, este modo de referir un tema era muy común. Por tal razón, le pido, amigo lector, un esfuerzo de ubicación temporal y cultural para lograr una interpretación más profunda acerca de qué nos dice y qué intenta comunicarnos para que pensemos. Comencemos por analizar cuál es el significado de la palabra “alegoría”:</p>
<p>La alegoría (como la parábola, el mito o la analogía) es un recurso narrativo para trasmitir una historia de modo que sea accesible a mucha gente. Es un modo de hablar figuradamente, es una figura literaria que pretende representar una idea valiéndose de formas humanas. Alegoría es una palabra que hemos heredado del griego <em>allegorein</em>. La Real Academia la define como: «Representación en la que las cosas se ofrecen con un significado simbólico. Composición literaria o representación artística que tiene sentido simbólico». La alegoría pretende pintar una imagen, de lo que no tiene imagen, para que pueda ser mejor entendido por las mayorías. El vocablo hace mención a aquella ficción en la cual una idea, frase, expresión u oración que posee un significado distinto al que se le puede dar literalmente  <a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Este tipo de relato encierra una enseñanza que hay que rescatar.</p>
<p>La alegoría intenta describir cuál es el estado de los hombres en general, hoy diríamos del pueblo [<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>]. A tal efecto, describe una situación imaginaria que intenta representar la situación del hombre medio de aquella época. Propone Sócrates:</p>
<blockquote><p>«Imagina una especie de caverna subterránea, con una larga entrada, abierta a la luz del sol, que se extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tengan que estar quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz del fuego, arde en un plano superior a los encadenados. Se ha construido un tabique por encima del cual se exhiben sus figuras. La pared del fondo es como una pantalla que reproduce las figuras… Pues bien, imagínate ahora, a lo largo de esa pared, unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados».</p></blockquote>
<p>Ante esta descripción todos quedan sorprendidos, no se entiende hacia dónde lleva Sócrates su razonamiento, éste continúa su relato y comienza a explicar:</p>
<blockquote><p>«Son iguales que nosotros, porque en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre el fondo de la caverna? Dado que durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóvil las cabezas… Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?&#8230; Entonces no hay duda de que ellos no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados».</p></blockquote>
<p>Amigo lector, preste atención a la continuidad del relato ya que Sócrates agrega una situación nueva: otro personaje, el cual fue liberado de las cadenas:</p>
<blockquote><p>«Si alguno de ellos fuera desatado y obligado a levantarse para ir a mirar la luz exterior… ¿no sería capaz de descubrir que aquellos objetos cuyas sombras veía antes, no eran más que sombras? Ahora cuando se halla más cerca de la realidad y goza de una visión verdadera… ¿No crees que estaría perplejo y que lo que antes había contemplado le parecería falso? Y que al ver la luz verdadera todo adquiriría una nueva brillantez… ¿no crees que se consideraría feliz por haber descubierto la verdad?»</p></blockquote>
<p>Llegado este momento, el personaje liberado que ha descubierto la verdad se sentiría obligado a contar todo lo vivido:</p>
<blockquote><p>«En esa situación si compartiera su experiencia con sus compañeros encadenados, ¿no se reirían de él por narrar fantasías que no existen? ¿no podrían llegar a matarlo por hablar necedades? La exasperación de los otros, creerse engañados ¿no intentarían matarlo, si encontraran la manera de hacerlo?»</p></blockquote>
<p>Hemos llegado al final del relato alegórico, y Sócrates pasa a ofrecer sus conclusiones:</p>
<blockquote><p>«Pues bien, esta imagen hay que aplicarla toda ella a lo que hemos dicho antes; hay que comparar la región revelada por medio de la vista del sol con la caverna-prisión, y la luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol».</p></blockquote>
