Black power – pero de un negro que todavía es presente e intenso

Por Martín Rodríguez *

Moyano puede ser la imagen de un tiempo pasado. Lo difícil para Cambiemos es entender su vigencia actual. Por ello la Marcha del 21F no entra es su mundo ideológico y cree que con ningunearla alcanza.

¿Por qué Moyano no puede salir de escena? El caso de un sindicalista que se les plantó a todos. La zoncera más genial de la política argentina es la de quienes aún anuncian la llegada del siglo 21. Muchos peronistas caen en esa. En realidad, esa “modernidad” anunciada arrastra la promesa de un siglo más “liviano”: hay que aligerar el peso de los derechos, flexibilizar las relaciones laborales, ir a discutir solo con el gerente de recursos humanos mi aumento, mis vacaciones. Libertad es individuación. Todo gremio es fascista. Javier Yankelevich, un empleado del sector privado con una de las miradas más agudas sobre la cosa pública que circulan en la red, tuiteó el 21 mientras la tarde sindical se consumía: “Los macristas te quieren vender ese modelo de trabajador libre, que gana más por productividad y que las paritarias son fascistas, amigos: para siquiera pensar en discutir eso la inflación debería ser del 5 %”.

Tarde liviana de sol: Moyano volvió porque lo volvieron a ubicar ahí, entró en una ambulancia, lo acompañaba su hijo Pablo, Gustavo Vera y su abogado.

Lo entrevisté tres veces en mi vida. Tuve la impresión de una persona distante, de hablar pausado, con la velocidad de la luz para entender la política, cero hedonista, más bien cómodo en su vida y su evangelismo. Moyano no es un peronista folclórico, aunque su oficina tiene la clásica colección de fetiches sindicales, futboleros y familiares. Hay una seriedad incaica en su silencio y su perfil. Piensa las preguntas, a veces pide que se las repitan, las vuelve a pensar, y puede llevar la voz hacia el susurro. El 99% del periodismo habla de la opacidad de su vida, de las cuentas sindicales, casas y campos. Le quisieron vaciar la plaza, lo operaron. Moyano garantizó su postal: una multitud verde, el piso de 70 mil almas con que asegura el éxito cada vez que “mueve”. En medio de su demonización prefiero mirar un aspecto insoslayable de la tarde del 21: ¿por qué Moyano no puede salir de escena? ¿Lo quiso, no lo dejan?

Si el peronismo tiene aún tres cerebros los tres se equivocaron. ¿Cuáles? Cristina, Moyano y Pichetto. Cristina subestimó el riesgo (hasta personal) de que Cambiemos ganara. Moyano subestimó la naturaleza ideológica de Cambiemos, que incluye el costado vengativo del “tano” Macri. Pichetto sobreestimó su colaboracionismo como oferta electoral. Cambiemos no viene a “matar políticamente al peronismo”, sino a cambiar la estructura que aún lo hace posible.

¿Qué dice la “opinión pública” de Moyano? Ya sabemos: el sindicalismo nunca elaboró su relación con la sociedad civil. Actuó gozoso muchas veces la caracterización estigmatizante que se hizo de él. ¿Podrían las encuestas decir otra cosa que el masivo rechazo a ese sector? El gerente de una Pyme dedicada al packaging de huevos y frutas me cuenta los detalles de una conversación con el dueño de la empresa (un europeo que mantiene su empresa como una más de sus muchas inversiones globales). Viene una vez al año. Recorre. Come. Baila, va a algún piringundín. La pasa bomba. Se aloja en Puerto Madero. Y se va. Acepta las condiciones de la conducción local de la empresa, confía en nuestros paisanos, “¿es lo mejor?”, les pregunta ante una decisión a tomarse, sí, le dicen, “¡hacelo!”, remata. Alguna vez pide una explicación política más detallada ante ciertos “detalles” (paros, cortes, tomas de fábricas) y dice “esto en el mundo ya está solucionado”. Este caballero del aire tiene un mundo en su cabeza de países donde el triunfo del capital sobre el trabajo fue definitivo… (Aunque 14 días de huelga “acompañaron” la reforma laboral de Macron, ergo: el mundo es el mundo que te cuentan.).

