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	<title>Partido Peronista Femenino &#8211; KontraInfo</title>
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	<title>Partido Peronista Femenino &#8211; KontraInfo</title>
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	<item>
		<title>Eva Perón sobre el feminismo: «de nada valdría un movimiento femenino en un mundo sin justicia social»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[KontraInfo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 08 May 2019 01:57:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Doctrina Peronista]]></category>
		<category><![CDATA[Eva Perón]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Partido Peronista Femenino]]></category>
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					<description><![CDATA[Eva Perón fue sin dudas la dirigente política argentina que más logros consiguió en favor de las mujeres a lo largo de todo el siglo XX: la Ley de Sufragio&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-15428" src="https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2019/05/EvaPeronylasMujeres.jpg" alt="" width="748" height="421" srcset="https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2019/05/EvaPeronylasMujeres.jpg 748w, https://kontrainfo.com/wp-content/uploads/2019/05/EvaPeronylasMujeres-640x360.jpg 640w" sizes="(max-width: 748px) 100vw, 748px" /></p>
<p>Eva Perón fue sin dudas la dirigente política argentina que más logros consiguió en favor de las mujeres a lo largo de todo el siglo XX: la Ley de Sufragio Femenino en 1947; la construcción del Partido Peronista Femenino, que llegó a tener más de 3000 unidades básicas en todo el territorio nacional y facilitó la incorporación de la mujer en el Congreso, en proporciones inéditas para su tiempo y la región; la provisión de elementos de trabajo a miles de mujeres para que pudieran tener un sostén económico y hasta propuso que el Estado otorgue un salario mensual a todas las amas de casa, con asignación por hijo incluida. Concretó estos logros mientras reafirmaba sus críticas al feminismo liberal y de cuño marxista, que hoy y ayer la miraron con desdén. Siguiendo a Perón y a la antropología cristiana, Evita valoraba los roles femeninos y masculinos como de fuerte complementariedad, considerando positivamente la función social de la familia y celebrando la maternidad. Sostenía que <em>«de nada nos valdría un movimiento femenino organizado en un mundo sin justicia social».</em> Dedicó la tercera parte de su histórico libro, <em>«La Razón de Mi Vida»</em>, precisamente a las mujeres, muy lejos tanto de los estereotipos machistas de la época como de las tergiversaciones actuales de quienes solo ven en ella un ícono a llenar con semánticas que le eran ajenas. En sus textos, lamentablemente poco leídos, Evita muestra en definitiva una perspectiva completa e integral de la mujer, protagonista de todos los campos de lo humano<strong>.</strong></p>
<p><strong>Compartimos este inmenso legado de Eva Perón:</strong></p>
<p><strong>La Razón de Mi Vida: CAPÍTULO XLVII : LAS MUJERES Y MI MISIÓN</strong></p>
<p>Mi trabajo en el movimiento femenino nació y creció,<br />
lo mismo que mi obra de ayuda social y que mi actividad<br />
sindical: poco a poco y más bien por fuerza de las<br />
circunstancias que por decisión mía.<br />
No será esto lo que muchos se imaginan que ocurrió&#8230;<br />
pero es la verdad.<br />
Más romántico o más poético o más literario y<br />
novelesco sería que yo dijese por ejemplo que todo lo que hago<br />
ahora lo intuía&#8230; como una vocación o como un destino<br />
especial.<br />
¡Pero no es así!<br />
Lo único que traje al campo de estas luchas como<br />
preparación fueron sentimientos como aquellos que me hacían<br />
pensar en el problema de los pobres y de los ricos.<br />
Pero nada más.<br />
Nunca imaginé que me iba a tocar algún día encabezar<br />
un movimiento femenino en mi país y menos aun un<br />
movimiento político.<br />
Las circunstancias me abrieron el camino.<br />
¡Ah! Pero yo no me quedé en mi cómodo lugar de Eva<br />
Perón. Camino que se abrió entre mis ojos fué camino que<br />
tomé, si andar por él podía ayudar un poco a la causa de Perón,<br />
que es la causa del pueblo.<br />
Yo me imagino que muchas otras mujeres han visto<br />
antes que yo los caminos que recorro.<br />
La única diferencia entre ellas y yo es que ellas se<br />
quedaron y yo me largué. En realidad yo debo confesar que si<br />
me animé a la lucha no fué por mí sino por él&#8230; ¡Por Perón!<br />
El me animó a subir.<br />
¡Me sacó de la “bandada de gorriones”!<br />
Me enseñó mis primeros pasos de todas mis andanzas.<br />
Después, no me faltó nunca el estímulo poderoso y<br />
extraordinario de su amor.<br />
Reconozco, ante todo, que empecé trabajando en el<br />
movimiento femenino porque así lo exigía la causa de Perón.<br />
Todo comenzó poco a poco.<br />
Cuando me di cuenta presidía ya un movimiento político<br />
femenino&#8230; y, sobre la marcha, tuve que aceptar la conducción<br />
espiritual de las mujeres de mi Patria.<br />
Esto me exigió meditar los problemas de la mujer. Y<br />
más que meditarlos, me exigió sentirlos y sentirlos a la luz de la<br />
Doctrina con la que Perón empezaba a construir una Nueva<br />
Argentina.<br />
Recuerdo con qué extraordinario cariño de amigo y de<br />
maestro fué el General Perón mostrándome los infinitos<br />
problemas de la mujer en mi Patria y en el mundo.<br />
En esas conversaciones advertí una vez más lo genial de<br />
su figura.<br />
Millones de hombres han pasado como él frente al<br />
problema cada vez más agudo de la mujer en la humanidad de<br />
este siglo angustiado, y creo que muy pocos se han detenido y<br />
lo han penetrado como él, como Perón, hasta lo más íntimo.<br />
El me enseñó en esto, como en todas las cosas, el<br />
camino.<br />
Las feministas del mundo dirán que empezar así un<br />
movimiento femenino es poco femenino&#8230; ¡empezar<br />
reconociendo en cierto modo la superioridad de un hombre!<br />
No me interesa sin embargo la crítica.<br />
Además, reconocer la superioridad de Perón es una cosa<br />
distinta.<br />
¡Además&#8230; me he propuesto escribir la verdad!</p>
<p><strong>XLVIII: EL PASO DE LO SUBLIME A LO RIDICULO</strong></p>
<p>Confieso que el día que me vi ante la posibilidad del<br />
camino “feminista” me dió un poco de miedo.<br />
¿Qué podía hacer yo , humilde mujer del pueblo, allí<br />
donde otras mujeres, más preparadas que yo, habían fracasado<br />
rotundamente?<br />
¿Caer en el ridículo? ¿Integrar el núcleo de mujeres<br />