<p>Es decir, el diálogo se fue dando en torno a qué tipo de hombres había que elegir para hacerse cargo de los asuntos del Estado. Como resultado de ello, estuvieron de acuerdo en que <em>hay dos clases de hombres</em>: <em>los que viven entre las sombras y aquellos, muy pocos, que han tenido la posibilidad de acceder a la verdad que ilumina la luz del sol (que es la verdadera realidad)</em>. En la próxima nota le propondré mis reflexiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Lleva por título <em>De la caverna platónica a la globalización mediatizada</em> – publicado y disponible en la página <a href="http://www.ricardovicentelopez.com.ar">www.ricardovicentelopez.com.ar</a> – en la Sección Biblioteca.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Fue una ciudad de la Antigua Grecia en la provincia de Macedonia, famosa por haber sido el lugar de nacimiento de Aristóteles.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Recuérdese el modo de hablar de Jesús de Nazaret.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Participaban sólo los hombres libres, porque los esclavos no participaban de la polis; para la Atenas antigua, los esclavos no eran ciudadanos.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Paideia: la formación del alumno para llegar a ser un ciudadano responsable. Parte II &#8211; Por Ricardo V. López</title>
		<link>https://kontrainfo.com/paideia-la-formacion-del-alumno-para-llegar-a-ser-un-ciudadano-responsable-parte-ii-por-ricardo-v-lopez/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[KontraInfo / RVL]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 29 May 2021 22:18:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Modernidad y Espiritualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Paideia]]></category>
		<category><![CDATA[Platón]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://kontrainfo.com/?p=25003</guid>

					<description><![CDATA[Por Ricardo Vicente López (Puede leer la parte I, acá) La responsabilidad de una formación madura debe poner al alcance los instrumentos teóricos para el logro de la calidad integral&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ricardo Vicente López</strong></p>
<p><em>(Puede leer la parte I, <a href="https://kontrainfo.com/paideia-la-formacion-del-alumno-para-llegar-a-ser-un-ciudadano-responsable-parte-i-por-ricardo-v-lopez/">acá</a>)</em></p>
<p>La responsabilidad de una formación madura debe poner al alcance los instrumentos teóricos para el logro de la <em>calidad integral</em> que la obligatoria función de ciudadano exige. Esa función enfrentará al ciudadano a la necesidad de promover algunos <em>debates imprescindibles, que están ausentes desde hace tiempo en el escenario de la política mayor</em>.</p>
<p>Las universidades de hoy, como resultado de las corrientes dominantes que sobreestiman la especialización científica de laboratorio, recortan el universo de ideas en una tendencia a “saber cada vez más sobre menos” como Ortega y Gasset denunciara a comienzos del siglo pasado, en su famoso libro <em>La rebelión de las masas</em> (1929).</p>
<p>A partir de la sentencia del filósofo francés René Descartes (1596-1650): «Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás», nos advierte los peligros de una formación secundaria y/o universitaria desacoplada de la lectura crítica y reflexiva de la buena filosofía. Entendida ésta, no como un paseo turístico por los libros del pasado, sino como un ejercicio permanente del pensar crítico. Rodríguez Chala <a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> nos dice:</p>
<blockquote><p>«<em>Esquiva y clandestina, son los nuevos atributos de la filosofía</em>. Quienes otrora, como reza la cita de Descartes, fueran baluartes de las artes y las ciencias, podrían sentirse al día  de hoy con el rostro entre las manos, con la mirada perdida. La <em>Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa</em> propuesta para España, se plantea alcanzar un modelo social de <em>distopía</em> <a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> y <em>pensamiento único</em>. Se propone que <em>el debate no tenga lugar</em>. <em>Donde los conflictos desaparezcan o se resuelvan con directrices maniqueas controladas desde arriba</em>. Las batallas al estilo Marx-Prouhdon, planteadas frente al pueblo, <em>herencia de los tiempos socráticos, son expulsadas de las aulas donde antaño eran tenidas como fuente del desarrollo personal y del júbilo intelectual</em>. <em>La filosofía no se está muriendo, la están matando</em>».</p></blockquote>
<p>Lo que se afirma para España no está muy alejado de lo que algunos planteos, no tan viejos, de cierto pragmatismo neoliberal, se proponen para nuestra América. El peso del Banco Mundial, en sus proyectos de apoyo a la educación, apunta a los mismos resultados. Rodríguez Chala, adoptando el lenguaje de las viejas Cortes, se dirige, con las siguientes palabras, a quienes se asumen como <em>autoridades calificadas</em> para esa tarea de <em>destrucción del pensamiento.</em> Con ironía dice:</p>
