La historia del hombre y la tecnología (I)

Ricardo Vicente López

Hace ya unos cuantos años, siendo muy joven, leí un libro cuyo título era Evolución y revolución, publicado en 1880, su autor Eliseo Reclus (1830-1905), geógrafo francés, miembro anarquista de la Primera Internacional; creador de la Geografía social. Había llegado a mis manos por la recomendación de un tío, obrero tabacalero, que me trasmitía el ideario del autor. Por primera vez, según recuerdo, esas dos palabras se cruzaban en mi cabeza, dejando huellas que todavía conservo. El recuerdo me llevó a buscar ese libro en el cual leo estas frases:

«Cada transformación de la materia, cada realización de una idea es, durante el periodo mismo del cambio, rechazada por la inercia del medio, y el fenómeno nuevo no puede culminar si no es con un esfuerzo tanto más violento o por una fuerza tanto más poderosa cuanto mayor es la resistencia… Se puede decir que la evolución y la revolución son los dos actos sucesivos de un mismo fenómeno, la evolución precede a la revolución, y esta precede a una nueva evolución, madre de revoluciones futuras. ¿Puede hacerse un cambio sin provocar repentinos cambios de equilibrio en la vida? ¿No debe la revolución suceder necesariamente a la evolución, al igual que el acto sucede a la voluntad de actuar? La una y la otra sólo difieren en la época de su aparición».

Más tarde, ya en la Universidad, supe que había sucedido, milenios atrás, algo similar a lo que Reclus postulaba: una Revolución neolítico. Este fenómeno se originó en la Mesopotamia del Oriente Medio (territorio que se encuentra entre los ríos Tigris y Éufrates, en el Irak actual) hace más de 9000 años.

Unos once mil años más tarde, en el siglo XVIII, se produjo en Inglaterra un cambio en los métodos de producción al que se lo denominó la Revolución Industrial. Este suceso abrió nuevos caminos a la historia del hombre, y alteró el orden social hasta ese entonces vigente, con sus más y sus menos, dando lugar produciendo un cambio muy importante que consolidó la primacía de Europa sobre las poblaciones periféricas. Lo que originó esa nueva etapa fue la introducción en el taller manufacturero de nuevas técnicas que utilizaron las fuerzas naturales, potenciando el incremento de la producción: se inició la Era industrial. Todo ello lo hemos podido leer en libros o ver en películas.

En la década de los setenta, del siglo pasado, fueron apareciendo una serie de novedades tecnológicas que combinaron la informática (Conjunto de conocimientos científicos y técnicas que hacen posible el tratamiento automático de la información por medio de computadoras), la cibernética  (Ciencia que estudia las analogías entre los sistemas de control y comunicación de los seres vivos y los de las máquinas) y la robótica (Técnica que aplica la informática al diseño y el empleo de aparatos que, en sustitución de personas, realizan operaciones o trabajos, por lo general en instalaciones industriales). Las definiciones son del Diccionario de la Real Academia Española.

Lo que cambió para todos nosotros, los habitantes actuales del planeta, es que esta vez hemos sido testigos-espectadores de estas novedades; salvo para aquellos especialistas que fueron actores directos de todo ello. Se habló entonces de una Tercera Revolución que se la denominó Inteligente. Dice wikipedia:

La revolución científico-tecnológica o revolución de la inteligencia (RCT), es un concepto esbozado por Jeremy Rifkin[1] y avalado por el Parlamento Europeo, en una declaración formal aprobada en junio de 2006.​ A lo largo de la historia, las transformaciones económicas ocurren cuando convergen las nuevas tecnologías de la comunicación con los nuevos sistemas de energía. Las nuevas formas de comunicación se convierten en el medio de organización y gestión que las civilizaciones más complejas han hecho posible mediante las nuevas fuentes de energía. La conjunción de la tecnología de comunicación de Internet y las energías renovables en el siglo XXI está dando lugar a la llamada Tercera Revolución Industrial.