resentidas con la mujer y con el hombre, como ha ocurrido con<br />
innumerables líderes feministas?<br />
Ni era soltera entrada en años, ni era tan fea por otra<br />
parte como para ocupar un puesto así&#8230; que, por lo general, en<br />
el mundo, desde las feministas inglesas hasta aquí, pertenece,<br />
casi con exclusivo derecho, a las mujeres de ese tipo&#8230; mujeres<br />
cuya primera vocación debió ser indudablemente la de hombres.<br />
¡Y así orientaron los movimientos que ellas condujeron!<br />
Parecían estar dominadas por el despecho de no haber<br />
nacido hombres, más que por el orgullo de ser mujeres.<br />
Creían incluso que era una desgracia ser mujeres&#8230;<br />
Resentidas con las mujeres porque no querían dejar de serlo y<br />
resentidas con los hombres porque no las dejaban ser como<br />
ellos, las “feministas”, la inmensa mayoría de las feministas del<br />
mundo en cuanto me es conocido, constituían una rara especie<br />
de mujeres&#8230; ¡que no me pareció nunca del todo mujer!<br />
Y yo no me sentía muy dispuesta a parecerme a ellas.<br />
Un día el General me dió la explicación que yo<br />
necesitaba.<br />
“— ¿No ves que ellas han errado el camino? Quieren ser<br />
hombres. Es como si para salvar a los obreros yo los hubiese<br />
querido hacer oligarcas. Me hubiese quedado sin obreros. Y<br />
creo que no hubiese podido mejorar en nada a la oligarquía. No<br />
ves que esa clase de “feministas” reniega de la mujer. Algunas<br />
ni siquiera se pintan&#8230; porque eso, según ellas es propio de<br />
mujeres. ¿No ves que quieren ser hombres? Y si lo que necesita<br />
el mundo es un movimiento político y social de mujeres&#8230; ¡qué<br />
poco va a ganar el mundo si las mujeres quieren salvarlo<br />
imitándonos a los hombres! Nosotros ya hemos hecho solos,<br />
demasiadas cosas raras y hemos embrollado todo, de tal<br />
manera, que no sé si se podrá arreglar de nuevo al mundo. Tal<br />
vez la mujer pueda salvarnos a condición de que no nos imite.”<br />
Yo recuerdo bien aquella lección del General.<br />
Nunca me pareció tan claro y tan luminoso su<br />
pensamiento.<br />
Eso era lo que yo sentía.<br />
Sentía que el movimiento femenino en mi país y en todo<br />
el mundo tenía que cumplir una función sublime&#8230; y todo<br />
cuanto yo conocía del feminismo me parecía ridículo. Es que,<br />
no conducido por mujeres sino por “eso” que aspirando a ser<br />
hombre, dejaba de ser mujer ¡y no era nada!, el feminismo<br />
había dado el paso que va de lo sublime a lo ridículo.<br />
¡Y ése es el paso que trato de no dar jamás!</p>
<p><strong>XLIX: QUISIERA MOSTRARLES UN CAMINO</strong></p>
<p>Lo primero que tuve que hacer en el movimiento<br />
femenino de mi Patria, fué resolver el viejo problema de los<br />
derechos políticos de la mujer.<br />
Durante un siglo — el siglo oscuro y doloroso de la<br />
oligarquía egoísta y vendepatria — políticos de todos los<br />
partidos prometieron muchas veces dar el voto a la mujer.<br />
Promesas que nunca cumplieron, como todas las que ellos<br />
hicieron al pueblo.<br />
Tal vez fué eso una suerte.<br />
Si las mujeres hubiésemos empezado a votar en los<br />
tiempos de la oligarquía, el desengaño hubiese sido demasiado<br />
grande&#8230; ¡Tan grande como el engaño mismo de aquellas<br />
elecciones en la que todo desmán, todo fraude y toda mentira<br />
eran normales!<br />
Mejor que no hayamos tenido entonces ningún derecho.<br />
Ahora tenemos una ventaja sobre los hombres: ¡No hemos sido<br />
burladas&#8230;! ¡No hemos entrado en ninguna rara confabulación<br />
política! no nos ha manoseado todavía la lucha de ambiciones&#8230;<br />
Y, sobre todo, nacemos a la vida cívica bajo la bandera de<br />
Perón, cuyas elecciones son modelo de pureza y honradez, tal<br />
como lo reconocen incluso sus más enconados adversarios, que<br />
sólo se rinden a la verdad cuando no es posible inventar ya una<br />
sola mentira.<br />
Hoy la mujer argentina puede votar y&#8230; yo no voy a<br />
repetir la frase de un político que al ofrecer a sus conciudadanos<br />
una ley electoral dijo demasiado solemnemente:<br />
— “¡Sepa el pueblo votar!”<br />
No. Yo creo que el pueblo siempre supo votar. Lo malo<br />
es que no siempre le fué posible votar. Con la mujer sucede lo<br />
mismo.<br />
Y sabrá votar. Aunque no es fundamental en el<br />
movimiento femenino, el voto es su instrumento poderoso y con<br />
él las mujeres del mundo tenemos que conquistar todos nuestros<br />
derechos&#8230; o mejor dicho el gran derecho de ser simplemente<br />
mujeres y poder cumplir así, en forma total y absoluta, la<br />
misión que como mujeres debemos cumplir en la humanidad.<br />
Lo que yo creo que no podemos olvidar jamás es una<br />
cosa que siempre repite Perón a los hombres..: que el voto, vale<br />
decir la “política”, no es un fin sino un medio&#8230;<br />
Yo creo que los hombres, en su gran mayoría, sobre<br />
todo en los grandes partidos políticos, no entendieron nunca<br />
bien esto. Por eso fracasaron siempre. Nuestro destino de<br />
mujeres depende de que no hagamos lo mismo.<br />
Pero&#8230; yo no quiero detenerme tanto en este asunto de<br />
los derechos políticos de la mujer.<br />
Más que eso me interesa ahora la mujer misma.<br />
Siento que necesita salvarse.<br />
Yo quisiera mostrarle un camino.</p>
<p><strong>L: EL HOGAR O LA FABRICA</strong></p>
<p>Todos los días millares de mujeres abandonan el campo<br />
femenino y empiezan a vivir como hombres.<br />
Trabajan casi como ellos. Prefieren, como ellos, la calle<br />
a la casa. No se resignan a ser ni madres, ni esposas.<br />
Sustituyen al hombre en todas partes.<br />
¿Eso es “feminismo? Yo pienso que debe ser más bien<br />
masculinización de nuestro sexo.<br />
Y me pregunto si todo este cambio ha solucionado<br />
nuestro problema.<br />
Pero no. Todos los males argentinos siguen en pie y aun<br />
aparecen otros nuevos. Cada día es mayor el número de mujeres<br />
jóvenes convencidas de que el peor negocio para ellas es formar<br />
un hogar.<br />
Y sin embargo para eso nacimos.<br />
Allí está nuestro más grave problema.<br />
Nos sentimos nacidas para el hogar y el hogar nos<br />
resulta demasiada carga para nuestros hombros.<br />
Renunciamos al hogar entonces&#8230; salimos a la calle en<br />
busca de una solución&#8230; sentimos que la solución es<br />
independizarnos económicamente y trabajamos en cualquier<br />
parte&#8230; pero ese trabajo nos iguala a los hombres y&#8230; ¡no! no<br />