<blockquote><p>«Sus señorías olvidan, formadas por una fuente segura y que merece confianza y crédito: <em>el valor incalculable de la enseñanza filosófica</em>. El juego de la filosofía, como ejercicio superior, circunscrito por el <em>saber histórico</em> y las <em>disputas fundadas</em>, todas <em>figuras inherentes e inseparables de las clases de filosofía, componen mucho más que el pueril y anodino cuerpo de una materia exigua y prescindible. El debate, la reflexión, la dialéctica, el recreo intelectual, el desarrollo social y personal, en definitiva, son consecuencias ineludibles de este escenario donde las diversidades construyen, o construyeron, las clases de filosofía</em>. Los jóvenes estudiantes, ciudadanos críticos en formación, <em>habrían de conocer el papel imprescindible que el pensamiento filosófico ha jugado en la historia del cambio social</em>, desde los modelos de hombre y sociedad de los tiempos de Sócrates, Platón o Aristóteles…»</p></blockquote>
<p>Ahora bien, ese ideal de estado, que sistematiza y controla la implementación de una <em>paideia</em> consecuente con los valores que apuntan al bien común, admite como contrapartida el estado realmente existente. Las divergencias entre el ámbito de la praxis política y el deber ser no constituyen un dato inédito y, por el contrario, suelen ser la regla en sociedades en crisis.</p>
<p>La doctora Demirdjian comenta que en la <em>República</em> Platón apela a la formación de un régimen ideal. Sin embargo, hacia el final de su vida, probablemente en virtud del escaso éxito que la reconversión o formación de un gobernante, con la altura moral e intelectual que sería deseable en el <em>Rey filósofo</em>, le deparó una gran decepción. Ello lo llevó a plantearse una mirada más pragmática. En este sentido, la problemática de la <em>paideia</em> se perfila como un instrumento de cambio <em>capaz de posibilitar la programación y sistematización de una acción política eficaz</em>. Al acentuarse en el pensamiento platónico la lógica del deber ser, se extrema el vínculo entre moral y política, y como consecuencia se extrema la observancia respecto de la oratoria y el quehacer de los políticos.</p>
<p>La doctora insiste en su investigación y recurre al <em>Gorgias</em>, donde Platón se debate, en una muestra de realismo, entre el <em>ser</em> y el <em>deber ser</em>. Se concentra en el debate entre Sócrates y tres discípulos: Gorgias, Polo y Calicles:</p>
<blockquote><p>«El diálogo transcurre entre interpelaciones acerca de qué es la política y cómo debería ser, cómo actúa el político real, y cómo sería el político ideal. Subyace en todas ellas el cómo se resuelve el problema del poder. En todo caso, la respuesta está condicionada por la calidad del gobernante. Si éste es capaz de discernir qué es lo bueno y lo justo según la especificidad de la política lo exige, logrará destacarse por sobre los políticos reales que encuentran en el manejo del poder un fin en sí mismo. Un político con tales aptitudes es el único que logra asegurar el tránsito virtuoso en la vida terrena y más allá de la muerte para sí y sus conciudadanos».</p></blockquote>
<p>La intervención de Calicles representa al estadista de éxito que es la resultante de una muy buena y exigente formación intelectual: una fluida oratoria, y restringe su noción de política al manejo del poder sin cuestionarse si su desempeño logra o no el bienestar de sus súbditos.</p>
<p>Por su parte, Platón, siempre fiel a la voz de su maestro, <em>apela a la techné de la política en contraposición con la realidad del poder</em>. En este sentido, dado que toda <em>techné</em> posee un ámbito que le es específico, <em>Platón postula como propio del arte de la política el conocimiento de lo bueno y lo justo dirigido al bienestar de los gobernados</em>:</p>
<blockquote><p>«Ahora bien, Platón admite que el político <em>no conoce apriori acerca de lo bueno y lo justo</em>, ya que de poseer este conocimiento <em>sería más filósofo que estadista</em>. El accionar de los políticos como <em>Calicles, al buscar el propio placer y no la realización de la techné de la política, subvierte la íntima conexión que debe existir entre moral y política</em>. De esta forma no sólo condenan su propia alma, sino que además infringen un mal mayor al arbitrar igual suerte a sus gobernados. El hombre conformado por alma y cuerpo requiere un arte especial que cuide de su vida.»</p></blockquote>