Apoyándome en una caracterización que hizo el escritor, filósofo y profesor de universidad italiano, Umberto Eco (1932-2016), en un libro cuyo título generó mucha polémica, Apocalípticos e integrados (1968) quiero describir las actitudes de muchas personas ante el advenimiento de esta nueva revolución. Catalogando, con mucha arbitrariedad e injusticia, diría que unos sintieron que se había arribado a un tiempo de destrucción de la civilización moderna por la invasión de las  máquinas: el Apocalipsis; otros recibieron alborozados las novedades, con un espíritu sumiso y acrítico, auguraron la emancipación definitiva del hombre: los integrados. Es evidente que, a medio siglo de ello, ni unos ni otros tenían toda la razón, y que el resultado fue un poco de cada una de esas apreciaciones. Como dijo el poeta: «Todo es según el color del cristal con que se mira».

Los párrafos anteriores pueden ser tomados como una introducción para pensar en qué mundo estamos, con la mayor claridad y profundidad que podamos, para metabolizar en nuestras mentes el enorme caudal de información que recibimos. La cantidad adquiere dimensiones suprahumanas, muy difícil de ser procesadas para la mayoría de los ciudadanos de a pie, razón por la cual somos arrastrados por el oleaje, sin lograr hacer pie en medio de las turbulencias. Es tal la cantidad y tanta la velocidad que ha adquirido que nos resulta muy difícil aproximarnos a una primera comprensión de todo lo que está sucediendo.

Sin embargo, sospecho que además de lo ya escrito se me deben escapar unas cuantas cosas que no me parecen inocentes, porque intuyo que hay alguna intención extraña que busca producir confusión en cada uno de nosotros. Que pueden responder a intereses difíciles de confesar, que se benefician con nuestras dificultades; y esto también quiero compartirlo con Ud. amigo lector. Aunque no descarto que lo expuesto tampoco sea claro para muchos de los operarios de los procedimientos informacionales. No sería extraño que la mayor claridad esté en manos de sólo unos pocos.

Soy consciente de que pensar de este modo pueda parecerle un delirio paranoico, o el resultado de tantas lecturas o de películas de ciencia ficción. Espero que Ud. no tenga razón. Por ello me veo obligado a avanzar en el análisis de algunas cosas que hace tiempo están sucediendo, cuyas fuentes, sorprendentemente, aparecen publicadas en medios públicos. Por lo tanto, no espere encontrar una ingeniosa investigación arqueológica ni un agudo descubrimiento insospechable. Las cosas que necesito mostrarle, para avanzar en algo que podría parecerse a una denuncia, las he leído en la prensa cotidiana y, hasta es probable que Ud. ya las haya leído. Entonces lo que le propongo es: volvamos a compartirlas con una actitud similar a la del famoso Sherlock Holmes, es decir una conciencia que se alimenta de la sospecha. Le propongo, entonces, compartir algunas informaciones que fueron publicadas en medios de comunicación y repensar sobre ello.

Comienzo por una nota publicada en www.pagina12.com.ar el 22-1-13, cuyo título fue Un presidente con mucha data[2]. Su autor Mariano Blejman, es uno de los principales referentes periodísticos en la experimentación con proyectos sustentados en bases de datos. Fue uno de los organizadores del encuentro “Reiniciando el periodismo”, con la presencia de expositores internacionales de The Guardian, ProPublica, The Associated Press y especialistas locales. La nota, en síntesis, dice lo siguiente:

El análisis de las redes sociales y comportamientos en línea de los votantes le permitió al equipo de Barack Obama comprender y actuar sobre las elecciones de una manera impensada. El Big data[3] llegó para explotarse. Ayer, frente a la Casa Blanca, se oficializó públicamente la primera victoria electoral del análisis de grandes volúmenes de datos. O sea, fue la primera victoria electoral del Big data. La campaña de Barack Obama tuvo detrás una ingeniería jamás vista de conexión entre la información de los posibles votantes publicada en Internet, los perfiles de acceso, las posibilidades de encontrar aportantes, metodología que sólo pertenecía a grandes corporaciones dedicadas a las finanzas. El análisis de grandes volúmenes de información le permitió al equipo de campaña de Obama detectar rápidamente personalidades influyentes en las redes sociales (Facebook, Twitter, Google+, LinkedIn) y hacer campañas sobre estos perfiles para que influyan en los sectores donde los números estaban bajos, o enviar correos electrónicos diferenciados según posibilidades de colaborar con la campaña y hasta el mismo día de las elecciones, llamar por teléfono a las  casas de los votantes que todavía no habían votado.

