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	<title>Disciplina del arcano &#8211; KontraInfo</title>
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		<title>Redes sociales y &#8216;conspiración&#8217; &#8211; Por Juan Manuel de Prada</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Aug 2024 03:49:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna de Juan Manuel de Prada]]></category>
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		<category><![CDATA[Disciplina del arcano]]></category>
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<p><strong>Redes sociales y &#8216;conspiración&#8217;</strong><br />
<em><strong>Por Juan Manuel de Prada</strong></em></p>
<p>Algunos jóvenes que se me presentan como grandes admiradores me aseguran que mis artículos, divulgados por sus canales de telegram o guasap, «hacen mucho bien a la gente»; categoría demasiado difusa de la que yo, desde luego, quedo excluido, pues pirateando mis artículos logran sobre todo que menos gente pague por leerlos, de modo que a mí me paguen menos por escribirlos (hasta que dejen de pagarme y yo deje de escribirlos). Cuando me refiero con desdén a sus canales de telegram o guasap, estos jóvenes me reprochan mi vituperio de las redes sociales; pues, a su juicio, «para actuar políticamente, hay que dar la batalla cultural desde las redes sociales, que son la gran palestra política de nuestro tiempo». Estos jóvenes tan admiradores acaban exasperándome siempre.</p>
<p>Las redes sociales nunca han sido una palestra de actuación política (salvo, por supuesto, para los poderes sistémicos que las inventaron y se las entregaron a la &#8216;gente&#8217;, a modo de caramelito envenenado). Las llamadas &#8216;primaveras árabes&#8217;, que se publicitaron como movimientos nacidos en las incipientes redes sociales, fueron en realidad azuzadas por los servicios secretos yanquis e israelíes. Y desde aquellas &#8216;primaveras árabes&#8217; los poderes sistémicos han refinado sus instrumentos para pastorear las redes sociales, neutralizando cualquier amenaza que de ellas pudiera surgir, admitiendo la &#8216;disidencia controlada&#8217; y favoreciendo los antagonismos que propician &#8216;burbujas de aislamiento&#8217;. Las redes sociales no son más que un instrumento para detectar y reprimir cualquier forma de disidencia verdaderamente subversiva.</p>
<p>Pero los poderes sistémicos, muy astutamente, han desplazado a las redes sociales el debate político, haciendo creer a la &#8216;gente&#8217; que sus opiniones (casi siempre pataleos inanes) son verdaderos &#8216;acontecimientos&#8217; donde se libran las guerras de influencia. Es una idea grotesca, pues los poderes sistémicos jamás van a permitir que un medio nacido para el control social se revuelva contra ellos; pero, inevitablemente, la vanidad y las ansias de protagonismo de la &#8216;gente&#8217; infunden estas convicciones mentecatas. No negaré que desde las redes sociales se puedan abrir brechas que desorienten momentáneamente a los poderes sistémicos, desvelando sus mentiras y trampantojos; pero a cambio se convierten en un escaparate que permite monitorear y desactivar al auténtico disidente, recluyéndolo en un gueto donde los aplausos de sus fieles lo distraen de su irrelevancia (en las redes sociales, la crítica queda siempre reducida a un mero bucle de retroalimentación), o bien estigmatizándolo ante la chusma lacaya, que así puede desprestigiarlo y lincharlo orgiásticamente. Exponerse en las redes sociales es tanto como delatarse en vano a cambio de casi nada.</p>
<p>Ahora hacen mucho ruido, aquende y allende el Atlántico, muchos adalides de la derechita valiente que desde las redes sociales exhortan a los cristianos a la batalla cultural contra la &#8216;degeneración woke&#8217; (aunque, por supuesto, sin atreverse a mencionar quiénes financian y promueven toda esa &#8216;degeneración&#8217;, tal vez porque son los mismos que los financian y promueven a ellos). Pero el combate político no se hace desde los púlpitos vociferantes e inanes de las redes sociales; y quienes de verdad quieran librarlo tendrán que adoptar necesariamente la disciplina del arcano, como hicieron los primeros cristianos. Todas las grandes &#8216;revoluciones&#8217; (utilizo la palabra en un sentido puramente etimológico) se lograron a través de un puñado de acérrimas amistades, como la que Cristo mantuvo con sus discípulos. Una amistad que a veces se escondía y encerraba «por miedo a los judíos»; y que otras veces se brindaba discretamente, para sumar a la causa a quien mostraba curiosidad o inquietud por la verdad. Sólo de esta disciplina del arcano pueden brotar el coraje y la determinación para no transigir ante las normas del mundo; quienes se desgañitan en las redes sociales acaban siempre asumiendo las premisas del enemigo.</p>
<p>Para luchar contra la &#8216;degeneración woke&#8217; no hay que plantear ridículas &#8216;batallas culturales&#8217; en las que se oculta quiénes financian y promueven tal degeneración, como pretenden los machotes de la derechita valiente. Contra la &#8216;degeneración woke&#8217;, como contra los poderes sistémicos en general, hay que &#8216;conspirar&#8217;. Y aquí utilizo de nuevo la palabra en un sentido etimológico: el prefijo &#8216;con&#8217;, que significa «todos juntos»; y el verbo &#8216;spirare&#8217;, exhalar aire del cuerpo. Los &#8216;conspiradores&#8217; tienen que respirar al unísono el mismo aire al margen de los cauces sistémicos, tienen que brindarse calor e infundirse bríos con su propia respiración compartida, tienen que crear una auténtica comunidad que despierte la curiosidad y el anhelo de quienes, por haberse entregado a la degeneración, se han entregado también a la esterilidad, la infelicidad y la desesperación.</p>
<p>Los &#8216;conspiradores&#8217; tienen que generar un alma compartida, para lo que deberán saltarse las identidades establecidas que convienen a los poderes sistémicos. La principal baza de los poderes sistémicos es la dispersión de las fuerzas adversas; y para triunfar necesitan asegurar su separación estanca: izquierdas y derechas, blancos y negros, cristianos y musulmanes, mujeres y hombres, viejos y jóvenes, etcétera. Nos quieren aislados, subidos a nuestros campanarios de las redes sociales, para tenernos controlados. Contra esta cizaña cibernética, debemos acogernos a la disciplina del arcano y &#8216;conspirar&#8217;, conspirar sin descanso, tan unidos espiritualmente que provoquemos la envidia del enemigo degenerado, cuya alma expoliada acabará suspirando nostálgica por la &#8216;vida nueva&#8217; que le ofrecemos.</p>
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