somos como ellos&#8230; ellos pueden vivir solos&#8230; nosotras no&#8230;<br />
nosotras sentimos necesidad de compañía, de una compañía<br />
total&#8230; sentimos la necesidad de darnos más que de recibir&#8230; ¡No<br />
podemos trabajar nada más que para ganar un sueldo como los<br />
hombres!<br />
Y por otra parte, si renunciamos al trabajo que nos<br />
independiza para formar un hogar&#8230; quemamos allí mismo<br />
nuestras naves definitivamente.<br />
Ninguna profesión en el mundo tiene menos<br />
posibilidades de retorno como nuestra profesión de mujeres.<br />
Aun si nos elige un hombre bueno&#8230; nuestro hogar no<br />
siempre será lo que hemos soñado cuando solteras.<br />
En las puertas del hogar termina la nación entera y<br />
comienzan otras leyes y otros derechos&#8230; la ley y el derecho del<br />
hombre&#8230; que muchas veces sólo es un amo y a veces también&#8230;<br />
dictador.<br />
Y allí nadie puede intervenir.<br />
La madre de familia está al margen de todas las<br />
previsiones. Es el único trabajador del mundo que no conoce<br />
salario, ni garantía de respeto, ni límites de jornadas, ni<br />
domingo, ni vacaciones, ni descanso alguno, ni indemnización<br />
por despido, ni huelgas de ninguna clase&#8230; Todo eso — así lo<br />
hemos aprendido desde “chicas” — pertenece a la esfera del<br />
amor&#8230; ¡y lo malo es que el amor muchas veces desaparece<br />
pronto en el hogar&#8230; y entonces, todo pasa a ser “trabajo<br />
forzado”&#8230; obligaciones sin ningún derecho&#8230;! ¡Servicio gratuito<br />
a cambio de dolor y sacrificios!<br />
Yo no digo que siempre sea así. No tendría yo derecho a<br />
decir nada, desde que mi hogar es feliz&#8230; si no viera todos los<br />
días el dolor de tantas mujeres que viven así&#8230; sin ningún<br />
horizonte, sin ningún derecho, sin ninguna esperanza.<br />
Por eso cada día hay menos mujeres para formar<br />
hogares&#8230;<br />
¡Hogares verdaderos, unidos y felices! Y cada día el<br />
mundo necesita en realidad más hogares y, para eso, más<br />
mujeres dispuestas a cumplir bien su destino y su misión. Por<br />
eso el primer objetivo de un movimiento femenino que quiera<br />
hacer bien a la mujer&#8230; que no aspire a cambiarlas en hombres,<br />
debe ser el hogar.<br />
Nacimos para constituir hogares. No para la calle. La<br />
solución nos la está indicando el sentido común. ¡Tenemos que<br />
tener en el hogar lo que salimos a buscar en la calle: nuestra<br />
pequeña independencia económica&#8230; que nos libere de ser<br />
pobres mujeres sin ningún horizonte, sin ningún derecho y sin<br />
ninguna esperanza!</p>
<p><strong>LI: UNA IDEA</strong></p>
<p>Porque en realidad con las mujeres debe suceder lo<br />
mismo que con los hombres, las familias o las naciones:<br />
mientras no son económicamente libres, nadie les asigna ningún<br />
derecho.<br />
Me imagino que mucha gente verá en esta opinión mía,<br />
muy personal y muy mía, un concepto demasiado materialista.<br />
Y no es así. Yo creo en los valores espirituales. Por otra<br />
parte, eso es lo que nos enseña la doctrina justicialista de Perón.<br />
Por eso mismo, porque creo en el espíritu, considero que es<br />
urgente conciliar en la mujer su necesidad de ser esposa y<br />
madre con esa otra necesidad de derechos que como persona<br />
humana digna lleva también en lo más íntimo de su corazón.<br />
Y un principio de solución pienso yo que será aquella<br />
pequeña independencia económica de la que he hablado.<br />
Si no le hallamos una solución a nuestro dilema, pronto<br />
sucederá en el mundo una cosa inconcebible: sólo aceptarán<br />
constituir un hogar verdadero (no medio hogar o medio<br />
matrimonio) las mujeres menos capaces&#8230; las que no encuentren<br />
fuera del matrimonio o del hogar otra solución “económica”<br />
que sustente sus derechos mínimos.<br />
Descenderá entonces la jerarquía de madre de familia al<br />
nivel de lo ridículo. Se dirá — y ya se está diciendo — que sólo<br />
las tontas queman las naves casándose, creando un hogar,<br />
cargándose de hijos.<br />
¡Y eso no puede suceder en el mundo!<br />
Son los valores morales los que han quebrado en esta<br />
actualidad desastrosa: y no serán los hombres quienes los<br />
restituyan a su antiguo prestigio&#8230; y no serán tampoco las<br />
mujeres masculinizadas. No. ¡Serán otra vez las madres!<br />
Esto no sé como probarlo, pero lo siento como una<br />
verdad absoluta.<br />
Pero ¿cómo conciliar todas las cosas?<br />
Para mí sería muy sencillo y no sé si por demasiado<br />
sencillo me parece demasiado fácil y a lo mejor&#8230;<br />
impracticable; aunque muchas veces he visto cómo las cosas<br />
que todos estiman demasiado simples son la clave del éxito, el<br />
secreto de la victoria.<br />
Pienso que habría que empezar por señalar para cada<br />
mujer que se casa una asignación mensual desde el día de su<br />
matrimonio.<br />
Un sueldo que pague a las madres toda la nación y que<br />
provenga de los ingresos de todos los que trabajan en el país,<br />
incluidas las mujeres.<br />
Nadie dirá que no es justo que paguemos un trabajo que,<br />
aunque no se vea, requiere cada día el esfuerzo de millones y<br />
millones de mujeres cuyo tiempo, cuya vida se gasta en esa<br />
monótona pero pesada tarea de limpiar la casa, cuidar la ropa,<br />
servir la mesa, criar los hijos&#8230;, etc.<br />
Aquella asignación podría ser inicialmente la mitad del<br />
salario medio nacional y así la mujer ama de casa, señora del<br />
hogar, tendría un ingreso propio ajeno a la voluntad del hombre.<br />
Luego podrían añadirse a ese sueldo básico los<br />
aumentos por cada hijo, mejoras en caso de viudez, pérdida por<br />
ingreso a las filas del trabajo, en una palabra todas las<br />
modalidades que se consideren útiles a fin de que no se<br />
desvirtúen los propósitos iniciales.<br />
Yo solamente lanzo la idea. Será necesario darle forma y<br />
convertirla, si conviene, en realidad.<br />
Yo sé que para nosotras, las mujeres de mi Patria, el<br />
problema no es grave ni urgente.<br />
Por eso no quiero llevar todavía esta idea al terreno de<br />
las realizaciones. Será mejor que la idea sea meditada por todas.<br />
Cuando llegue el momento la idea estará madura.<br />
La solución que yo aporto es para que no se sienta<br />
menos la mujer que funda un hogar que la mujer que gana su<br />
vida en una fábrica o en una oficina.<br />
Pero no es toda la solución del viejo problema. Hay que<br />
añadir a ella una mejor utilización del progreso y de la técnica<br />
al servicio del hogar.<br />