<p>Una reflexión a esta altura del desarrollo del tema, la educación del ciudadano, teniendo como punto de referencia la <em>Paideia</em>, va a reaparecer como <em>expresión del camino de todo hombre hacia su perfeccionamiento según el  dictado de su naturaleza</em>. El concepto naturaleza hace referencia a la verdadera salvación que implica superar la ignorancia, y ésta siempre se vincula con <em>un tránsito que es moral y político</em>.</p>
<p>El <em>Gorgias </em>anticipa la conexión que el gobernante conjugará en su formación dentro de un estado ideal y anuncia el objetivo del verdadero estadista. Esta es una marca que Platón logra moderarla pero que es una fuerza imposible de superar en la cultura de la Atenas de aquella época. Todo esto, planteado en los términos de la doctora Demirdjia, tiene por objetivo ofrecernos un modelo que, aunque irrealizable ya en esos tiempos (mucho más que imposibles hoy), nos plantee unos marcos para pensar la relación entre la moral y la política, tan graves en el panorama actual.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Citado en la nota anterior.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> El término, procede del griego, creado como antónimo directo de <em>utopía</em>, término acuñado por el pensador inglés Tomás Moro (1478-1535), título de su obra más conocida, publicada en 1516, donde describe un modelo para una sociedad ideal con niveles mínimos de crimen, violencia y pobreza.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Si quieres darle de comer a un hombre un día, dale un pescado. Si quieres darle de comer toda la vida, enséñale a pescar. (Kuan-Tseu)</title>
		<link>https://kontrainfo.com/si-quieres-darle-de-comer-a-un-hombre-un-dia-dale-un-pescado-si-quieres-darle-de-comer-toda-la-vida-ensenale-a-pescar-kuan-tseu/</link>
					<comments>https://kontrainfo.com/si-quieres-darle-de-comer-a-un-hombre-un-dia-dale-un-pescado-si-quieres-darle-de-comer-toda-la-vida-ensenale-a-pescar-kuan-tseu/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[KontraInfo / RVL]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 24 Feb 2019 10:46:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ANÁLISIS]]></category>
		<category><![CDATA[FILOSOFÍA POLÍTICA]]></category>
		<category><![CDATA[Chuan Tse]]></category>
		<category><![CDATA[Kuan Tseu]]></category>
		<category><![CDATA[Platón]]></category>
		<category><![CDATA[Sócrates]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://kontrainfo.com/?p=14438</guid>

					<description><![CDATA[Por Ricardo Vicente López El pensamiento reflexivo, aquel que se aparta de la superficie de los hechos para mirar lo que estos, por sí no muestran, ha tenido representantes ilustres&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Ricardo Vicente López</p>
<p>El <em>pensamiento reflexivo</em>, aquel que se aparta de la superficie de los hechos para mirar lo que estos, por sí no muestran, ha tenido representantes ilustres en todos los tiempos. Ellos han sido los grandes Maestros de la historia. Y son, precisamente ellos, los que nos demandan que no permitamos que los medios de información nos arrastren, con su fuerza y su persistencia cotidiana, a caer en sus redes. Es mucho lo que está en juego, tanto como el futuro de la humanidad.</p>
<p>Para arriesgarnos en esta propuesta se nos exige que, cada uno de nosotros, aporte un poco de tiempo, voluntad, paciencia y perseverancia. Todo ello puede parecer una exageración, pero se trata de desarmar una estructura de pensamiento, la del <em>simple sentido común</em>, para incorporar otra que denominé el <em>pensamiento reflexivo</em>.  Como iniciación voy a presentar a dos de ellos: un chino Kuan-Tseu, es ubicado por la tradición probablemente en el siglo VI antes de nuestra era. Fue filósofo, hombre de profunda sabiduría, muy respetado y leído para pensar y educarse.</p>
<p>El otro, un griego ateniense, más conocido por nosotros, Sócrates (470-399 a. de C) fue un docente innovador, crítico y sencillo, que impulsó a sus discípulos a pensar. Discípulos eran todos aquellos que estuvieran dispuestos a conversar con él en calles o plazas. Fue contemporáneo de los sofistas, pero lo diferenciaba de estos que ellos cobraban por sus lecciones, mientras Sócrates enseñaba gratuitamente. Consideraba que <em>enseñar era una misión sagrada</em>. La base de sus enseñanzas proponían el control de los impulsos, la serenidad de espíritu, el alejamiento del lujo y las pasiones de lo cual deba testimonio con su ejemplo, puede ser considerado el fundador de la ética.</p>
