La crisis nuclear de Kim Jong-un y Donald Trump. Las amenazas de Trump

Mel Gurtov *

El escenario internacional es muy rico para recoger experiencias políticas. Para nuestro caso la posibilidad de una crisis nuclear, que probablemente no llegará a mayores, debe servirnos para estudiar el manejo de la política exterior de los EEUU en manos de un empresario. El estilo amenazante para imponer su voluntad puede dar resultado entre hombre de negocios, pero está lejos de ser útil en el campo diplomático.

El problema con la declaración amenazando “fuego y furia” a Corea del Norte de Donald Trump no es simplemente que crispa una situación ya tensa. Tampoco es meramente otro ejemplo del lenguaje inapropiado, infantil, de Trump cuando se enfrenta a un problema complejo.

Lo más preocupante es que no parece tener la menor idea del efecto de sus palabras en la política internacional del mundo real. Tratar de superar a los norcoreanos en la escalada de amenazas puede darle a Trump la falsa sensación de que él los está conteniendo, ya que cree – como resultado de su experiencia empresarial- que las amenazas funcionan. Pero no tiene idea de cómo se reciben sus amenazas en Pyongyang, por no mencionar en Seúl, Tokio, Pekín y otras capitales. El lenguaje de Trump no ayuda en absoluto a encauzar el tema nuclear hacia el diálogo, pero contribuye y mucho a envenenar las relaciones con Corea del Norte y a reforzar la opinión generalizada de que el presidente de los EEUU es inestable y propenso a acciones violentas.

En el pasado Trump ha dicho que atacar Corea del Norte más pronto que tarde es la mejor manera de resolver la cuestión nuclear. Bill Clinton, ya en 1994, adoptó la posición contraria al rechazar un ataque contra las instalaciones nucleares de Corea del Norte en Yongbyon y en su lugar se comprometió con un Acuerdo Marco con Pyongyang que impidiese la guerra. ¿Trump mantiene todavía esa posición? Numerosos especialistas y la propia dirección del Departamento de Defensa de Trump, han llegado a la conclusión de que una guerra sería catastrófica, con un millón de muertes inmediatas y unos costes económicos de alrededor de 1 billón de dólares. Huelga decir que los coreanos norte y el sur, los japoneses y los chinos pagarían el precio más alto de tal locura.

Pero Trump, con su bien conocida ignorancia acerca de las armas nucleares, parece felizmente ignorante de tales asuntos. Él prefiere hablar de “noticias falsas”, de los ataques de sus críticos, mentir acerca de sus logros, y seguir defendiendo una agenda interna que lleva a ninguna parte. Las armas nucleares, la historia de Corea, las motivaciones de Corea del Norte, y el arte de la diplomacia están fuera de su área de interés, y decir que no aprende rápido es ser demasiado educado.

El Secretario de Estado Rex Tillerson respondió a las preguntas sobre la última amenaza de Trump diciendo: “Los estadounidenses deben dormir bien por la noche”, descartando la amenaza como “retórica”. Dado el redoble de los tambores de guerra de los medios de comunicación en relación con los misiles de Corea del Norte, dudo que muchos estadounidenses bien informados duerman bien. Dudo que los líderes militares de Estados Unidos en particular, estén durmiendo bien; tienen a un comandante en jefe impredecible e inexperto que podría dar la orden de atacar Corea del Norte. Y con toda seguridad los surcoreanos y los japoneses no están durmiendo bien. Una retórica bélica del presidente de Estados Unidos nunca puede despreciarse.

En una palabra, el presidente Trump es un verso suelto, una seria amenaza para la seguridad nacional e internacional.

* Mel Gurtov  – Profesor Emérito de Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de Portland, Editor en Jefe de Perspectiva Asiática, Revista de asuntos internacionales trimestral y mantiene el blog En el Interés humano.

Fuente: www.counterpunch.org/2017/08/11

 

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