La lucha, la vida y el pensamiento del General Perón para iluminar el tiempo que nos toca vivir.  

Hasta que un día, no tengan más remedio que entregar el gobierno al pueblo. Ese día reuniremos a todos los dispersos en un solo y formidable movimiento y marcharemos de la mano hacia un futuro de felicidad y bienestar. Sin resentimientos y sin rencores, todo el pueblo unido para siempre. Nosotros demostramos que se puede vencer a la Oligarquía. Y cómo se debe hacer para vencerla. Además hemos dejado las estructuras para destruirla. No han podido “desmantelar” esas estructuras.

Sin resentimientos y sin rencores, todo el pueblo unido para siempre. Nosotros demostramos que se puede vencer a la Oligarquía. Y cómo se debe hacer para vencerla. Además hemos dejado las estructuras para destruirla. No han podido “desmantelar” esas estructuras.

Pero las van a atacar y demonizar. Para ello tenemos los hombres y las mujeres, las doctrinas y encima la razón. Están perdidos y ellos lo saben. Por eso es que se desesperan con sólo oír nuestro nombre. Y es en esa desesperación que cometen las mayores torpezas. Atropellan al pueblo. Persiguen a la juventud. A los trabajadores. En fin, cometen más y más errores con el tiempo. Unos para tratar de arreglar los anteriores. Y así se hace la “cadena”.

Están terminados. Y lo saben. Ya falta poco. Es el fin. Así será amigo. Yo tal vez no esté con ustedes, pero Ustedes sí estarán para verlo.

Estén seguros. No creo que yo viva mucho más. Estoy ya viejo y ni siquiera lo pretendo. Pero una cosa puedo garantizarle, el futuro es del Movimiento Nacional.

Aunque nos derriben mil veces, mil veces volveremos.

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Al éxito se llega por el sacrificio y al sacrificio se lo enfrenta con una causa noble  que se quiere servir. Debemos trabajar con realidades y no con ilusiones.

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El Justicialismo necesita apóstoles y para ser apóstol hay que estar dispuesto a ser héroe y solamente los fanáticos de amor por una causa son capaces de morir por un ideal.

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No a todos convenzo y no es para menos. Un conocido aristócrata europeo, que era además embajador de un país de origen ante nosotros, se permitió un día calificarme de “roñoso”, porque yo marchaba del lado de los obreros. Me invitó a almorzar. Yo me puse mi traje de general, me puse las condecoraciones recibidas que no cabían en mi pecho y coloqué los sobrantes hasta en los pantalones. Me fui a la comida en un automóvil “cadillac”, con un chofer vestido de librea, cuando llegué le di la mano al portero, antes que al dueño de casa. Es que para mí existen dos clases de hombres: los que se sirven a sí mismos y los que sirven a los demás.

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Hace dos mil años que el justicialismo ya era justicialismo. Lo que pasa es que nadie le llevaba el apunte, ni le hacía caso. Pongamos en ejecución lo que hace dos mil años enseño Cristo al mundo…. La fuerza del Padre Eterno-suele bromear el general-reside en que casi nunca aparece y si lo hace, se considera algo excepcional. Si viéramos todos los días al Hacedor Supremo, no faltarían imbéciles que quisieran reemplazarlo y algunos de nosotros, incluso, le perderíamos el respeto.                      

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Hemos de llevar a la universidad obrera a nuestros muchachos pobres, porque entre ellos, estoy pensando hay más inteligencia y más corazón. He recordado una vez, y la ocasión se presta para rememorarlo, una frase de los viejos políticos – hay que educar al soberano- nunca pasó de ser una doble mentira, desde que jamás pensaron ellos que el pueblo fuese verdaderamente soberano y tampoco se preocuparon nunca de su educación, acaso porque sabían demasiado bien que educarlos, significaba mostrarle peligrosamente los caminos de la soberanía.

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Fuente: www.historiadelperonismo.com/pensamientos

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