Y es necesario elevar la cultura general de la mujer para<br />
que todo eso: independencia económica y progreso técnico sepa<br />
usarlo en beneficio de sus derechos y de su libertad sin que<br />
pierda de vista su maravillosa condición de mujer; lo único que<br />
no puede y que no debe perder jamás si no quiere perderlo todo.<br />
Todo esto me recuerda un poco aquello que fué el<br />
programa básico de Perón en su lucha por la liberación de los<br />
obreros.<br />
El decía que era menester elevar la cultura social,<br />
dignificar el trabajo y humanizar el capital.<br />
Yo, imitándolo siempre, me permito decir que para<br />
salvar a la mujer y por lo tanto al hogar es necesario también<br />
elevar la cultura femenina, dignificar el trabajo y humanizar su<br />
economía dándole cierta independencia individual mínima.<br />
Solamente así, la mujer podrá prepararse para ser esposa<br />
y madre tal como se prepara para ser una dactilógrafa&#8230;<br />
Así se salvarán muchas mujeres de la delincuencia y la<br />
prostitución que son frutos de su esclavitud económica.<br />
Así se salvará el hogar del desprestigio y le dará<br />
verdadera jerarquía de piedra fundamental de la humanidad.<br />
Sé que mi solución es más bien una puerta que un<br />
camino. Veo que es todavía poco lo que ella significa y que es<br />
incompleta. Creo que es necesario hacer mucho más todavía<br />
que eso.<br />
Porque no se trata de devolver al hogar un prestigio que<br />
nunca tuvo sino de darle el que nunca conoció.<br />
Yo he tenido que crear muchos institutos donde se cuida<br />
a los niños, queriendo sustituir una cosa que es insustituible:<br />
una madre y un hogar. Pero sueño siempre con el día en que no<br />
sean ya necesarios&#8230; cuando la mujer sea lo que debe ser; reina<br />
y señora de una familia digna, libre de toda necesidad<br />
económica apremiante.<br />
Para que ese día llegue es necesario que el movimiento<br />
femenino de cada país y del mundo entero se una en el esfuerzo<br />
que tiende a realizar el gran objetivo; y que el justicialismo sea<br />
una realidad en todas partes. De nada nos valdría un<br />
movimiento femenino organizado en un mundo sin justicia<br />
social.<br />
Sería como un gran movimiento obrero en un mundo sin<br />
trabajo. ¡No serviría para nada!</p>
<p><strong>LII: LA GRAN AUSENCIA</strong></p>
<p>Yo creo que el movimiento femenino organizado como<br />
fuerza en cada país y en todo el mundo debe hacerle y le haría<br />
un gran bien a toda la humanidad.<br />
No sé en donde he leído alguna vez que en este mundo<br />
nuestro, el gran ausente es el amor.<br />
Yo, aunque sea un poco de plagio, diré más bien que el<br />
mundo actual padece de una gran ausencia: la de la mujer.<br />
Todo, absolutamente todo en este mundo<br />
contemporáneo, ha sido hecho según la medida del hombre.<br />
Nosotros estamos ausentes en los gobiernos.<br />
Estamos ausentes en los Parlamentos.<br />
En las organizaciones internacionales.<br />
No estamos ni en el Vaticano ni en el Kremlin.<br />
Ni en los Estados mayores de los imperialismos.<br />
Ni en las “comisiones de la energía atómica”.<br />
Ni en los grandes consorcios.<br />
Ni en la masonería, ni en las sociedades secretas.<br />
No estamos en ninguno de los grandes centros que<br />
constituyen un poder en el mundo.<br />
Y sin embargo estuvimos siempre en la hora de la<br />
agonía y en todas las horas amargas de la humanidad.<br />
Parece como si nuestra vocación no fuese<br />
sustancialmente la de crear sino la del sacrificio.<br />
Nuestro símbolo debería ser el de la madre de Cristo al<br />
pie de la cruz.<br />
Y sin embargo nuestra más alta misión no es ésa sino<br />
crear.<br />
Y no me explico pues por qué no estamos allí donde se<br />
quiere crear la felicidad del hombre.<br />
¿Acaso no tenemos con el hombre un destino común?<br />
¿Acaso no debemos hacer juntos la felicidad de la familia?<br />
Tal vez por no habernos invitado a sus grandes<br />
organizaciones sociales el hombre ha fracasado y no ha podido<br />
hacer feliz a la humanidad.<br />
El hombre ha creado, para solucionar los grandes<br />
problemas del mundo, una serie casi infinita de doctrinas.<br />
Ha creado una doctrina para cada siglo.<br />
Y luego de probarla, vencido, ha intentado otra y así<br />
sucesivamente.<br />
Se ha apasionado por cada doctrina como si fuese<br />
definitiva solución. Le ha importado más la doctrina que el<br />
hombre y que la humanidad.<br />
Y eso se explica: el hombre no tiene una cuestión<br />
personal con la humanidad como nosotras.<br />
Para el hombre la humanidad es un problema social,<br />
económico y político.<br />
Para nosotras, la humanidad es un problema de<br />
creación&#8230; como que cada mujer y cada hombre representa<br />
nuestro dolor y nuestro sacrificio.<br />
El hombre acepta demasiado fácilmente la destrucción<br />
de otro hombre o de una mujer, de un anciano o de un niño.<br />
¡No sabe lo que cuesta crearlos!<br />
¡Nosotras sí!<br />
Por eso nosotras, mujeres de toda la tierra, tenemos,<br />
además de nuestra vocación creadora, otra, de conservación<br />
instintiva: la sublime vocación de la paz.<br />
No quiero decir con esto que debamos preferir la paz a<br />
todo.<br />
No. Sabemos que hay causas mayores que la paz, pero<br />
son menos para nosotras que para los hombres.<br />
No entendemos que pueda hacerse la guerra por un<br />
imperialismo, menos por un predominio económico, no<br />
comprendemos la guerra en son de conquista.<br />
Aunque sabemos, sí, que hay guerras de justicia,<br />
pensamos que hasta hoy en el mundo todavía los hombres no<br />
han peleado sino muy poco por aquella justicia.<br />
Cuando el hombre nos dé un lugar en sus decisiones<br />
trascendentales habrá llegado la hora de hacer valer nuestra<br />
opinión tal vez menos del cerebro que del corazón.<br />
Pero ¿acaso no es nuestro corazón el que debe sufrir las<br />
consecuencias de los errores “cerebrales” del hombre?<br />
Yo no desprecio al hombre ni desprecio su inteligencia,<br />
pero si en muchos lugares del mundo hemos creado juntos<br />
hogares felices, ¿por qué no podemos hacer juntos una<br />
humanidad feliz?<br />
Ese debe ser nuestro objetivo.<br />
Nada más que ganar el derecho de crear, junto al<br />
hombre, una humanidad mejor.</p>
<p><strong>LIII: EL PARTIDO PERONISTA FEMENINO</strong></p>
<p>El partido femenino que yo dirijo en mi país está<br />
vinculado lógicamente al movimiento Peronista pero es<br />
independiente como partido del que integran los hombres.<br />