Estos detalles, y muchos otros, que lamentablemente no pueden ser revelados por pedido expreso del autor, fueron contados por Harper Reed, jefe tecnológico de la campaña de Obama, en el encuentro News Foo[4] en Phoenix al que asistió este cronista en noviembre pasado. Reed contó cómo combinaban información de evolución de las votaciones, y cómo se podía predecir unos días antes que la victoria iba a ser para Obama.

El crecimiento de la cantidad de información disponible en Internet se ha acelerado en los últimos tres años de forma exponencial. Según un estudio de EMC[5], mientras en 2010 había disponibles 1227 Exabytes (miles de millones de Gigas), en 2015 habrá 8591 Exabytes y en 2020 habrá disponibles 40 mil Exabytes… El 68 por ciento de la información del universo digital es generada y usada por los mismos consumidores, en redes sociales, enviando imágenes y videos, entre dispositivos móviles… Tal evolución de los datos está generando una oportunidad para empresas, organizaciones, redacciones que están cambiando la forma de acceder a las noticias, a información sensible, a campañas de marketing y a las redes sociales.

Yo le hablaba, amigo lector, de la conciencia que puedan, o no, tener del problema los que se mueven en ese medio. Alejandro Girardotti, gerente de gestión de producto para América Latina de Level3 Communications, compañía multinacional estadounidense de telecomunicaciones y proveedor de servicios de Internet. No ve ninguna dificultad en el manejo de toda esa información, salvo:

“El problema es el volumen de la información a guardar, los formatos de las bases de datos, que no haya cuellos de botella, tratar de que las aplicaciones de big data que requieren almacenamiento no se vean con cuello de botella”.

Es decir: la manipulación de la voluntad de los electores, realizadas con su total desconocimiento, no es un tema que le merezca algún reparo moral. Sólo se trata de temas técnicos y de posibilidades del manejo de cantidades. El Big Data, monstruo informático que nos recuerda a Multivac, la famosa computadora de los cuentos de ciencia ficción de Isaac Asimov[6] (1920-1992), es nada más que un instrumento neutral, muy eficiente para el manejo de grandes cantidades de información. Cómo se obtiene la información y qué se está violando, si es lícito manipular la voluntad de los ciudadanos, son preguntas que un técnico parece no formularse. Vea Ud. que su preocupación fundamental es la siguiente:

Una cuestión de segundos es capaz de hacer la diferencia, es decir, pueden determinar la permanencia y preferencia de los usuarios por marcas y productos. Los análisis indican que en 1999, se toleraba hasta 8 segundos para la carga completa de una página web. Actualmente, esa tolerancia no llega a los 2 segundos. Diversas investigaciones efectuadas con jugadores clave del mercado realizadas por el Aberdeen Group, indican que el impacto directo de la lentitud en la entrega de contenidos define los negocios.

La diferencia en la tolerancia es de 6 segundos. ¿Se entiende la lógica que exhibe este especialista? Esos 6 segundos ¿cambian todo? ¿Esa es toda la preocupación por lo que hacen? ¿De qué está hablando? Amigo lector, perdóneme mi cinismo: es como si el delincuente que tiene un arma en la mano y va a disparar, ¿el problema a plantearse fuera el calibre del arma o la velocidad de la bala? Bueno, así piensan los informáticos. El problema reside en la formación que han recibido: lo fundamental es la técnica. (Continuará)

Notas:

[1] Sociólogo, economista, escritor, orador, asesor político y activista estadounidense; investiga el impacto de los cambios científicos y tecnológicos en la economía, la fuerza de trabajo, la sociedad y el medio ambiente.

[2] La nota completa puede consultarse en www.pagina12.com.ar/diario/cdigital/31-212316-2013-01-23.htm

[3] Big data es la base de datos para la creación de nuevos niveles de valor para el negocio. Con aplicaciones, almacenamiento y análisis integrados, Big data fomenta la eficiencia, la calidad y los productos y servicios personalizados, lo que produce niveles más altos de experiencia y satisfacción del cliente.

[4] News Foo es una reunión de 150 relevantes profesionales y pensadores del mundo del periodismo, la tecnología y las políticas públicas que están repensando el futuro de las noticias.

[5] EMC, siglas que corresponden al inglés Electromagnetic Compatibility (compatibilidad electromagnética), disciplina de Ingeniería electrónica.

[6] Isaac Asimov– fue un escritor y bioquímico ruso, nacionalizado estadounidense, conocido por ser un excepcional y prolífico autor de obras de ciencia ficción, historia y divulgación científica.

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