A los argentinos nos atraen las excepciones. Incluso para odiarlas. ¿Pero qué es un país sino un conjunto de excepciones? El volumen sindical argentino sigue siendo alto, de los más altos. ¿Eso hace que el mercado laboral sea universalmente mejor? No, sino que haya páramos de beneficiarios importantes. Un país con 12.079.103 trabajadores registrados considerando asalariados, autónomos, monotributistas y personal de casas de familia; y de ese total, las cifras el ministerio de trabajo del año pasado señala a 6.197.131 en el sector privado y 3.136.127 en la administración pública. De ese universo cerca del 40% se encuentran sindicalizados (porcentaje de afiliaciones que incluye capas medias profesionales). En el gremio de Camioneros, a ojo, calculan alcanzar alrededor de 200 mil personas entre afiliados directos y beneficiarios. Moyano expresa la “aristocracia obrera” que se resiste a morir, una memoria de clase pero una memoria de poder.

La gran poeta Juana Bignozzi (comunista finísima) decía de él: “Moyano es la clase, porque Moyano para el país”. La plaza del 21 de febrero mostró un poder. Un poder más de una Argentina en la que este gobierno reconoce poderes en el campo, la policía, la justicia, los bancos, los medios, y así. Hugo: ¿todo es círculo rojo menos vos? El 21F consagró a Moyano como el mayor dirigente sindical, el que se les plantó a todos: a Menem, De la Rúa, Duhalde, Néstor, Cristina y Macri. Lo sufrieron y tentaron. Representa lo irreductible: el viejo poder sindical. Un poder al que fortaleció como pocos y que lo volvió a subir a la plaza justo en su retiro, la plaza que no lo suelta. Porque Moyano quiso despedirse, dejar un “armado”, un triunvirato, sus hijos. Y ahí está. Más viejo y cifrando en lo relativo de las victorias y lo transitorio de las derrotas su sino eterno: ser irremplazable. ¿Quiso irse? ¿O sólo jugó a dejar su vacío?

Moyano creyó posible un acuerdo final, su pasaje al fútbol como nueva identidad, porque tal vez no midió tanto esa naturaleza ideológica de Cambiemos: que lo que él representa está en el corazón del problema. Donde termina el trato personal empieza la estructura. Un vicio sindical: creer que todo se resuelve en una mesa redonda. El politólogo Pablo Touzon se refirió al cambio y la “chilenización” de este gobierno: “el fin del poder morocho, del black power, con sus luces y sombras, luchas y traiciones”. “Un proceso suave de ‘chilenización’ elitista, anti plebeya.” Un país en donde los pobres podrán ser a lo sumo beneficiarios pero jamás protagonistas ni parte del sistema de decisiones. Un país donde los que gobiernan pueden ser más de derecha o izquierda pero jamás pobres. Es necesario mirar un aspecto: el intento de un pasaje del poder a nuevas elites, no de la profesionalización de la clase política, sino algo más de fondo. Una encuesta anual del INADI arrojó que en el mapa de la discriminación argentina el colectivo siempre más discriminado no está en la orientación sexual ni en la fe religiosa sino en la clase social. Los pobres.

El imperio sindical creado por Perón es el de un sindicalismo que se hizo poderoso al precio menor de mutilar su “clasismo”. El insoportable peso de la “participación” en el poder marcó el siglo 20 pagando muchos precios (con sangre). Y a eso se suma el dato de una primera alianza que se dio “por abajo”: la relación de la CGT con los movimientos sociales, algo que no ocurrió tanto en tiempos de aquella crisis (salvo el MTA). Una CGT que se movilizó en 2016 para reclamar una ley (la “Ley de emergencia social”) en la que no estaban incluidos sus propios representados. Una CGT que dijo: también la clase es el otro.

Los amantes de la modernidad imaginan que Moyano es el pasado, y tal vez lo sea pero también porque Moyano hace hablar al pasado: aloja un relato de la clase obrera con su gloria, su poder, sus hoteles, su desmesura, su camisa blanca. Al decir de la socióloga Paula Abal Medina: Moyano es el último que habla no desde la resistencia sino desde la grandeza de esa clase. Ahora, pueden seguir leyendo su lapidación en casi todos los medios.

* Martín Rodríguez (1978) – Periodista; Escritor, con varios libros de poesía publicados. Trabaja en la radio pública. Colabora en Le Monde Diplomatique, diario Miradas al Sur y en www.lapoliticaonline.

Fuente: www.lapoliticaonline.com – 24-2-18

 

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