Esto lo he dispuesto precisamente para que las mujeres<br />
no se masculinicen en su afán político.<br />
Así como los obreros sólo pudieron salvarse por sí<br />
mismos y así como siempre he dicho, repitiéndolo a Perón, que<br />
“solamente los humildes salvarán a los humildes”, también<br />
pienso que únicamente las mujeres serán la salvación de las<br />
mujeres.<br />
Allí está la causa de mi decisión de organizar el partido<br />
femenino fuera de la organización política de los hombres<br />
peronistas.<br />
Nos une totalmente el Líder, único e indiscutido para<br />
todos.<br />
Nos unen los grandes objetivos de la doctrina y del<br />
movimiento Peronista.<br />
Pero nos separa una sola cosa: nosotras tenemos un<br />
objetivo nuestro que es redimir a la mujer.<br />
Este objetivo está en la doctrina justicialista de Perón<br />
pero nos toca a nosotras, mujeres, alcanzarlo.<br />
Para ello incluso deberemos ganar previamente la<br />
colaboración efectiva de los hombres.<br />
En esto soy optimista. Los hombres del peronismo que<br />
nos dieron el derecho de votar, no han de quedarse ahora atrás&#8230;<br />
La organización del partido femenino ha sido para mí<br />
una de las empresas más difíciles que me ha tocado realizar.<br />
Sin ningún precedente en el país — creo que ésta ha<br />
sido mi suerte — y sin otro recurso que mucho corazón puesto<br />
al servicio de una gran causa, llamé un día a un grupo pequeño<br />
de mujeres.<br />
Eran apenas treinta.<br />
Todas muy jóvenes. Yo las había conocido como<br />
colaboradoras mías infatigables en la ayuda social, como<br />
fervientes peronistas de todas las horas, como fanáticas de la<br />
causa de Perón.<br />
Tenía que exigirles grandes sacrificios: abandonar al<br />
hogar, el trabajo, dejar prácticamente una vida para empezar<br />
otra distinta, intensa y dura.<br />
Para eso necesitaba mujeres así, infatigables, fervientes,<br />
fanáticas.<br />
Era indispensable ante todo “censar” a todas las mujeres<br />
que a lo largo y a lo ancho del país sentían nuestra fe peronista.<br />
Esa empresa requería mujeres intrépidas dispuestas a<br />
trabajar día y noche.<br />
De aquellas treinta mujeres sin otra ambición que la de<br />
servir a la causa justicialista sólo muy pocas me fallaron&#8230;<br />
Quiere decir que eligiéndolas por su amor a la causa más<br />
que por otras razones, elegí bien.<br />
Todas están hoy todavía trabajando como el primer día.<br />
Me encanta seguir desde cerca la marcha de todo el<br />
movimiento. Lo importante es que conservan intacto el sello<br />
femenino que yo quise infundirles.<br />
Esto me acarreó algunas dificultades iniciales.<br />
En zonas apartadas del país hubo algunos “caudillos”<br />
políticos — muy pocos felizmente quedan ya en el movimiento<br />
Peronista; la mayoría está en los viejos partidos opositores —<br />
que creyeron hacer del movimiento femenino cosa propia que<br />
debía responder a sus directivas e insinuaciones.<br />
Mis “muchachas” se portaron magníficamente cuidando<br />
la independencia de criterio y de acción.<br />
En eso me di cuenta de que mis largas conversaciones<br />
con aquel grupo inicial habían sido bien aprendidas.<br />
Y que el movimiento femenino en su actividad política<br />
nacía bien y empezaba a marchar solo.<br />
Hoy, en todo el país, miles y miles de mujeres trabajan<br />
activamente en la organización.<br />
Con la plenipotencia que me otorgó la Primera<br />
Asamblea Nacional, yo puedo dirigir libremente todos los<br />
trabajos de la organización.<br />
Eso me cuesta muchas horas de paciente trabajo, de<br />
reuniones, de conversaciones personales con las delegadas<br />
censistas, algunos disgustos, muchas dificultades pero&#8230; todo se<br />
compensa con la alegría que tengo cuando, en las fechas<br />
nuestras, puede llegar al Líder con mis mujeres para darle<br />
cuenta de nuestros progresos y de nuestras victorias.<br />
Los centros políticos del partido femenino se llaman<br />
“unidades básicas”.<br />
En esto hemos querido imitar a los hombres.<br />
Pero mucho me temo que nuestras unidades básicas<br />
estén más cerca de lo que Perón soñó que fueran cuando las<br />
aconsejó como elementos fundamentales de la organización<br />
política de los hombres.<br />
El General quiso que los hombres de su partido político<br />
no constituyesen ya los antiguos y desprestigiados “comités”<br />
que, en las organizaciones políticas oligárquicas que soportó el<br />
país, eran antros del vicio que cada elección abría en todos los<br />
barrios y en todos los pueblos.<br />
Perón quiso que los nuestros — los centros políticos del<br />
peronismo — fuesen focos de cultura y de acción útil para los<br />
argentinos.<br />
Mis centros, mis unidades básicas cumplen aquel deseo<br />
de Perón.<br />
En las unidades se organizan bibliotecas, se dan<br />
conferencias culturales, y sin que yo lo haya establecido<br />
expresamente pronto se han convertido en centros de ayuda y<br />
de acción social.<br />
Los “descamisados” no distinguen todavía lo que es la<br />
organización política que yo presido de lo que es mi<br />
Fundación&#8230;<br />
Las unidades básicas son para ellos algo de “Evita”. Y<br />
allí van buscando lo que esperan que pueda darles Evita.<br />
Ellos mismos, mis descamisados, son los que han creado<br />
en mis unidades básicas una nueva función: informar a la<br />
Fundación acerca de las necesidades de los humildes de todo el<br />
país. La Fundación atiende estos pedidos haciéndoles llegar<br />
directamente su ayuda.<br />
Esto me ha sido duramente criticado. Mis eternos<br />
supercríticos consideran que así yo utilizo mi Fundación con<br />
finalidades políticas&#8230;<br />
¡Y&#8230; tal vez tengan razón! Lo que al final aparece como<br />
consecuencia de mi trabajo es de repercusión política&#8230; la gente<br />
ve, en mi obra, la mano de Perón que llega hasta el último<br />
rincón de mi Patria&#8230; y eso no les puede gustar a sus enemigos&#8230;<br />
Pero&#8230; ¿puedo yo desoír el clamor de los humildes,<br />
cualquiera sea el conducto por el cual me llegue?<br />
Si alguna vez los partidos que se oponen a Perón me<br />
enviasen algún pedido de algún descamisado también la<br />
Fundación acudiría allí donde fuese necesario.<br />
¿Acaso alguna vez la Fundación ha preguntado el<br />
nombre, la raza, la religión y el partido de alguien para<br />
ayudarlo?<br />
Pero estoy segura que ningún oligarca me hará jamás un<br />
pedido semejante.<br />
¡Ellos no nacieron para pedir&#8230;!<br />
¡Y menos para pedir por el dolor de los humildes&#8230;!<br />