<p>Los diferencia más de dos siglos de historia, pero fundamentalmente, el pertenecer a dos tradiciones culturales que dieron origen, varios siglos después, a lo que hoy conocemos  como Oriente y Occidente. La primera, la oriental, utilizó la narración, la metáfora, la analogía, como modos de comunicar sus conocimientos. En la segunda, la occidental, primó la forma del razonamiento lógico, el argumento, el discurso explicativo. Sin embargo, en el caso de los dos Maestros mencionados, lo que sobresale es su vocación docente, su necesidad de educar como camino de maduración y emancipación, de consolidación del hombre libre.</p>
<p>El título recuerda un proverbio de Kuan-Tseu que da mucho para pensar. Alguna tradición le atribuye a Lao-Tsé, tal vez un contemporáneo, haber dicho: “Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida”. Pero la existencia real de este pensador está muy cuestionada por los investigadores. De todos modos el contenido no se diferencia mucho.</p>
<p>La página web <a href="http://www.terra.org">www.terra.org</a> nos ofrece este comentario respecto del proverbio citado:</p>
<blockquote><p>“Un pescado a un hombre hambriento le permite saciar el hambre del momento… Darle un pescado cada día sólo evita que se muera de hambre. Sin embargo, <em>la esencia humana no está en el comer sino en disfrutar de la vida, y no hay mejor satisfacción que saciar la curiosidad y aprender de la vida. La verdadera revolución de los humanos es su cultura</em>. Pero esta cultura, que ahora es global, parece no tener el más mínimo interés en ello. Es necesario comprender que la verdadera revolución para combatir la irracionalidad, y no perder la razón, es aprender. <em>Aprender a ser y aprender a vivir en libertad</em>. Por ello, sólo podremos progresar como humanos en un mundo solidario. Enseñar a pescar es también ofrecer la posibilidad de ser libre, de no depender de otros. Abre nuevos caminos de realización personal. Ésa es la clave de la cooperación, de la solidaridad entre los seres humanos.</p></blockquote>
<p>El comentario abre caminos para el pensar, en los cuales aparece una diversidad de posibilidades que sólo el hombre libre, el que no depende de otro para sobrevivir, puede analizar y disponer. Agrego yo, ese aprender debe estar acompañado por una mirada atenta sobre esas posibilidades para discernir cuáles de todas ellas son las más favorables, las más útiles, para cada persona, en su situación de tiempo y espacio. Dicho de otro modo, no olvidando la maravillosa peculiaridad de lo humano de ser únicos e irrepetibles, por ello no todas las posibilidades son buenas, lo son aquellas que mejor sirvan a cada persona. De allí la importancia de <em>la libertad de elección</em> que requiere el ejercicio de un <em>pensamiento crítico</em>.</p>
<p>En otro proverbio, Kuan-Tseu, nos advierte respecto de que no todo es bueno. Nos recuerda, en otro fragmento, que «Creer o verificar, es una alternativa ineludible». Por ello no es admisible que el hombre libre crea, o admita o peor repita, toda información que recibe sin pasarla por el cernidero del <em>análisis crítico</em>. Esto es lo exigible para un buen ejercicio del discernimiento. La disyuntiva que plantea el Maestro, encuadra, con cierta rigidez, las posibilidades reales a las que se ve sometida toda persona que se comprometa con la dignidad humana. Ante ella no parece ofrecer escapatoria. Se impone un buen análisis para <em>verificar</em> (esta palabra viene del latín <em>veritas</em> = verdad y <em>facere</em> = hacer; “convertir en verdad”).</p>
<p>Y esto se torna mucho más grave hoy cuando, en estas últimas décadas, el dominio de los medios de comunicación en el espacio de la información pública, han marginalizado a todo otro tipo de información que puede criticar su accionar. Los grandes medios han definido, con una prepotencia oculta, pero no menos prepotencia, ser los portadores de la “verdad de los hechos informados”.</p>
<p>Dentro de los textos, del Maestro chino que han llegado hasta nosotros, la frase que más  puede impresionarnos, pero que exige más de una lectura, es esta:</p>
<blockquote><p>“Si tus planes son para dentro de un año, siembra trigo. Si son para diez años planta un árbol frutal. Y si son para dentro de cien años, educa a tu Pueblo. Porque sembrando trigo una vez, cosecharás una vez. Plantando un árbol cosecharás diez veces, pero <em>educando a tu pueblo cosecharás cien veces</em>”.</p></blockquote>