Para ellos eso es melodrama&#8230; melodrama de la<br />
“chusma” que ellos despreciaron “desde sus balcones” con el<br />
insulto que es nuestra gloria: “¡descamisados!”.</p>
<p><strong>LIV: NO IMPORTAN QUE LADREN</strong></p>
<p>No importa que ladren.<br />
Cada vez que ellos ladran nosotros triunfamos.<br />
¡Lo malo sería que nos aplaudiesen! En esto muchas<br />
veces se ve todavía que algunos de los nuestros conservan<br />
viejos prejuicios.<br />
Suelen decir por ejemplo:<br />
— ¡Hasta la “oposición” estuvo de acuerdo!<br />
No se dan cuenta de que aquí, en nuestro país, decir<br />
“oposición” significa todavía decir “oligarquía”&#8230; Y eso vale<br />
como si dijésemos “enemigos del pueblo”.<br />
Si ellos están de acuerdo, ¡cuidado!, con eso no debe<br />
estar de acuerdo el pueblo.<br />
Desearía que cada peronista se grabase este concepto en<br />
lo más íntimo del alma; porque eso es fundamental para el<br />
movimiento.<br />
¡Nada de la oligarquía puede ser bueno!<br />
No digo que puede haber algún “oligarca” que haga<br />
alguna cosa buena&#8230; Es difícil que eso ocurra, pero si ocurriera<br />
creo que sería por equivocación. ¡Convendría avisarle que se<br />
está haciendo peronista!<br />
Y conste que cuando hablo de oligarquía me refiero a<br />
todos los que en 1946 se opusieron a Perón: conservadores,<br />
radicales, socialistas y comunistas. Todos votaron por la<br />
Argentina del viejo régimen oligárquico, entregador y<br />
vendepatria.<br />
De ese pecado no se redimirán jamás.<br />
Mucha gente del extranjero no entiende a veces que<br />
Perón sea tan absoluto en su decisión irrevocable de trabajar<br />
con su propio partido y que ataque siempre y aun a veces<br />
duramente a sus adversarios.<br />
Acostumbrados a la política de “colaboración” (?) que<br />
en otros países es casi una costumbre, no se entiende nuestra<br />
división rotunda y terminante.<br />
Muchos ignoran cuántas veces Perón invitó a sus<br />
enemigos a colaborar honradamente.<br />
Yo sé que los llamó sinceramente.<br />
Pero yo también sé que los llamó sin ninguna esperanza.<br />
El los conoce antes que yo y aun más que yo.<br />
Son incapaces para la generosidad. No piensan más que<br />
en sí mismos.<br />
La Patria para ellos fué siempre un nombre ¡el nombre<br />
de una mercadería que se vende al que pague más!<br />
Por eso el General gobierna como si ellos no existiesen.<br />
Si se acuerda de ellos y los ataca es solamente para que el<br />
pueblo no se olvide que siempre son los mismos que en 1946 se<br />
entregaron a un embajador extranjero.<br />
Por suerte para los argentinos pertenecen a una raza de<br />
hombres que se acabará en este siglo&#8230; con la generación que<br />
ellos componen.<br />
¡No los querrán recordar ni siquiera sus hijos!</p>
<p><strong>LV: LAS MUJERES Y LA ACCIÓN</strong></p>
<p>Yo creo firmemente que la mujer — al revés de lo que<br />
es opinión común entre los hombres — vive mejor en la acción<br />
que en la inactividad.<br />
Lo veo todos los días en mi trabajo de acción política y<br />
de acción social.<br />
La razón en muy simple: el hombre puede vivir<br />
exclusivamente para sí mismo. La mujer no.<br />
Si una mujer vive para sí misma, yo creo que no es<br />
mujer o no puede decirse que viva&#8230; Por eso le tengo miedo a la<br />
“masculinización” de las mujeres.<br />
Cuando llegan a eso, entonces se hacen egoístas aun más<br />
que los hombres, porque las mujeres llevamos las cosas más a la<br />
tremenda que los hombres.<br />
Un hombre de acción es el que triunfa sobre los demás.<br />
Una mujer de acción es la que triunfa para los demás&#8230; ¿no es<br />
ésta una gran diferencia?<br />
La felicidad de una mujer no es su felicidad sino la de<br />
otros.<br />
Por eso cuando yo pensé en mi movimiento femenino no<br />
quise sacar a la mujer de lo que es tan suyo. En política, los<br />
hombres buscan su propio triunfo.<br />
Las mujeres, si hiciesen eso, dejarían de ser mujeres.<br />
Yo he querido que, en el partido femenino, las mujeres<br />
no se buscasen a sí mismas&#8230;, que allí mismo sirviesen a los<br />
demás en alguna forma fraternal y generosa.<br />
El problema de la mujer es siempre en todas partes el<br />
hondo y fundamental problema del hogar.<br />
Es su gran destino. Su irremediable destino.<br />
Necesita tener un hogar, cuando no pueda construirlo<br />
con su carne lo hará con su alma ¡o no es mujer!<br />
Bueno, por eso mismo yo he querido que mi partido sea<br />
un hogar&#8230; que cada unidad básica sea algo así como una<br />
familia&#8230; con sus grandes amores y sus pequeñas desavenencias,<br />
con su fecundidad excelsa y su laboriosidad interminable.<br />
Sé que en muchas partes lo he conseguido ya.<br />
¡Sobre todo donde las mujeres que he designado son<br />
más mujeres&#8230;!</p>
<p>Más que una acción política, el movimiento femenino<br />
tiene que desenvolver una acción social. ¡Precisamente porque<br />
la acción social es algo que las mujeres llevamos en la sangre!<br />
Servir a otros es nuestro destino y nuestra vocación y<br />
eso es acción social&#8230;<br />
No aquello otro de “vida social”&#8230; ¡que eso es todo lo<br />
contrario de la acción&#8230;!</p>
<p><strong>LVI: LA VIDA SOCIAL</strong></p>
<p>Puedo decir dos palabras sobre la “vida social”?<br />
¡Peores cosas he dicho ya en mi vida!<br />
Creo, como que hay sol, que la “vida social”, así como<br />
la sociedad aristocrática y burguesa que la vive son dos cosas<br />
que se van&#8230; ¡Este siglo acabará con ellas!<br />
Nunca entendí a las mujeres de esa clase de vivir vacío y<br />
fácil&#8230; ni creo que ellas entiendan jamás lo que es otra clase de<br />
vida.<br />
Ellas pertenecen a otra raza de mujeres. Decir que se<br />
acercan a los hombres sería un insulto que los hombres no se<br />
merecen.<br />
El hombre y la mujer, aun siendo distintos, viven para<br />
algo&#8230; Tienen un objetivo en sus vidas y, a su manera, cada uno<br />
lo cumple como mejor le parece.<br />
La “mujer de sociedad” no es así, porque la vida social<br />
no tiene objetivos&#8230; Llena de apariencias, de pequeñeces, de<br />
mediocridades y de mentiras, todo consiste en representar bien<br />
un papel tonto y ridículo.<br />
En el teatro, por lo menos, se representa algo que existió<br />
alguna vez&#8230; o que puede existir. En el teatro, el artista sabe que<br />
es alguien&#8230; En la vida social, las mujeres son artistas<br />
representando ¿qué?, ¡nada, absolutamente nada! Nunca envidié<br />
ni quise a “esa” clase de artistas.<br />
Pero las comprendo: lo que ocurre es muy fácil de<br />
entender. Es muy difícil llenar una vida cuando no se tiene un<br />
objetivo. Entonces hay que acortar los días y las noches con ese<br />
conjunto de cosas menores y sin importancia que componen la<br />
“vida social”.<br />
Y una vez que se acostumbran a eso todo lo demás les<br />
parece incluso ridículo y extravagante.<br />
¡A los gorriones les debe parecer así el vuelo de los<br />
cóndores!<br />
A esa clase de mujeres no se les puede hablar de nada<br />
más grande y distinto. El hogar es, para ellas, lo secundario: el<br />
sacrificio de todo eso que es la “vida social” con sus fiestas y<br />
sus reuniones, el bridge, el hipódromo, etc. Es como si hubiesen<br />
nacido para todas estas cosas y no para servir de puente a la<br />
humanidad. No saben que la humanidad pasa de un siglo a otro<br />
a través de nuestro cuerpo y de nuestra alma, y que para eso es<br />
necesario que nosotras construyamos cada una un hogar.<br />
¡Ah, no! Eso ellas no lo entienden.<br />
Tampoco entienden el dolor de los humildes.<br />
Cuando les llega alguna noticia de ese gran dolor<br />
humano, suelen lagrimear un poco&#8230; ¡pero el lagrimeo termina<br />
en una fiesta de beneficencia! Esta clase de mujeres sabe, sin<br />
embargo, en lo íntimo de su corazón, que esa vida que viven no<br />
es real&#8230; ¡No es la verdadera vida!<br />
Dicen que en la “vida social” se aprecia la cultura de un<br />
pueblo. Yo me rebelo y me indigno ante esa afirmación<br />
estúpida.<br />
Sí, yo sé que es muy de gente “bien” decirse culta&#8230; y es<br />
muy de “buena sociedad” recibir en su seno a intelectuales,<br />
pensadores, escritores, poetas, artistas, etc.<br />
Esta es una función hospitalaria, protectora y atrayente&#8230;<br />
y es muy comprensible que los intelectuales se sientan atraídos<br />
y halagados por el lujo material y las atenciones de la “buena<br />
sociedad”.<br />
No se dan cuenta que por lo general ellos representan<br />
allí un papel tonto y ridículo: son “animadores” de una pieza<br />
teatral que en sí misma no tiene recursos para divertir a nadie.<br />
Y en eso reside la cultura de la “vida social”.</p>
<p><strong>LVII: LA MUJER QUE NO FUE ELOGIADA</strong></p>
<p>Por eso tal vez, escritores y poetas han hablado mucho<br />
de las mujeres bellas y elegantes&#8230; y han cantado a la mujer<br />
viendo solamente a esa clase de mujeres cuya femineidad es<br />
discutible.<br />
A esa “mujer” han visto solamente. Por eso escritores y<br />
poetas no han dicho la auténtica verdad acerca de la mujer.<br />
La mujer no es eso. No es vacía, ligera, superficial y<br />
vanidosa. No es lo que ellos han escrito: egoísta, fatal y<br />
romántica.<br />
No. No es como ellos la pintaron: charlatana y<br />
envidiosa.<br />
Ellos la vieron así porque no supieron ver nunca a la<br />
mujer auténtica que, por ser precisamente auténtica, se refugia<br />
silenciosa en los hogares del pueblo, donde la humanidad se<br />
hace eterna.<br />
Esa mujer no ha sido aclamada por los intelectuales.<br />
No tiene historia. No ofrece recepciones. No juega al<br />
bridge.<br />
No fuma. No va al hipódromo.<br />
Es la heroína que nadie conoce. Ni siquiera su marido.<br />
¡Ni siquiera sus hijos!<br />
De ella no se dirá nunca nada elegante, nada ingenioso.<br />
A lo sumo, después de muerta, sus hijos dirán:<br />
— Ahora nos damos cuenta de lo que ella era para<br />
nosotros.<br />
Y ese lamento tardío será su único elogio.<br />
Por eso he querido decir todas esas cosas. Así, yo le<br />
rindo mi homenaje ¡el mejor homenaje de mi corazón! a la<br />
mujer auténtica que vive en el pueblo y que va creando, todos<br />
los días, un poco de pueblo.<br />
Es ella la que constituye el gran objetivo de mis afanes.<br />
Yo sé que ella, solamente ella, tiene en sus manos el<br />
porvenir del pueblo. No será tanto en las escuelas sino en los<br />
hogares donde se ha de formar la nueva humanidad que quiere<br />
el Justicialismo de Perón.<br />
Por eso me preocupa que la mujer auténtica del pueblo<br />
se capacite en todo sentido&#8230; porque la escuela es como esos<br />
talleres que pintan cuadros en serie&#8230; pero el hogar es un taller<br />
de artista donde cada cuadro es un poco de su alma y de su vida.<br />
Allí se forman los hombres y mujeres excepcionales.<br />
La nueva edad justicialista que nosotros iniciamos<br />
necesita muchos hombres y mujeres así.<br />
Y por más esfuerzos que hagamos no los podremos<br />
ofrecer a la humanidad si no los crean, para nosotros, mujeres<br />
del auténtico pueblo, enamoradas de la causa de Perón; pero<br />
fervorosamente instruídas y capacitadas.<br />
Por eso mismo yo creo que vale más capacitar, instruir y<br />
educar a una mujer que a un hombre. ¡Ha llegado el momento<br />
de dar más jerarquía al milagro por el cual todos los días las<br />
mujeres creamos en cierto modo el destino del mundo!<br />
Y con más razón ahora, que los hombres han perdido la<br />
fe&#8230; Nosotras nunca perdemos la fe. Y bien sabemos que,<br />
cuando todo se pierde, todo puede salvarse si se conserva un<br />
poco, aunque sea un poco de fe.</p>
<p><strong>LVIII: COMO CUALQUIER OTRA MUJER</strong></p>
<p>Lo que quise decir todo está dicho ya.<br />
Soy nada más que una humilde mujer de un pueblo<br />
grande&#8230; ¡como son todos los pueblos de la tierra!<br />
Una mujer como hay millones y millones en el mundo.<br />
Dios me eligió a mí de entre tantas y me puso en este lugar,<br />
junto al Líder de un nuevo mundo: Perón.<br />
¿Por qué fuí yo la elegida y no otra?<br />
No lo sé.<br />
Pero lo que hice y lo que hago es lo que hubiese hecho<br />
en mi lugar cualquiera de las infinitas mujeres que en este<br />
pueblo nuestro o en cualquier pueblo del mundo saben cumplir<br />
su destino de mujer, silenciosamente, en la fecunda soledad de<br />
los hogares.<br />
Yo me siento nada más que la humilde representante de<br />
todas las mujeres del pueblo.<br />
Me siento, como ellas, al frente de un hogar, mucho más<br />
grande es cierto que el que ellas han creado, pero al fin de<br />
cuentas hogar: el gran hogar venturoso de esta Patria mía que<br />
conduce Perón hacia sus más altos destinos.<br />
¡Gracias a él, el “hogar” que al principio fué pobre y<br />
desmantelado, es ahora justo, libre y soberano!<br />
¡Todo lo hizo él!<br />
Sus manos maravillosas convirtieron cada esperanza de<br />
nuestro pueblo en un millar de realidades.<br />
Ahora vivimos felices, con esa felicidad de los hogares,<br />