<p>Me parece muy sugestivo trazar un paralelo entre con Sócrates quien no escribió nada, pero a través de los <em>Diálogos</em> de su discípulo Platón, hemos podido conocer cómo ofrecía sus conocimientos. Lo que me atrae de ambos, como ya señalé, es una vocación compartida por educar. Su pensamiento se ha convertido en una lectura obligatoria de las carreras de Filosofía de casi todas las universidades. Su enseñanza se efectuaba mediante el diálogo, mediante el cual intentaba extraer verdades de su interlocutor y sacarlo de la ignorancia. En una primera instancia, el maestro se dedica a criticar el discurso que escuchaba de quien conversaba con él. Subrayaba sus falacias, e incluso llegando a ponerlo en ridículo al evidenciar sus contradicciones. Esta parte la denominaba la <em>ironía</em>. Luego viene la <em>mayéutica</em>, un diálogo metódico por el cual, el discípulo, comenzaba a descubrir las verdades por sí mismo.</p>
<p>Aquí podemos encontrar una similitud con aquello de “enséñales a pescar”, ahora diríamos “enséñale a pensar”. Aparece ya en Sócrates un muy buen ejemplo del rol del maestro como guía que orienta al discípulo a descubrir por <em>sí mismo</em>, por el ejercicio del pensamiento crítico. Éste obliga a revisar cada paso de sus ideas y del fundamento que las sostienen. El maestro no es el dueño de un saber que se le transmite ante un discípulo receptivo-pasivo.</p>
<p>Sin embargo, en muchas clases de filosofía, se cae en la contradicción de enseñar el pensamiento de Sócrates, que nos muestra su alumno Platón, como si fuera una lección a memorizar, para luego calificarla en un examen. No sólo no se forma a un filósofo, sino que se forma a un <em>profesor tradicional de filosofía</em> muy preocupado por <em>trasmitir contenidos</em> y no incorporar métodos y ejercicios críticos para liberar el pensamiento de mitos, tabúes. No le enseñamos a <em>pescar-pensar</em> para que no dependa de quien le ofrece los <em>pescados-ideas</em>.</p>
<p>Para ello es ilustrativo recordar que el vocablo <em>educación</em> lo heredamos del latín <em>educere</em> = guiar, exportar, extraer; a su vez deriva de <em>ducere</em> = conducir, guiar. De esto debemos recuperar el concepto de acompañar al <em>discípulo</em> el que aprende o se deja enseñar. Ante él la tarea del educador es ayudarlo a que reconozca lo que guarda en su interior para que crezca y florezca. La figura que mejor lo representa es la del jardinero, que cuida y acompaña el crecimiento para que la planta dé sus mejores y más hermosas flores.</p>
<p>Amigo lector, espero que yo haya podido hacerme entender, que se comprenda el porqué de aquellas exigencias del principio. Mi deseo es que al leerme comience a pensar y criticar, incluyendo lo que yo escribo.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://kontrainfo.com/si-quieres-darle-de-comer-a-un-hombre-un-dia-dale-un-pescado-si-quieres-darle-de-comer-toda-la-vida-ensenale-a-pescar-kuan-tseu/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Sócrates, la Ley y la desobediencia civil</title>
		<link>https://kontrainfo.com/socrates-la-ley-y-la-desobediencia-civil/</link>
					<comments>https://kontrainfo.com/socrates-la-ley-y-la-desobediencia-civil/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[KontraInfo / RVL]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Dec 2018 19:47:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[ANÁLISIS]]></category>
		<category><![CDATA[FILOSOFÍA POLÍTICA]]></category>
		<category><![CDATA[Platón]]></category>
		<category><![CDATA[Sócrates]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://kontrainfo.com/?p=13859</guid>

					<description><![CDATA[Por Ricardo Vicente López En tiempos en los que los valores pierden su función de ser faros que iluminen la inteligencia y guíen las conductas; en los que los relativismos&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Ricardo Vicente López</p>
<p>En tiempos en los que los valores pierden su función de ser faros que iluminen la inteligencia y guíen las conductas; en los que los relativismos se apoderan de toda argumentación menospreciando la verdad; en los que ser coherente y dar testimonio de vida respecto de lo que se dice creer es ser antiguo; en los que las inconsistencias de las argumentaciones reemplazan a las afirmaciones bien fundadas; “en los que no hay ninguna verdad que se resista frente a dos pesos moneda nacional”. Si todo es así se puede tener la certeza de que se está en una época de decadencia, sumida en un crepúsculo cultural. Época en la que “¡ya murió el criterio! ¡Vale Jesús lo mismo que el ladrón!”</p>