salpicada de trabajos y aun de amarguras&#8230; que son algo así<br />
como el marco de la felicidad.<br />
En este gran hogar de la Patria yo soy lo que una mujer<br />
en cualquiera de los infinitos hogares de mi pueblo.<br />
Como ella soy al fin de cuentas mujer.<br />
Me gustan las mismas cosas que a ella: joyas y pieles,<br />
vestidos y zapatos&#8230; pero, como ella, prefiero que todos, en la<br />
casa, estén mejor que yo. Como ella, como todas ellas, quisiera<br />
ser libre para pasear y divertirme&#8230; pero me atan, como a ellas,<br />
los deberes de la casa que nadie tiene obligación de cumplir en<br />
mi lugar.<br />
Como todas ellas me levanto temprano pensando en mi<br />
marido y en mis hijos&#8230; y pensando en ellos me paso andando<br />
todo el día y una buena parte de la noche&#8230; Cuando me acuesto,<br />
cansada, se me van los sueños en proyectos maravillosos y trato<br />
de dormirme “antes que se me rompa el cántaro”.<br />
Como todas ellas me despierto sobresaltada por el ruido<br />
más insignificante porque, como todas ellas, yo también tengo<br />
miedo&#8230;<br />
Como ellas me gusta aparecer siempre sonriente y<br />
atractiva ante mi marido y ante mis hijos, siempre serena y<br />
fuerte para infundirles fe y esperanza&#8230; y como a ellas, a mí<br />
también a veces me vencen los obstáculos ¡y como ellas, me<br />
encierro a llorar y lloro!<br />
Como todas ellas prefiero a los hijos más pequeños y<br />
más débiles&#8230; y quiero más a los que menos tienen&#8230;<br />
Como para todas las mujeres de todos los hogares de mi<br />
pueblo mis días jubilosos son aquellos en que todos los hijos<br />
rodean al jefe de la casa, cariñosos y alegres.<br />
Como ellas, yo sé lo que los hijos de esta casa grande<br />
que es la Patria necesitan de mí y de mi marido&#8230; y trato de<br />
hacer que lo consigan.<br />
Me gusta, como a ellas, preparar sorpresas agradables y<br />
gozarme después con la sorpresa de mi esposo y de mis hijos&#8230;<br />
Como ellas, oculto mis disgustos y mis contrariedades, y<br />
muchas veces aparezco alegre y feliz ante los míos cubriendo<br />
con una sonrisa y con mis palabras las penas que sangran en mi<br />
corazón.<br />
Oigo como ellas, como todas las madres de todos los<br />
hogares de mi pueblo, los consejos de las visitas y de los<br />
amigos: “Pero ¿por qué se toma las cosas tan en serio?”. “¡No<br />
se preocupe tanto!”. “Diviértase un poco más. ¿Para qué quiere<br />
sino tantas cosas bonitas que tienen sus guardarropas?”.<br />
Es que como a ellas a mí también me gusta más lucirme<br />
ante los míos que ante los extraños&#8230; y por eso me pongo mis<br />
mejores adornos para atender a los descamisados.<br />
Muchas veces pienso, como ellas, salir de vacaciones,<br />
viajar, conocer el mundo&#8230; pero en la puerta de casa me detiene<br />
un pensamiento: “Si yo me voy ¿quién hará mi trabajo?”. ¡Y me<br />
quedo!<br />
¡Es que me siento verdaderamente madre de mi pueblo!<br />
Y creo honradamente que lo soy.<br />
¿Acaso no sufro con él? ¿Acaso no gozo con sus<br />
alegrías? ¿Acaso no me duele su dolor? ¿Acaso no se levanta<br />
mi sangre cuando lo insultan o cuando lo denigran?<br />
Mis amores son sus amores.<br />
Por eso ahora lo quiero a Perón de una manera distinta,<br />
como no lo quise antes: antes lo quise por él mismo&#8230; ¡ahora lo<br />
quiero también porque mi pueblo lo quiere!<br />
Por todo eso, porque me siento una de las tantas mujeres<br />
que en el pueblo construyen la felicidad de sus hogares, y<br />
porque yo he alcanzado esa felicidad, la quiero para todas y<br />
cada una de aquellas mujeres de mi pueblo&#8230;<br />
Quiero que sean tan felices en el hogar de ellas como yo<br />
lo soy en este hogar mío tan grande que es mi Patria.<br />
Quiero que cuando el destino vuelva a elegir mujer para<br />
esta cumbre del hogar nacional, cualquier mujer de mi pueblo<br />
puede cumplir, mejor que yo, esta misión que yo cumplo lo<br />
mejor que puedo.<br />
Quiero hacer hasta el último día de mi vida la gran tarea<br />
de abrir horizontes y caminos a mis descamisados, a mis<br />
obreros, a mis mujeres&#8230;<br />
Yo sé que, como cualquier mujer del pueblo, tengo más<br />
fuerzas de las que aparento tener y más salud de la que creen los<br />
médicos que tengo.<br />
Como ella, como todas ellas, yo estoy dispuesta a seguir<br />
luchando para que en mi gran hogar sea siempre feliz.<br />
¡No aspiro a ningún honor que no sea esa felicidad!<br />
Esa es mi vocación y mi destino.<br />
Esa es mi misión.<br />
Como una mujer cualquiera de mi pueblo quiero<br />
cumplirla bien y hasta el fin.<br />
Tal vez un día, cuando yo me vaya definitivamente,<br />
alguien dirá de mi lo que muchos hijos suelen decir, en el<br />
pueblo, de sus madres cuando se van, también definitivamente:<br />
— ¡Ahora recién nos damos cuenta que nos amaba<br />
tanto!</p>
<p><strong>LIX: NO ME ARREPIENTO</strong></p>
<p>Creo que ya he escrito demasiado.<br />
Yo solamente quería explicarme y pienso que tal vez no<br />
lo haya conseguido sino a medias.<br />
Pero seguir escribiendo sería inútil. Quien no me haya<br />
comprendido hasta aquí, quien no me haya “sentido”, no me<br />
sentirá ya aun cuando siguiera estos apuntes por mil páginas<br />
más.<br />
Aquí veo ahora a mi lado verdaderas pilas de papel<br />
fatigado por mi letra grande&#8230; y creo que ha llegado el momento<br />
de terminar.<br />
Leo las primeras páginas&#8230; y voy repasando todo lo que<br />
he escrito.<br />
Sé que muchas cosas tal vez no debiera haberlas dicho&#8230;<br />
Si alguna vez se leen por curiosidad histórica no me harán estas<br />
páginas un favor muy grande: la gente dirá por ejemplo que fuí<br />
demasiado cruel con los enemigos de Perón.<br />
Pero&#8230; no he escrito esto para la historia.<br />
Todo ha sido hecho para este presente extraordinario y<br />
maravilloso que me toca vivir: para mi pueblo y para todas las<br />
almas del mundo que sientan, de cerca o de lejos, que está por<br />
llegar un día nuevo para la humanidad: el día del Justicialismo.<br />
Yo solamente he querido anunciarlo con mis buenas o<br />
malas palabras&#8230; con las mismas palabras con que lo anuncio<br />
todos los días a los hombres y a las mujeres de mi propio<br />
pueblo.<br />
No me arrepiento por ninguna de las palabras que he<br />
escrito. ¡Tendrían que borrarse primero en el alma de mi pueblo<br />
que me las oyó tantas veces y que por eso me brindó su cariño<br />
inigualable!<br />
¡Un cariño que vale más que mi vida!</p>
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