<p>Amigo lector, Ud. puede estar pensando que hablo de estos tiempos de hoy… Lo triste es que no son muy diferentes a los que le tocó vivir a Sócrates [Atenas, 470- 399 a. C.]. Él era un devoto admirador de la cultura ateniense y un firme defensor de la ley. Pero le tocó un tiempo entre un mundo que fenece y otro que está por nacer. Esos tiempos han estado siempre atravesados por grandes incertidumbres. Muy parecido al mundo en el que estamos.</p>
<p>Por ello es muy interesante un diálogo que aparece en uno de los títulos de Platón que lleva el nombre <em>Critón</em>. Éste fue amigo, contemporáneo y discípulo de Sócrates. Se tratan temas como la «opinión de la mayoría», «la Justicia» y «Las Leyes». Pero ambos representan dos tiempos distintos.</p>
<p>La escena que se narra encuentra a Sócrates en una celda esperando su ejecución. Su amigo lo va a visitar. Está acongojado por la injusta sentencia que se cumplirá en breve. Critón, que es una persona de una gran fortuna, le propone sobornar al carcelero para escapar. Sócrates rechaza la propuesta y no acepta los argumentos que esgrime su amigo. Elige someterse a la ley, pues sostiene que ella está por encima de todo. Como buen ciudadano que es, debe respetarla y aceptarla aunque, en este caso, fuera injusta.</p>
<p>Sócrates, representa la vieja mentalidad del siglo V, del viejo esplendor ateniense. Por su amor a Atenas, opta por aceptar el veredicto de la ley, aunque no fuera justo. Su amigo Critón, por el contrario, rechaza sus argumentos pues él, hombre de negocios con un espíritu más pragmático, se aferra a consideraciones prácticas. Él percibe el derrumbe cultural, la pérdida de valores. Se considera un hijo del nuevo espíritu del siglo IV, plena decadencia de Atenas. Se muestra partidario de desobedecer a los jueces pues “la fe en la patria se ha desmoronado”.</p>
<p>Critón se muestra partidario del relativismo, en una época que desestima lo transcendental. El amigo y discípulo de Sócrates, considera que “las leyes no nos obligan a nada. Y, ya que no nos proporcionan ningún beneficio, no tenemos para con ellas ni deberes ni obligaciones”. Una sociedad pervertida, carece de autoridad para imponer una ley que emana de jueces corruptos.</p>
<p>Sócrates responde a Critón, cuando éste le habla de fugarse: “Si en un momento  determinado las leyes nos perjudican y creemos que están equivocadas, ¿por qué no pensamos así también que están equivocadas cuando nos beneficiaban?” Responde así en los términos de las reflexiones de Critón, rechazando la maleabilidad de criterios según convengan o no.</p>
<p>Han pasado 2.500 años de aquel diálogo, sin embargo la alternativa vuelve a ser la misma. ¿De qué lado nos colocamos? ¿A quién le creemos a Sócrates o a Critón? Sin embargo, debo yo agregar, como una tercera variable, que no comparto la defensa del valor de la Ley por sí misma, como hace Sócrates. Pero tampoco avalo la postura de Critón.</p>
<p>Justicia y Ley son cosas diferentes: la primera contiene un fundamento ético; la segunda es el resultado de hombres que viven en tiempos de sociedades injustas, atrapados en juegos de poder. Nos encontramos frente a dos posturas filosóficas que se apoyan en desiguales concepciones de la Justicia y de la Ley.  Le presento, amigo lector, a dos representantes de cada una de ellas.</p>
<p>El jurista, filósofo y escritor, defensor del Imperio romano, Marco Tulio Cicerón (106-43 a. C.) quien sentenció: «Seamos  esclavos de la ley para poder ser libres», argumento que defiende el orden establecido, sin reparar en las injusticias de las sociedades desiguales.</p>
<p>En una actitud, poco usual hoy, de asumir y denunciar la injusticia de la Ley para los de abajo, Martín Fierro nos dice: “La ley es tela de araña/ &#8211;en mi inorancia lo esplico&#8211;./ No la tema el hombre rico; nunca la tema el que mande; pues la ruempe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos./ Es la ley como la lluvia: nunca puede ser pareja;/ el que la aguanta se queja,/ pero el asunto es sencillo: la ley es como el cuchillo: no ofiende a quien lo maneja”.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://kontrainfo.com/socrates-la-ley-y-la-desobediencia-civil/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
